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No todo es tan cool

Tú a territorio Google y yo a territorio Facebook; la startup Commite se aloja con amigos en Silicon Valley

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Mountain View, es decir, territorio Google /Foto: Clarisa Guerra

Mountain View, es decir, territorio Google /Foto: Héctor Giner

Abro los ojos y miro el móvil: "¡Otra vez las cinco de la mañana!", pienso. Es el segundo día en Estados Unidos y el jet lag ataca de nuevo. Salgo del cuarto y veo una luz en el salón. Es Manolo, nuestro diseñador, que está trabajando con el portátil. Le miro y me devuelve la mirada. Creo que intentando consolarse expira un: "Ya aprovecho…" . Echo un vistazo al whatsapp y veo varios mensajes en el grupo que hemos creado para el viaje: efectivamente no estamos solos en nuestro trastorno. Las 12 horas de vuelo directo desde Barcelona y las nueve de diferencia entre España y California todavía pesan.

En  Commite somos un equipo de 18 personas pero sólo ocho conformamos la expedición americana. El resto se ha quedado trabajando en la oficina del centro de Sevilla o donde quieran, porque si hay algo que caracteriza a nuestro Estudio es el trabajo distribuido. La mentalidad del presencialismo parece de otra época, si no de otro planeta.

Nos hemos dividido en dos grupos: una mitad se aloja por el momento en Mountain View y la otra mitad en Menlo Park. Para que nos entendamos: los primeros están en tierra de Google y los segundos, de Facebook. Tradicional o geográficamente hablando, Silicon Valley ocupa la mitad sureste de la Bahía de San Francisco. Sin embargo, el brutal apogeo de las empresas tecnológicas en la zona ha hecho que el "concepto Silicon Valley" crezca, englobando también a la ciudad de San Francisco y alrededores como San Mateo o Berkeley.

Primer consejo: no te pases con la colonia

En Mountain View nos estaba esperando Andrés Monge, un amigo de la infancia de Carlos, nuestro COO. Cuando Andrés terminó la carrera de Informática en la Universidad de Sevilla (US) participó en un competitivo programa llamado Jóvenes con Futuro. El proceso de selección duró meses, tiempo en el que estuvo trabajando con nosotros en Commite. Al final consiguió superar todas las fases y acabó como desarrollador en una startup llamada  Entytle aquí en Silicon Valley. Lleva en EE.UU. varios meses y durante este tiempo ha conseguido ganarse la confianza de sus jefes hasta tal punto que cuando escuchó que necesitaban contar con un estudio de diseño de productos externo nos puso en contacto y hemos acabado trabajando juntos de nuevo, convirtiendo a Entytle uno de nuestros principales proyectos.

Andrés está contento. El trabajo que hace como desarrollador aquí es de mucho nivel, pero reconoce que vivir en este lugar pesa un poco. Al fin y al cabo, más allá de San Francisco lo que hay son barrios residenciales familiares, universidades y empresas. Muchas empresas. Las distancias son enormes y apenas hay vida en la calle, pero no hay duda de que es una oportunidad profesional enorme. Ya habrá tiempo para volver a España (porque piensa volver).

En Menlo Park nuestro anfitrión es Javi de la Rosa, investigador en la Universidad de Stanford que también estudió Informática en la US. De Sevilla pasó a la Universidad de Western en Ontario y de allí a Stanford. Lleva tanto tiempo fuera que casi ha perdido la cuenta. Es amigo de Juan, uno de nuestros desarrolladores, de su época en el campus de Reina Mercedes, y cuando llegamos nos recibió a todos con los brazos abiertos y la mejor de sus sonrisas.

Eran las once de la noche cuando aparecimos y lo primero que nos soltó tras las preguntas de qué-tal-el-viaje de rigor fue un: "Oye, ¿vosotros usais colonia?". Al ver nuestras caras desconcertadas nos aclaró que aquí en San Francisco usar demasiado perfume está un poco mal visto. Es un buen consejo, un hidden tip que le llaman. Sabe que tenemos varias reuniones a la vista y sólo quería advertirnos de que es tal el punto de agobio que parece sentir aquí la gente ante el exceso de perfume que en Stanford y en algunas empresas existen hasta restrictivas "políticas de olores". Acto seguido guardo mi bote de Chanel N.5 en el fondo de la maleta y salimos a cenar, o a intentarlo, porque en estos barrios encontrar algo decente de comer más allá de las once puede resultar toda una odisea, y claro, eso de cenar a las seis y media de la tarde todavía no lo tenemos muy interiorizado. Nos espera una intensa semana.

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