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'El jurado' convierte en materia teatral los casos de corrupción más sonados del país

Andrés Lima dirige en esta versión libre de '12 hombres sin piedad' a algunos de los mejores actores andaluces del momento: Pepón Nieto, Cuca Escribano, Eduardo Velasco y Víctor Clavijo, entre otros

Tras haber estrenado en Madrid, esta producción se embarca en una gira nacional que tiene su primera parada en Sevilla (19, 20, 21 y 22 de mayo), para viajar con posterioridad a Málaga (3 y 4 de junio).

 

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Teatro

Aeropuertos sin aviones, hipódromos sin caballos, un presidente que, a falta de trajes, ha sido sobornado con relojes de alta gama; y un Bigotes aquí apodado el Melenas… Los casos más sonados sobre la corrupción que se extiende como una mancha de aceite en el mar revuelto de la escena política española, suben a escena. Las personalidades más diversas, pero más importantes, del teatro independiente nacional, capitaneados por el referente incuestionable que es Andrés Lima, se han unido para poner en marcha El jurado, una obra de teatro de alto contenido político basada en el clásico 12 hombres sin piedad, de Reginald Rose.

" El jurado es un alegato contra la corrupción política, un proyecto más oportuno que nunca", explica Lima a eldiario.es/andalucia ahora que, en una situación inédita en nuestro país, los españoles tendremos que volver a las urnas tras las fallidas elecciones del pasado mes de diciembre. Una campaña electoral que va a coincidir con la gira nacional de El jurado, que arranca en Sevilla el próximo 19 de mayo y viaja a Málaga los primeros días de junio.

A este respecto, hace mención Andrés Lima a la feliz coincidencia de un reparto eminentemente andaluz -sobre un texto del algecireño Luis Felipe Blasco- el que integra ese jurado que en la versión teatral tiene nueve miembros, y no los 12 del original. Pepón Nieto, Cuca Escribano, Víctor Clavijo, Eduardo Velasco, Isabel Ordaz, Canco Rodríguez, Luz Valdenebro, Usun Yun y Josean Bengoetxea componen un "fresco, casi un muestrario completo del panorama sociopolítico actual: desde la clase modesta a la más alta burguesía y desde la derecha radical a la izquierda también más extrema", explica Lima, para quien El jurado es "un ejercicio de ciudadanía, donde el espectador va a sentirse permanentemente interrogado". Y reflexiona: "Inevitablemente pensará en quién votar ahora de nuevo, visto lo visto...".

Con una producción también andaluza, la de Avanti Teatro y 16Escalones, ha sido "un trabajo en equipo, donde casi he obligado a los nueve actores a trabajar como uno solo, como un coro". Ha sido "una conjunción prodigiosa, sobre todo con el poco tiempo previo que han tenido para conocerse", apunta Lima. Sobre la escenografía, el director alude sin complejos la herencia de la estética del cine negro de los años 50 en la que está enclavada la película 12 hombres sin piedad. "Fue un hito cultural, un clásico del cine negro que nos ha ayudado a plantear un escenario aparentemente desnudo donde el jurado va decidiendo su veredicto subido a una plataforma giratoria que obliga al espectador a ver la obra desde todos los puntos de vista… Es casi un travelling cinematográfico", responde el director de la obra.

¿Qué hubiera hecho yo?

"Me entusiasmaba la idea de trabajar a partir de un texto mítico del pasado como el de Rose y reflexionar sobre nuestro tiempo actual, sobre nosotros como sociedad. El jurado nos permitía llevar la sociopolítica al teatro, trasladar la corrupción que azota nuestros días al escenario. 12 hombres sin piedad se detenía en la pena de muerte, un tema presente en la sociedad de EEUU del momento; aquí partimos de la corrupción política, como un instrumento que nos sirve para hablar de política y de nosotros mismos", prosigue el veterano director teatral, responsable de algunas de las más célebres obras teatrales de la última década, siempre enfrascado en un teatro nada complaciente que exige "un posicionamiento permanente del espectador".

Es un espectáculo en el que la moral viciada de cada uno de sus componentes será puesta de manifiesto, analizada y cuestionada, con el propósito de que el público regrese a casa con un interrogante. No se trata sólo de denunciar la parcialidad de la justicia, sino de sembrar preguntas en cada uno de los espectadores: ¿qué hubiera hecho yo?, ¿es justa la justicia?

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