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Todos los andaluces son animales (aunque Andalucía no sea zoópolis)

La campaña #NoSeasAnimal, lanzada por el Instituto Andaluz de la Mujer, es un despropósito político. No solo es especista y criminaliza, degrada, estigmatiza e insulta a animales de otras especies

No solo contribuye a invisibilizar la naturaleza machista del problema, camuflando con máscaras injustas a los agentes del acoso: unos hombres a quienes ni se nombra

Además, y para colmo, es una voz en off de hombre la que habla en primera persona de los acosos que sufrimos las mujeres

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Campaña #NoSeasAnimal del Instituto Andaluz de la Mujer, Junta de Andalucía

Campaña #NoSeasAnimal del Instituto Andaluz de la Mujer, Junta de Andalucía

El próximo martes 23 de enero  presentaremos en Barcelona el libro titulado Manifiesto animalista, publicado por Reservoir Books, sello del importante grupo editorial Penguin Random House. En este breve ensayo (que puede resultar revelador y útil para quienes se acercan a esta causa, aunque discutible e insuficiente para los iniciados), su autora, la filósofa francesa Corine Pelluchon, apela a la necesidad de politizar la causa animalista para que el movimiento por la abolición de la explotación animal siga unas pautas y plazos similares a los que siguió en el siglo XIX el proceso de abolición de la esclavitud humana en los Estados Unidos. Pelluchon apela a un nuevo humanismo que denomina “edad de lo viviente” y que plantea como “un proyecto de reconstrucción social y democrática”, alejado del capitalismo y que ha de incluir necesariamente la cuestión animal.

Por su parte, el próximo lunes 29 de enero, la prestigiosa editorial Errata Naturae publicará el que es considerado como uno de los títulos más relevantes sobre teoría política contemporánea: Zoópolis, una revolución animalista. Sus autoras, las filósofas Sue Donaldson y Will Kymlicka, partiendo de la consideración de igualdad, autonomía y prosperidad para todos los seres sintientes y con intereses propios, plantean un nuevo modelo integral de las relaciones entre animales humanos y no humanos, modelo que conformaría una nueva comunidad, regida por un concepto compartido de justicia. Como recuerdan Donaldson y Kymlicka, el término 'zóopolis' fue acuñado en 1998 por  Jennifer Wolch (decana de la Universidad de Diseño Ambiental en la Universidad de Berkeley, California) para describir una ética medioambiental urbana que abarca una visión integral de la comunidad animal, humana y no humana.

Ambos títulos vienen a sumarse al combate contra el especismo que inspira al movimiento en defensa de los otros animales, especismo que supone una discriminación de los individuos por razón de su especie y que es moralmente equiparable a la discriminación racista de los negros por el color de su piel o a la discriminación machista de las mujeres por razón de su sexo. Toda teoría política rigurosa no se permite en la actualidad obviar ninguna de estas cuestiones, e incluso la Real Academia de la Lengua ha incorporado recientemente el término  especismo en su diccionario.

Mientras tanto, en la Junta de Andalucía…

La Junta de Andalucía se ha visto impulsada a lanzar una campaña contra el acoso callejero a las mujeres, identificando el piropo como una forma de ese acoso. Parece una campaña necesaria en una sociedad que, importunándolas (que diría Catherine Millet) verbalmente, “normaliza el papel de las mujeres como objeto sexual”, tal como justifica la propia Junta. Una cultura donde los hombres se desgañitan gritando “guapa, guapa y guapa” al paso de una talla de madera ha naturalizado esa forma de violencia por la que las mujeres de carne y hueso no pueden dar dos pasos sin que esos hombres invadan su espacio personal o se refieran a sus pechos, a sus piernas, a sus ojos o a sus culos. Es un acoso que se camufla en el hecho de ser una agresión de baja intensidad (no te violan, como le gustaría a la Millet), así como un presunto y gracioso halago. Sexista, claro. Había que pararles los pies.

La idea era buena. Solo había que desarrollarla con un vídeo muy creativo. Así que la Junta de Andalucía, a través del Instituto Andaluz de la Mujer, se lo encargó a un creativo muy creativo. Que la destrozó.  #NoSeasAnimal fue el lema que se le ocurrió, pues lo consideró ideal para un hashtag (a pesar de que, por cierto, ya había sido utilizado en varias campañas igualmente desenfocadas). Y en el vídeo, mujeres que son acosadas en calles muy andaluzas por unos tíos que han dejado de ser esos hombres con jeta babosa y mirada rijosa que, a plena luz del día, legitimados, impunes, sin caretas, nos acosan en la realidad. Los hombres que acosan a las mujeres en el vídeo llevan unas máscaras (muy cutres, además) de distintos animales no humanos: un gallo, un pulpo, un búho, un buitre, un cerdo… “Ayúdanos a que la fauna callejera se extinga”, proclama el Instituto Andaluz de la Mujer.

“No pone el foco en el verdadero culpable de estas situaciones, el patriarcado. Ni el gallo dice piropos a unos metros de distancia, ni el cerdo grita barbaridades, ni el buitre está al acecho, ni el pulpo toca sin permiso cada vez que puede, ni el búho te intimida con la mirada. Son hombres maltratadores los que lo hacen y es a ellos a quienes esta campaña debería señalar”, resume Anabel Martín, coportavoz de la red Equo Derechos para los Animales. Con Equo Andalucía Verdes han pedido formalmente la retirada de la campaña #NoSeasAnimal.

No parece que el creativo tan creativo pagado por la Junta de Andalucía conozca la teoría política animalista a la que he hecho referencia, ni mucho menos el concepto de zoópolis. De hecho, parece ignorar que él mismo, como todos los andaluces, es un animal. Pero es posible que se haya inspirado en la campaña feminista francesa  #BalanceTonPorc (#DelataATuCerdo), igualmente desenfocada y criminalizadora de unos animales que, lejos de ser los culpables de la violencia contra las mujeres, son ellos mismos víctimas de una violencia extrema y que debe también ser enmarcada en un sistema (capitalista, patriarcal) de explotación de los más vulnerables. Cuando las feministas francesas lanzaron esa campaña e hice notar en redes la discriminación en la que incurre, algunas destacadas feministas españolas se negaron explícitamente a reconocer este grave error de planteamiento: no podemos combatir una discriminación apoyándonos en otra; no podemos aspirar al fin de una opresión ejerciendo la dominación sobre otros sujetos vulnerables; no podemos obviar la interseccionalidad de las violencias y la transversalidad de nuestras luchas. Resulta decepcionante que algunas de esas destacadas feministas no se hayan sumado a las voces animalistas y ecofeministas contra la vergonzosa campaña #NoSeasAnimal.

La campaña #NoSeasAnimal es un despropósito político. No solo ignora que todos los humanos somos animales, incluidos los andaluces. No solo es especista y criminaliza, degrada, estigmatiza e insulta a animales de otras especies. No solo juega con el peligro de extinción que sufren algunos de esos animales, como el búho real, incluido en el  Listado Andaluz de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial de la propia Junta de Andalucía. No solo contribuye a invisibilizar la naturaleza machista del problema, camuflando con máscaras injustas a los verdaderos agentes del acoso, unos hombres a quienes ni siquiera se nombra. Además, y para colmo, en el vídeo es una voz en off de hombre la que habla en primera persona de los acosos que sufrimos las mujeres. Que se ponga una voz masculina hablando en nombre de las mujeres es como pintar de negro a un concejal blanco para que haga de Baltasar en la cabalgata de Reyes. Que lo haga el Instituto Andaluz de la Mujer es para exigir responsabilidades.

Es una obviedad que Andalucía no es zoópolis. Pero que su Gobierno esté tan lejos de los nuevos marcos de relación, comunidad, ciudadanía y discusión política, es de enmienda a la totalidad. No puedo sino recomendar a esos cargos públicos las lecturas antes mencionadas. Porque necesitan claves para la reconstrucción social. Porque deben saber que tal reconstrucción se plantea feminista y antiespecista. Por ir cambiando de era.

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