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Tabarnia del Sur

Tabarnia comprendería, sobre todo, a las emprendedoras y descreídas gentes de la costa y de las grandes ciudades, enfrentadas a la Cataluña subsidiada y profunda, que bien podría llamarse Carlistonia

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Tabarnia TVE

Comienza el año del señor (Rajoy) de 2018 y lo hace como terminó el anterior, a trompicones y de muy mala manera. Tanto, que como deseo propio y también extensible a ustedes, espero, virgencita, virgencita, que nos quedemos como estamos. Ya sé que es mucho pedir, que cualquier situación mala siempre es susceptible de empeorar y más si sigue haciendo frío y Zoido continúa en el Ministerio del Interior. (Inciso: ya me he comprado parte del kit de supervivencia invernal, no sin antes haber cambiado el seílla por un semirremolque).

Así que con este pesimismo que ya es inherente, sólo voy a hacerme dos propósitos para el presente ejercicio. El primero, siguiendo las directrices de la Junta de Andalucía (qué sería de nosotros sin Ella), será ponerme a dieta, que tras los excesos navideños he cogido el mismo perfil que los aguerridos legionarios, que más que novios ya parecen los suegros de la Muerte.

El segundo propósito será no tomarme en serio ni un minuto más el asunto catalán, sobre todo porque ya va adquiriendo hechuras de sainete con estrambote. Y peor que se pondrá, que el Procès, como el frío, es más crudo cuando pones al frente del orden público al antedicho Zoido. Para este fin de hacer risas con la independencia viene al pelo el invento de un ocurrente catalán que ha creado Tabarnia, un nuevo país que incluiría parte de las provincias de Tarragona y Barcelona donde han ganado los españolazos y que si las cosas se ponen feas, bien podrían pedir la independencia al grito de ¡Catalunya ens roba!

Tabarnia comprendería, sobre todo, a las emprendedoras y descreídas gentes de la costa y de las grandes ciudades, enfrentadas a la Cataluña subsidiada y profunda, que bien podría llamarse Carlistonia, en honor a los furibundos apostólicos del siglo XIX y a Carles Puigdemont y perdonen la rebuznancia, que también es de los que se comen los santos por los pies.

La ventaja para nosotros es que entre las ingentes masas que forman Tabarnia hay un millón de criaturitas andaluzas o descendientes de andaluces, encabezadas hoy por hoy por Inés Arrimadas, lideresa de Ciudadanos, natural de Jerez de la Frontera, ahí queda eso. Si los carlistoneses siguen empeñados en la independencia, bien podríamos los andaluces malmeter un poco, reconociendo diplomáticamente a Tabarnia y mandando embajadores a Barcelona.

Para el puesto, los más adecuados serían los Morancos, gente seria (más que Junqueras) que tratarían el asunto como merece. Si no fuera posible porque tuvieran la agenda apretada, podríamos enviar a José Manuel Moreno Bonilla, líder del PP-A, que también nos hace reír y además es natural de Barcelona. El viviría en su pueblo y eso que ganamos los demás.

Establecidas las relaciones diplomáticas y fraternas, ya sólo quedaría el último paso, que sería la anexión de Andalucía por Tabarnia con el nombre de Tabarnia del Sur, que tendría la ventaja de que a lo mejor el Gobierno del PP se despista (otra vez) y empieza a tratarnos como a españoles normales, que es oír Andalucía y a Rajoy le salen ronchones.

Presidente hiperactivo

Aunque esto de Tabarnia sea broma, tampoco lo descartemos del todo, ya que dada la frenética actividad desplegada por Rajoy en este asunto, pareja a la de los caracoles paraliticados, alguien tendrá que hacer algo algún día, por ejemplo hablar con las partes implicadas, que después de las elecciones, estas y las futuras, siguen y seguirán siendo mitad y mitad de catalanes, aunque el PP mire para otro lado y el PSOE se mire el ombligo.

Lo malo es que la no agenda del no gobierno de Rajoy abarca también todos los demás asuntos, incluidas las pensiones, los contratos precarios, los sueldos de mierda o la dependencia. Si a ello añadimos la también frenética actividad del PSOE y Podemos, sobre todo dándose codazos por las esquinas y persiguiendo fantasmas por los cementerios, vayan ustedes preparándose para un año 2018 repleto de naderías, sobre todo para llenar la cesta de la compra. Así que me reafirmo en la dieta del legionario, a base de manzana y yogur, que para mucho más no va a llegar. Que Dios reparta suerte, que falta nos va a hacer.

 

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