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ARAGÓN

Canfranc 2020, desafío de estado y dignidad para Aragón

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Unanimidad a favor de la reapertura de la línea internacional de Canfranc y unanimidad también para reconocer que Aragón lleva 45 años, 38 de ellos en democracia, sin conseguir que sea una prioridad en los Presupuestos Generales del Estado.

Sobre el debate, organizado el pasado jueves por la Coordinadora para la Reapertura del Ferrocarril Canfranc-Oloron (CREFCO) en Zaragoza, flotó una fecha mágica, el 2020, pero al ritmo de los 3 millones de euros presupuestados para el 2016, dentro de un plurianual de 83, será imposible alcanzar el objetivo de varias generaciones de aragoneses que, cuatro décadas y media después, continúan sin salir del bucle de la impotencia.

¿Por qué el esperanzador 2020? Porque la entonces presidenta de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, y el presidente del Consejo Regional de Aquitania, Alain Rousset, firmaron en 2012 un protocolo de reapertura para esa fecha.

Poco después, el diputado de la Izquierda de Aragón, Chesús Yuste, presentó una proposición no de ley para dar el aval del Congreso a esa fecha pero el PP la tumbó con su mayoría absoluta en la que se incluían los siete diputados aragoneses, entre ellos el portavoz en el debate del pasado jueves, Ramón Moreno.

Alain Rousset, que está pendiente de la segunda vuelta de las regionales francesas para confirmar su reelección, ha movilizado 102 millones de euros para modernizar 25 de los 57 kilómetros que quedan en la parte francesa, en concreto el tramo Oloron-Bedous.

Como recordó el candidato socialista al Senado, Juan José Rubio, una de las primeras visitas que realizaron el actual presidente de Aragón, Javier Lambán, y su consejero de Vertebración del Territorio, José Luis Soro, tuvo como destinatario al presidente aquitano para agradecer el esfuerzo de su región que cuenta con un mayor potencial económico que la comunidad autónoma de Aragón que, hay que recordarlo, no es titular de la competencia.

El candidato Ramón Moreno argumentó razones económicas para explicar por qué no ha sido una prioridad del Gobierno del PP la reapertura del Canfranc y puso en boca del subsecretario de Fomento, Mario Garcés, que se mantiene el compromiso de 2020.

Como pusieron de manifiesto los candidatos cuyos partidos no han gobernado España, Chesús Yuste (Unidad Popular), Carlos Aparicio (Ciudadanos) y Pedro Arrojo (Podemos), estamos ante un ejemplo del poco peso político de Aragón y de una mala selección de prioridades. Se citaron ejemplos como los de los aeropuertos de Ciudad Real, Castellón y Huesca, o el embalse de la Loteta.

Y los organizadores facilitaron el dato del coste de la línea de alta velocidad Valladolid-León, 166 kilómetros, 7 trenes diarios en cada sentido, sin admitir trenes de mercancías, que superó los 1.600 millones de euros.

Los estudios realizados por dos consultoras para el Consejo Económico y Social de Aragón , incluida la reapertura del tramo Zuera-Turuñana, la electrificación, señalización y control de tráfico, cifran en 407 millones de euros el coste de la reapertura en el tramo aragonés, desde Huesca hasta Canfranc. Cuatro veces menos.

Las ventajas, evidentes: la lucha contra el cambio climático, en la actualidad no llega al 1 por ciento el tráfico ferroviario de mercancías a través de los Pirineos; la confirmación de Zaragoza como centro logístico del Sur de Europa; la conexión con el corredor Mediterráneo-Cantábrico y con los puertos de Valencia, Bilbao y San Sebastián; y el servicio y ahorro a grandes compañías como General Motors o Saica que reclaman una comunicación directa con el resto de Europa y del mundo a través de los puertos de Valencia, Bilbao y San Sebastián, y a través de los Pirineos centrales.

La Comisión Europea, como apuntó Juan José Rubio, podría financiarlo a través de los “missing links”, los tramos transfronterizos olvidados, y a través de los créditos del Banco Europeo de Inversiones.

Canfranc 2020, todo un desafío para una comunidad histórica como Aragón que pasa por mantener alianzas con Aquitania, y conseguirlas con los Gobiernos español y francés, y con los grupos de presión encabezados por las grandes compañías beneficiadas. O va la vencida o serán 50 años de frustración europeísta.

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