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La dignidad andaluza no la congela el 4D

Somos carne de efeméride. No genéticamente, por adoctrinamiento, antes y después del 92 de Juegos olímpicos y Expo

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Rescatan dos pateras con 18 inmigrantes en aguas del Estrecho de Gibraltar

Dos de los 18 rescatados el lunes en dos pateras en aguas marroquíes del Estrecho. EFE

Ayer fue 4 de diciembre toda la jornada.

(Escribió Ángel González:

 “Ayer fue miércoles toda la mañana

Por la tarde cambió:

se puso casi lunes,

la tristeza invadió los corazones”)

Fue 4D, como si no hubiera otro desde el 77, como si los andaluces nos acordáramos, de pronto, del día en que decidimos no ser menos que nadie y gritamos que no al furgón de cola, costara lo que costase, que fue un alto peaje, como toda lucha importante: la vida de Manuel José García Caparrós. Sólo que, claro, ya el 10 de julio del 36 -una semana antes del golpe militar a la República- sonó en la Alameda de Sevilla el actual himno de Andalucía que habla de una tierra en pie, por sí, el país y la humanidad. Y esa médula de dignidad no nace sino que es reflejada por Blas Infante. 

Tan honrado décadas después de asesinado, como maltratado en vida al punto extremo de finiquitarlo (algo tan corriente aquí que vale para estandartes del 98 y 27), Blas Infante guardaba en su memoria un canto religioso-jornalero-de siega desde que iba al colegio de los Escolapios en la malagueña Archidona. ¿Algún eco reciente chirría ahora? ¿Una interferencia se cuela en la hermosa historia que sobre nosotros nos contamos? Repito: Archidona. Quinientos seres humanos, al menos un menor, están encarcelados en ese municipio sin que se les impute delito; sólo han cometido una falta administrativa en su modo de emigrar que no lleva aparejada pena de prisión. 

¿Qué clase de bandera agitamos en los fastos en que se nos azuza a exhibir la dignidad esencial del pueblo andaluz? Quiero creer que en esto, como se clamó el 15M de 2011, por la corrupción y el austericidio, el poder político-mediático tampoco representa el sentir ciudadano. Quieren echarnos a pelear -a golpe de topicazo que es lo único que ellos creen que se nos da bien- contra otros territorios, sobre todo con vascos y catalanes. Va de suyo que "recaudar según la capacidad y repartir en función de la necesidad" es presupuesto clave de la justicia social y de un sistema de convivencia progresista. Pero es el tándem PSOE y PP el que estos cuarenta años se ha turnado en el podio de sus vueltas ciclistas a rueda de nacionalistas, convergentes y peneuvistas, consagrando la brecha en financiación y, por tanto, en educación, sanidad, servicios.

En las exigencias sociales, en la estrategia para conseguir un desarrollo mayor y mejor, los ciudadanos de todo el Estado tenemos que estar unidos, reclamando lo justo y necesario: desde que en este país, sol de Europa, no paguemos por la luz más que nadie, hasta que la juventud más preparada de nuestra historia deje de emigrar, o aquí haya destino alternativo al de explotados kelly de hotel y tira cañas de barra. 

Si de vergüenza y dignidad hablamos, podemos abrir hoy, ya, ahora, el tema de cómo hacer la digestión con las decenas, cientos de congéneres, hermanos nuestros, ¡aunque sean negros! que están llegando cada semana a esas playas que vendemos como destino paridisíaco en las ferias de turismo del mundo entero. Hombres, mujeres y niños, vivos ¡y muertos! Porque cada vez nos parecemos más a Lesbos (Grecia), a Lampedusa (Italia) y en el Mediterráneo central, salvando vidas, con sus propios fondos y riesgos, están los catalanes de Proactiva y el proyecto conjunto Maydayterraneo de los andaluces Proem-Aid y los vascos Salvamento Martítimo Humanitario. ¿Dónde está la Administración, estatal y regional? ¿Qué pasos están dando? Además del ya clásico recular y echar a la administración superior en jerarquía la responsabilidad. Algo que no llevará a nada bueno pues en la cúspide está Trump -con Putin deseando destronarle-. 

Somos carne de efeméride. No genéticamente, por adoctrinamiento, antes y después del 92 de Juegos olímpicos y Expo. A alguien le pareció eficaz y fácil organizar los programas educativos, la agenda informativa, cultural, política en torno a una lista de nombres y fechas. Se pasa pronto de una pompa a otra, sin tiempo a romper la cáscara y llegar al germen transformador de la sustancia. Gracias al Centro Andaluz de las Letras releo a  Miguel Hernández un mes antes del fin del 75 aniversario de su  asesinato de muerte natural por parir Vientos del pueblo, El hombre acecha, por ser libre, luchador, de izquierda . ¿Más allá de un verso congelado, "La cebolla es escarcha", contamos los ciudadanos con el patrimonio de su legado o nos lo han hurtado? 

Recoged esta voz tituló este poema, con un imperativo que es ruego desesperado como se ve al ir avanzando. El mismo grito de auxilio que hoy nos hacen los masacrados de la partida de ajedrez que no acaba y ahora se juega en otras naciones como en el 36 fue en España. No vale que esa voz la recojan sólo Helena Maleno y un puñado de mujeres y hombres buenos. La dignidad andaluza, española, humana no se congela en un día, ¡4D de hace 40 años! Más que de épica vana se hace de esfuerzo y exigencia cotidianos.

RECOGED ESTA VOZ 

Naciones de la tierra, patrias del mar, hermanos

del mundo y de la nada:

habitantes perdidos y lejanos

más que del corazón, de la mirada.

Aquí tengo una voz enardecida,

aquí tengo un vida combatida y airada,

aquí tengo un rumor, aquí tengo una vida.

Abierto estoy, mirad, como una herida.

Hundido estoy, mirad, estoy hundido

en medio de mi pueblo y de sus males.

Herido voy, herido y malherido,

sangrando por trincheras y hospitales.

Hombres, mundos, naciones,

atended, escuchad mi sangrante sonido,

recoged mis latidos de quebranto

en vuestros espaciosos corazones,

porque yo empuño el alma cuando canto.

Cantando me defiendo

y defiendo mi pueblo cuando en mi pueblo imprimen

su herradura de pólvora y estruendo

los bárbaros del crimen.

Esta es su obra, esta:

pasan, arrasan como torbellinos,

y son ante su cólera funesta

armas los horizontes y muerte los caminos.

El llanto que por valles y balcones se vierte,

en las piedras diluvia y en las piedras trabaja,

y no hay espacio para tanta muerte,

y no hay madera para tanta caja.

Caravanas de cuerpos abatidos.

Todo vendajes, penas y pañuelos:

todo camillas donde a los heridos

se les quiebran las fuerzas y los vuelos.

Sangre, sangre por árboles y suelos,

sangre por aguas, sangre por paredes.

y un temor de que España se desplome

del peso de la sangre que moja entre sus redes

hasta el pan que se come.

Recoged este viento,

naciones, hombres, mundos,

que parte de las bocas de conmovido aliento

y de los hospitales moribundos.

Aplicad las orejas

a mi clamor de pueblo atropellado,

al ¡ay! de tantas madres, a las quejas

de tanto ser luciente que el luto ha devorado.

Los pechos que empujaban y herían las montañas,

vedlos desfallecidos sin leche ni hermosura,

y ved las blancas novias y las negras pestañas

caídas y sumidas en una siesta oscura.

Aplicad la pasión de las entrañas

a este pueblo que muere con un gesto invencible

sembrado por los labios y la frente,

bajo los implacables aeroplanos

que arrebatan terrible,

terrible, ignominiosa, diariamente,

a las madres los hijos de las manos.

Ciudades de trabajo y de inocencia,

juventudes que brotan de la encina,

troncos de bronce, cuerpos de potencia

yacen precipitados en la ruina.

Un porvenir de polvo se avecina,

se avecina un suceso

en que no quedará ninguna cosa:

ni piedra sobre piedra ni hueso sobre hueso.

España no es España, que es una inmensa fosa,

que es un gran cementerio rojo y bombardeado:

los bárbaros la quieren de este modo.

Será la tierra un denso corazón desolado,

si vosotros, naciones, hombres, mundos,

con mi pueblo del todo

y vuestro pueblo encima del costado,

no quebráis los colmillos iracundos.

( Viento del pueblo, 1937)

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