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Las reformas no cambian la vida de los cubanos

Los cambios efectuados por Raúl Castro para modernizar la economía no mejoran el día a día de los ciudadanos

El número de personas que trabajan por su cuenta ha pasado de 150.000 a 500.000 en cinco años

La dependencia de las remesas procedentes de cubanos en el extranjero acentúa las desigualdades sociales

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Vendedor de libros en Santiago de Cuba.

Vendedor de libros en Santiago de Cuba. Urs Flueeler/123RF

“Sin prisa, pero sin pausa”. Esta es la consigna de Raúl Castro a propósito de las reformas que hay que llevar a cabo en Cuba, y es innegable que el proceso no va deprisa. En abril de 2011, el VI Congreso del  Partido Comunista de Cuba aprobaba más de 300 “líneas directrices” para “actualizar el modelo económico”. Cinco años más tarde, cuando la isla acaba de recibir al presidente norteamericano, Barack Obama, y se celebraba el VII Congreso del Partido -que pretendió  redefinir su modelo económico para los próximos años-, la lista de los lineamientos puestos en marcha dista mucho de estar completa, y los resultados son muy modestos: el crecimiento no ha superado el 2,8% de media desde 2011.

Sin embargo, el poder no ha permanecido de brazos cruzados. Dirigido desde 2006 por Raúl Castro, el hermano de Fidel, el país ha llevado a cabo muchas reformas: desarrollo del sector privado y reducción del público, aumento de la autonomía de los empresas estatales, transferencia de tierras del Estado a los campesinos, libertad (aunque con limitaciones) de compraventa de viviendas y automóviles, etcétera.

Hoy trabajan por su cuenta (cuentapropistas) 500.000 personas en el sector no agrícola, sobre todo en la restauración, la vivienda y el transporte. En 2011 eran 150.000. El sector privado alcanzaba en total 1,1 millones de activos en 2014 (sobre aproximadamente 5 millones) si añadimos el segmento agrícola: pequeños propietarios, cooperativas y usufructuarios. Pero los cuentapropistas siguen circunscritos a actividades del sector servicios, con frecuencia poco cualificadas y su número está alcanzando el techo. Las autoridades parecen favorecer ahora las cooperativas no agrícolas, autorizadas en 2012, especialmente en la restauración, explica Jérôme Leleu, doctorando en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS) de París y especialista en Cuba.

AUMENTAN LAS DESIGUALDADES

En muchos ámbitos, las reformas no han alcanzado sus objetivos. Según Raúl Castro, el Estado debía deshacerse de 1,3 millones de asalariados; el economista reformista Pavel Vidal Alejandro dice que  se han suprimido de 600.000 a 700.000 puestos de trabajo. Hasta ahora, Cuba tiene un circuito en pesos convertibles con el mismo valor que el dólar para los turistas y los productos de importación y otro en pesos cubanos que valen 24 veces menos. En principio, este año debería llevarse a cabo la unificación monetaria, pero hasta ahora no se ha hecho casi nada en este sentido.

Lo más importante es que estas medidas no han mejorado significativamente la vida de la mayoría de los cubanos, estima Pavel Vidal: “El coste de la vida ha aumentado, muchas familias se han visto golpeadas por las supresiones de empleos en el sector estatal, se han retirado productos de la libreta, la cartilla de racionamiento que da derecho a productos básicos a precios bajos en las tiendas estatales”.

El salario mínimo sigue siendo muy bajo: 27 dólares mensuales a finales de 2015. “Hasta el momento, los únicos que se han beneficiado de las reformas son las familias que han logrado abrirse un hueco en el sector privado”, señala el economista. Pero para lanzarse a este mercado, los nuevos emprendedores dependen con frecuencia de las remesas de los cubanos del extranjero. Esto hace aumentar las desigualdades entre quienes tienen acceso a esas aportaciones exteriores (1.700 millones de dólares en 2014, según cifras oficiales) y el resto. Como la mayoría de los que han emigrado son blancos, los negros y mestizos (del 60% al 70% de la población según estimaciones no oficiales) se encuentran en situación desfavorable. 

 

ATRAER A INVERSORES EXTRANJEROS

Si el crecimiento no despega se debe especialmente a la debilidad crónica de la inversión: en 2013 representaba únicamente el 8,9% del producto interior bruto (PIB), según la  Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), dependiente de la ONU. De ahí la importancia de los inversores extranjeros, a los que la isla intentó atraer con una nueva ley en 2014: más flexible y con ventajas para ellos, creó una zona franca en torno el nuevo megapuerto de Mariel, destinado a convertirse en una encrucijada comercial para toda la región. 

La Habana debe diversificar urgentemente sus socios. Sus intercambios con Venezuela representan “cerca del 15% del PIB”, calcula Pavel Vidal, “es decir, la mitad de lo que significaba la dependencia de la Unión Soviética” en 1989, cuando el fin de la URSS puso de manifiesto el sometimiento de la economía cubana.  Cuba recibe de 80.000 a 90.000 barriles de petróleo diarios de Caracas y su primera fuente de divisas es el envío de médicos y otros cooperantes al extranjero, especialmente a Venezuela y Brasil (10.000 millones de dólares). Pero la economía venezolana está en plena crisis y el chavismo agoniza. 

Frente a este peligro, Raúl Castro ha iniciado un acercamiento a Estados Unidos y a Europa. El embargo estadounidense se ha suavizado, aunque su levantamiento, que depende del Congreso norteamericano, va para largo. El presidente cubano refuerza también sus lazos con China, segundo socio comercial y primer inversor extranjero. Además, la isla ha diversificado sus fuentes de divisas. A las que proporcionan los cooperantes, se suman las del turismo (2.600 millones de dólares), las minas (níquel) y las medicinas y la biotecnología, un sector que desde los años ochenta del siglo pasado cosecha notables éxitos.

En el futuro, Cuba podría intentar afirmarse en otros nichos gracias a su mano de obra cualificada. Sin embargo, todo ello no arreglará el problema fundamental: la muy insuficiente productividad de su economía. ¿Qué progreso podrá hacerse al respecto? ¿Será suficiente para disminuir el descontento de la población? La cuestión es crucial en un momento en que una nueva generación de dirigentes debe tomar el relevo en dos años. 

[Este artículo ha sido publicado en el número de mayo de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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