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El saqueo de Telemadrid

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Ya han consumado el expolio. Telemadrid es historia.  Desde el sábado cientos de compañeros, muchos queridos compañeros, han ido recibiendo un frío burofax en el que la dirección de la cadena les comunica su despido. Así irán cayendo 861.  ¿Pero cómo se ha llegado a esta situación?

Desde que Telemadrid nació para los espectadores el 2 de mayo de 1989, el “canalillo” –como se le conocía entonces- rompió un modelo de televisión que Televisión Española tenía como patrimonio. La ortodoxia, seriedad y conservadurismo se fue a pique. La frescura y cercanía con las que se contaban las noticias, la realización de sus informativos, así como la juventud de sus presentadores y reporteros de Telemadrid dirigidos por Fermín Bocos, calaron de inmediato entre los espectadores madrileños hasta el punto de llegar a convertirse en una televisión que las demás cadenas trataron de imitar.  Telemadrid no hacía fichajes –económicamente no podía permitírselo- de modo que sus “estrellas” eran los propios periodistas de la redacción.  Así nacieron y crecieron profesionalmente, y en diferentes etapas, Hilario Pino, Alipio Gutiérrez, Inmaculada Galván, Isabel Prinz, Marta Robles, Rafael Luque, Juan Pedro Valentín, Francine Gálvez, Roberto Brasero, y hasta Ana Blanco, entre muchos, y que hoy ocupan la primera línea de otras televisiones. Incluso el humilde firmante de este artículo formó parte de aquella época dorada.

Si me permite el lector que por un momento abra el archivo de la vanidad, me siento muy orgulloso de haber comenzado en Telemadrid como redactor y haber sido el único en llegar a ser director de informativos tras pasar por diferentes etapas como presentador, editor o director de Onda Madrid.  Tuve el honor de liderar las máximas audiencias de Telenoticias, recibir el premio de la Academia de Televisión por la retransmisión de la manifestaciones  contra la Guerra de Iraq y, entre más cosas, haber dirigido y presentado los programas más vistos de toda la historia de Telemadrid: la llegada a Madrid de la Séptima Copa de Europa, la cobertura de la comisión de investigación del Caso Tamayo o la primicia televisiva del enlace de los Príncipes de Asturias.

Pero sobre todo, tuve el gran privilegio de trabajar con grandes profesionales, cada uno en su ámbito.  Todo lo citado, y mucho más, como las informaciones sobre el hundimiento del Prestige, se hizo sin cortapisas y con el único objetivo que servir a los madrileños y al periodismo a pesar de las críticas y presiones que, en numerosas ocasiones, recibimos del entorno del gobierno que, entonces, presidía Aznar.

Los tres directores generales que llevaron las riendas de Telemadrid en la época de  Gallardón en la presidencia de la Comunidad –Juan Ruiz de Gauna, Silvio González y mi estimado Francisco Giménez-Alemán- realizaron sus respectivas gestiones desde la pulcritud económica y periodística. Los tres tenían como objetivo la reducción de la deuda, sanear las cuentas y reducir las subvenciones.  De ninguno de ellos recibí consigna alguna. Bueno, sí. Francisco Giménez-Alemán me dio una instrucción en algún momento delicado: “Somos periodistas. Comportémonos como tales y contemos las cosas como son.”  Los tres directores generales citados, y aunque cada uno tenía su método de gestión, los tres, sin excepción, tenían un punto en común: dejar hacer a los profesionales.

Pero en noviembre de 2003, cuando Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid, todo se quebró. Su objetivo respecto a Telemadrid fue laminar a una plantilla que consideraba hostil y para ello, de la mano de su jefe de prensa de toda la vida, Manuel Soriano, y de un jefe de informativos militante, Agustín de Grado, no dudó en aniquilar a los periodistas fundadores e incrementar una plantilla, sobre todo en informativos, que le fuera afín. Con una redacción paralela y una programación volcada en beneficio de productoras amigas –como se ha publicado- se han gastado durante estos años dineros y recursos que han concluido con muchos bolsillos llenos, una audiencia por los suelos y una economía arruinada.

Desde entonces han dilapidado la audiencia. Cuando llegaron se encontraron con una televisión que en 2003 cerró con el 17,1% share. La cuota de pantalla en 2012 cerró en el 5,3%. Han perdido  casi 12 puntos. Las diferentes direcciones, para justificarse, utilizaron un falso argumento: el panorama televisivo ha cambiado y hay más cadenas. Esto que cuentan es una falacia y una manipulación de la realidad. En su línea, por otra parte. En efecto, las audiencias de todas las cadenas autonómicas han bajado, pero todas se han mantenido con unos porcentajes estables incluso muchas de ellas por encima del 11%, llegando incluso al 14% como es el caso de TV3.

El hundimiento de Telemadrid no se debe, por tanto,  a la fragmentación del mercado sino a una gestión denunciable y negligente.  Se han aprovechado de Telemadrid en todos los sentidos. Las productoras amigas –como también se ha publicado en diferentes medios- se lo han llevado crudo  con la permisividad, cuando no con la complicidad, de directivos y políticos. Se han contratado programas basura cuyo objetivo ha sido el enriquecimiento a costa del dinero público y de los trabajadores. Sin ningún tipo de pudor, han “saqueado” la caja para su propio beneficio.

La gente que llegó hace diez años lo hizo como el caballo de Atila y con los bolsillos preparados para llenarlos. Ellos han dilapidado el prestigio de Telemadrid. Un prestigio ganado día a día por sus profesionales desde 1989  y con unos informativos que fueron modelo por su transparencia, rigor y credibilidad. Desde que llegaron, y con la ayuda de algunos colaboracionistas de la Casa, han hecho una televisión de partido y una escuela de propaganda y manipulación de primer orden. Tal es así, que mientras antes se exportaban profesionales independientes a otras cadenas, ahora los alumnos aventajados de la manipulación dirigen los informativos de TVE.  

La depuración de redactores que han llevado a cabo durante esos años, a la que se suma la contratación de periodistas y directivos fichados a dedo, disparó la plantilla mientras los “elegidos” saqueaban el prestigio y las arcas de Telemadrid. Es en ese momento cuando se inició el camino a la muerte de su credibilidad informativa y hacia su inviabilidad económica. Telemadrid fue hasta enero de 2004 una televisión autonómica modélica en lo financiero y en lo periodístico.  Desde que llegó Esperanza Aguirre con sus mamporreros, la televisión de la Ciudad de la Imagen ha sido un ejemplo de propaganda en su vertiente más pornográfica. A estas alturas no me cabe la más mínima duda de que todo ha sido una campaña orquestada y perfectamente organizada para acabar con el prestigio de Telemadrid, ganado por sus trabajadores durante más de dos décadas. Todo ha sido buscado y premeditado, también la ruina económica como coartada para aniquilar un “instrumento” que ya no les sirve. Han acabado con todo.

De ser una empresa saneada en lo económico  y que tenía como meta cercana autofinanciarse para no recibir subvenciones de la Comunidad,  en menos de diez años, esta gente la ha colocado en la situación actual. De ser una empresa modélica y reconocida, y en la que se formaron grandes profesionales del periodismo que hoy nutren a otras cadenas, en menos de diez años esta gente la ha convertido en una cueva de piratas, donde oscuros personajes campan a sus anchas.

Nadie es inocente y hay muchos responsables del “saqueo” profesional  y de credibilidad  que ha sufrido Telemadrid. Nunca ha habido tanto empeño en destruir una obra tan bien construida mientras, al tiempo, la han expoliado en todos los sentidos.

Lo que han hecho con Telemadrid no tiene nombre. O quizás sí y está reflejado tanto en el Diccionario de la Real Academia como en el Código Penal.

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