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Ni república ni monarquía, proceso constituyente

Felipe no trae consigo nada que lo legitime democráticamente más que prolongar la ilegitimidad de Juan Carlos, aceptado en su día por la fuerza del miedo al Ejército

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Repiten la jugada, estamos contemplando una operación política semejante a la Transición. La continuación del franquismo sin más no era una posibilidad real, las posibilidades reales eran dos: Ruptura con el Régimen y un proceso constituyente en libertad o bien Reforma, una evolución democrática del estado bajo la tutela del Ejército y EE.UU. controlada por el sucesor del Generalísimo. Dada la correlación de fuerzas entre antifranquistas y franquistas, triunfó la Reforma y, a cambio de aceptar el pasado y la herencia franquista, se legalizaron sindicatos, asociaciones y partidos y se redactó una constitución con los límites que señaló la Junta de Jefes de Estado Mayor. El cambio político no afectó en lo más mínimo a la estructura de la propiedad y del capital, aunque el dinero llegado de la Unión Europea dio alegría a la economía e hizo que olvidásemos esos pequeños detalles.

El truco funcionó bien, la sociedad española tras la cirugía y remodelación efectuada por el Régimen no estaba para mucho más,  ahora se trata de repetir algo parecido. Que la estructura del estado y el régimen político siga igual no es una posibilidad real, la que sí es posible y está realizándose es una remodelación del régimen político conducida desde dentro de un modo firme por los poderes que realmente deciden hoy.  Lo que no parece posible ahora, no sabemos dentro de un año o dos, es que triunfe otra vía verdaderamente democrática: un nuevo proceso constituyente en el que se puedan debatir y pactar nuevos acuerdos de convivencia. No se trata solamente de Monarquía o República, están rotos los pactos nacionales y la constitución está completamente vaciada de garantías para la ciudadanía.

Pero se nos corona un príncipe ante nuestros ojos y algo habrá que decir. Antes de nada, que las ceremonias de coronación en si mismas nacen ya envueltas en represión antidemocrática: la prohibición de manifestaciones republicanas es un verdadero delito contra la libertad de expresión por parte del Gobierno que debe ser denunciado.  Deseamos que nadie sea molestado por manifestar sus simpatías republicanas y tememos que el Gobierno detenga y procese (es que también son dueños de la justicia) a los mejores ciudadanos, aquellos que se arriesgan para defender la libertad para todos. Lo tememos porque vivimos bajo un Gobierno que tiene encerrados a presos políticos, sindicalistas y activistas democráticos. Esto es terrible, pero es literalmente cierto en la España de Rajoy.

Naturalmente, tenemos que señalar lo evidente que el reinado de Felipe nace sin otra legitimidad que la de ser hijo, varón, de su padre y esa legitimidad la tienen millones de ciudadanos. Sobre todo si tenemos en cuenta que desde Miguel Servet sabemos que todas las sangres son rojas. Por otro lado, estos días pasados se nos recordó cuidadosamente que tanto Juan Carlos como Felipe mandarán sobre el Ejército, una anomalía espeluznante en un país con la historia que tiene. Eso es incompatible con un estado democrático, no se trata pues de una monarquía parlamentaria sin más, sino de una monarquía con ejército que tutela y tolera la vida civil de sus súbditos. Lo ridículo de la ostentación de ese poder militar es presentarnos a una niña de ocho años que será jefa de las tropas. Ni la ciudadanía ni esa niña merecen eso.

Sin embargo, igual que hay personas honradas y de ejemplaridad ciudadana que se tienen por republicanas también hay personas así que se tienen por monárquicas. No hay una superioridad moral, y tampoco intelectual, entre unas y otras; hay personas muy capaces, sensatas y buenas que son partidarias de una y de otra institución política. Es una evidencia. Igual que no tiene sentido, o simplemente no es decente, que los voceros de la caverna insulten y difamen a los republicanos tampoco tiene sentido ni es honrado intelectualmente desdeñar el buen juicio de los partidarios de esta monarquía o de las monarquías en general. Creo que es un debate imposible e inútil, del mismo modo que lo es discutir por tener o no una creencia o creencias religiosas en general.

Cada sociedad tiene su historia y hay países donde la monarquía proporciona seguridad y tranquilidad a una parte considerable de la sociedad, la conciencia de tener un cierto hogar en la historia y en el mundo. Los reyes son el símbolo de una comunidad a la que sienten pertenecer y también la idea de una casa paterna o materna. Es algo a respetar y a tener muy en cuenta pues los seres humanos tenemos ese tipo de necesidades sicológicas, y digo necesidades.

Se puede decir que cuando la monarquía es querida por una población que, por causas históricas, se identifica con ella resulta una institución beneficiosa para esa comunidad. Aporta un beneficio que es tanto espiritual o sicológico como finalmente social y económico.  En ese caso lo que parece una opción irracional, la monarquía, puede ser algo muy racional e incluso conveniente. No por ser monárquico se es malo o se está loco.

Otra cosa es la Corona española, fue impuesta en 1975 y la población lo sabe. Tanto el antifranquismo como el conjunto de la población tomaron lo que se les daba sin otra opción. No invoquen a los Borbones y a Alfonso XIII o don Juan, esta monarquía es hija del miedo y de nadie más. Felipe no trae consigo nada que lo legitime democráticamente más que prolongar la ilegitimidad de Juan Carlos, aceptado en su día por la fuerza del miedo al Ejército. Para vestirlo de méritos, ya que no de legitimidad, sus partidarios invocan astutamente que va a ser la solución a los problemas del Estado y la sociedad. Es el colmo de lo antidemocrático y de la abyección cortesana: ¿no era que el Rey reinaba pero no gobernaba? ¿Va a gobernar Felipe entonces? ¿Será el responsable de lo que ocurre con la economía, de autorizar o no la votación catalana, etc.?

Sea mucha o poca gente, la reclamación de refundar la democracia, cuestionando a los dos grandes partidos, la política económica y las instituciones tal como hoy son, ya es pública. Ya ha sido verbalizada y ahora es nuestra, de todos. Incluso quienes pretenden que todo siga igual saben que no quedará más remedio que debatirlo. En ese escenario, Felipe no podrá reinar sin que la ciudadanía lo haya decidido así.


Aprovecho para desmentir una información que circula según la cual doy apoyo a alguna candidatura a la secretaría del PSOE. Se trata de un error humano, ni siquiera fui consultado acerca de un proceso interno al que veo con gran distancia.

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