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Cabra: la exposición fija del jurásico andaluz

Restos fósiles miran el paso del tiempo desde las piedras usadas durante siglos para construir la arquitectura egabrense, una involuntaria muestra del patrimonio geológico de Andalucía repartido en plazas, fuentes y fachadas.

Este inusual museo geológico cuenta con más de 300 yacimientos conocidos.

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Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

¿Calles habitadas por ammonites y belemnites? Sí. Restos fósiles paleolíticos miran el paso del tiempo desde las piedras que sirvieron para construir la ciudad de Cabra (Córdoba). Durante siglos, las calizas serranas fueron usadas para construir elementos arquitectónicos, en una involuntaria exposición repartida por calles, plazas, fuentes, adoquines, columnas y fachadas del pueblo cordobés. No es el único atractivo egabrense, pero sí el que permite tocar el fondo marino del jurásico andaluz.

Restos fósiles en Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

En las estribaciones del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, destaca como protagonista la riqueza de un patrimonio geológico de relevancia internacional. La comarca tiene la denominación –desde el año 2006– de Geoparque Europeo y Global, avalado por la Unesco, con puntos de interés como el Polje de la Nava de Cabra, el Picacho de la virgen de la Sierra, las Dolinas de las Majadas, la Fuente de los Frailes y la Sima de Cabra.

Hace más de 150 millones de años la Subbética abrazó una extensa lámina de agua: el mar de Tetis. Habitado, entre otros, por seres que dejaron su huella fósil en la roca. Como los predominantes ammonites y belemnites, los que más aparecen en el vistazo inusual al pasado que dispensa Cabra, convertida así en  ciudad jurásica y en un inusual museo geológico con más de 300 yacimientos conocidos.

Casco urbano de Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

Igabrum, tierra codiciada

Cabra fue un destacado núcleo urbano que entró en la órbita romana para convertirse en Igabrum –del que proviene el topónimo egabrense–, tierra codiciada por su riqueza en olivar, cereales la explotación de sus canteras. Quedan vestigios de estos afloramientos rocosos. Un patrimonio museístico que se completa con el rastro visigótico de una de las principales sedes episcopales del sur de la península ibérica y por la pervivencia del cristianismo, incluso en época árabe.

Rincón del antiguo Real Colegio de Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

Rincón del antiguo Real Colegio de Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

El casco urbano ofrece emplazamientos que recoge la ruta  Caminos de Pasión como la iglesia de la Asunción, denominada 'mezquita del barroco', o la de San Juan Bautista, que se dice fue antigua catedral visigoda. Entre los  rincones de un pueblo que emerge en la campiña, homenajes al agua como las fuentes del Río o de las Piedras, o plazas vigiladas por la Torre del Homenaje como Vieja, Cadenas o Calle Mayor.

Museo de la Pasión en Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

Museo de la Pasión en Cabra (Córdoba). / Juan Miguel Baquero

También la ruta Juan Valera, escritor nacido en Cabra. O las paradas de pinceladas decimonónicas que ofrece el antiguo casino, el Círculo de la Amistad. Incluso el punto insólito que trae el antiguo Real Colegio de la Purísima Concepción, hoy instituto de secundaria, donde estudiaron entre otras personalidades Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República, Blas Infante, padre de la patria andaluza, o Pedro Garfias, poeta español de la Generación del 27.

Qué visitar

Además del patrimonio natural y geológico, el  turismo en Cabra ofrece el barrio medieval, primer asentamiento humano de la zona, con restos de la muralla árabe, arquitectura religiosa, el castillo de los condes de Cabra… El antiguo arrabal cristiano, el barrio del centro, de calles encaladas y balcones engalanados con flores y macetas. Los museos Arqueológico, del Aceite, Aguilar y Eslava, y de Historia Natural y de la Pasión. La casa natal de Juan Valera, el Círculo de la Amistad y el centro de interpretación del Tren del Aceite.

Dónde comer y dormir

Para comer. La gastronomía egabrense queda enmarcada entre la sierra y la huerta, que puede regarse con vinos de la comarca y completada con dulces típicos como los gajorros, pestiños, gachas o bizcotelas. Múltiples posibilidades para tapear salmorejo o rabo de toro en Mitra, alcachofas al montilla en La Malagueña, milhojas de calabacín en Juanito o carrillada al Pedro Ximénez en Monte Horquera.

Para dormir. Opciones varias. De hoteles como Fuente las Piedras Villa María a pensiones, apartamentos o alojamientos rurales como Cortijo Ribero, Casa Rural La Collera La Casa del Abuelo o La Casilla del Chato.

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