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Trump, ¿el salvador de la prensa?

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EFE

La guerra declarada por Donald Trump contra los medios puede ser "el mejor regalo para el periodismo", dice la prestigiosa web norteamericana politico.com. "¿Puede Trump hacer el periodismo grande de nuevo?", apunta por su parte el diario británico The Spectator. Quizá tú, lector, tengas la tentación de preguntarte, cual ministro sueco, qué se han fumado estos articulistas que parecen aplaudir las maneras dictatoriales del nuevo presidente norteamericano. Por qué no tiemblan ante la perspectiva de un mandato plagado, como la campaña electoral, de mentiras flagrantes, hechos alternativos y ataques frontales a la libertad de prensa.

Y sin embargo, puede que tengan razón (o no). Después de años de declive económico, de fuga de lectores, de recortes y despidos, de ensayar todas las fórmulas (im)posibles para ser rentables, los medios parecen haber encontrado, como decía el personaje de Oskar Schindler en la película de Spielberg, la clave que separa el éxito y el fracaso: la guerra.

El odio de Trump y de sus seguidores parecen haber reactivado en los medios norteamericanos una imagen de sí mismos y de su lugar en el mundo que muchos habían olvidado. Periodistas adocenados en las redacciones ahora se sienten héroes como Woodward y Bernstein, los dos a la vez. Vuelve el periodismo de investigación más puro, el que ya no depende de unas fuentes oficiales cada vez más hostiles y poco creíbles, destaca politico.com, que habla de una "primavera del periodismo". Por no hablar del retorno más esperado: los lectores, la audiencia ... y los beneficios.

El New York Times, el Washington Post y otros medios críticos con Trump como Mother Jones lograron el año pasado, coincidiendo con la campaña electoral y el auge del fenómeno Trump, cifras récord de suscripciones. En especial justo después de la victoria del magnate, cuando el ritmo de incorporación de nuevos usuarios  se disparó por tres y por cuatro. Sube su cotización en bolsa. Se anuncian  más contratos de periodistas. Más y más televidentes se enganchan a la pantalla o a sus móviles para conocer el último exabrupto del presidente, su última invención, la última batalla dialéctica de sus portavoces con alguno de los presentadores estrellas de la tele.

Este, claro es el riesgo: para luchar contra el monstruo, los medios necesitan al monstruo. El temible dragón cuyo corazón hay que atravesar ha crecido y se ha hecho más fuerte gracias en buena parte a los propios medios, que mucho antes de ver a Trump como un riesgo para la democracia se enamoraron de su potencial para vender periódicos, para generar clics y subir los ratings. Los que aman a Trump no se separan del televisor, de facebook o de twitter. Los que lo odian, aún menos.

El reciente informe de la reconocida agencia MediaQuant, que ha traducido en valor publicitario la cobertura de prensa de cada candidato durante la campaña electoral es elocuente. Trump recibió el doble de atención mediática que Clinton: 647 millones de menciones en 12 meses, frente a los 381 de la demócrata. Si el multimillonario hubiera tenido que pagar por ella, le hubiera costado casi 5.000 millones de dólares. En cambio, su campaña ha sido de las más baratas que se recuerdan en la historia electoral americana. No le hacía falta casi gastar un centavo.

El desafío para la prensa, por tanto, es grande. Las contradicciones, enormes. ¿Serán capaces los medios de luchar contra Trump sabiendo que la caída de la gran estrella del reality show político puede arrastrarles de nuevo a la irrelevancia? ¿Serán capaces de cumplir su misión sin caer en una  "simbiosis cobarde" con el enemigo, como ha reconocido un columnista del New York Times?

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