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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Trump 1 – Aragón 0

El diputado del PP y presidente de Aragón en funciones, Jorge Azcón, felicita a la diputada del PP María Navarro tras ser elegida este martes presidenta de las Cortes de Aragón.

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La coherencia es el chicle de la conciencia. Tiene un sabor consistente al principio, pero se desgasta en cada mordida del comportamiento. Es tan pomposa como tramposa y se busca tanto como se encuentra. Adoptamos normas que adaptamos a nosotros y cambiamos opiniones para amoldarlas a las percepciones. Las opiniones son el resultado del equilibrio existente entre lo que pensamos y lo que creemos que piensan los demás. Admitimos cierto grado de divergencia que aceptamos como señal de identidad, pero no toleramos una distancia excesiva que nos diferencie del grupo al que pertenecemos. Cambiamos la perspectiva para sostener la misma opinión y nos mantenemos inamovibles para ser discrepantes. La coherencia está llena de flexibilidad y la rigidez vive repleta de incongruencias. No debemos confundir la inconsistencia con la falta de coherencia. La primera implica contradicción, mientras que la segunda se refiere a la búsqueda de una lógica en busca de sentido.

La 'paratimia' es una alteración emocional que se manifiesta cuando las expresiones afectivas de una persona no coinciden con la situación que vive. Muestra una desconexión entre las emociones que se sienten o expresan y lo que se espera según el contexto en el que se encuentra. Esa risa tonta que nos asalta en circunstancias de rigurosa y seria solemnidad, o la llorera que nos provoca una buena noticia, son ejemplos de este síntoma emocional. Una variante de este fenómeno es la llamada 'paramimia'. Hace referencia a la alteración en los gestos o expresiones faciales que no coinciden con las expresiones internas. Esa cara de felicidad en pleno disgusto, o el gesto torcido tras recibir un ascenso en el trabajo son muestras de esas incongruencias que nos descolocan. Su aparición en momentos concretos, y generalizables a una gran parte de la población, nos hablan de un síntoma y no de un problema patológico que requiera tratamiento. Sólo en el caso de una reiteración estable de esas inconsecuencias en el comportamiento debemos sospechar de algo más grave.

En unos días, el próximo doce de marzo, se cumplirán cuarenta años del referéndum que se celebró en España para decidir sobre nuestra integración en la OTAN. Fuimos muchos quienes, desde la izquierda, nos opusimos a que nuestro país fuera miembro de esa organización militar. En aquel momento, la división en la izquierda propició una fractura (más) en los sectores progresistas que, unos años antes, había otorgado la mayoría absoluta al PSOE. Esto tuvo consecuencias profundas consecuencias políticas tras la campaña con más protagonismo social y ciudadano que ha vivido nuestro país. Las posiciones que mantuvimos entonces estuvieron llenas de confrontación, tras los cambios de un guion que fue víctima de las incoherencias del momento. Hoy, todas aquellas izquierdas mantienen una coherencia que se ha adaptado a la realidad del presente. Es justa y razonable la decisión del gobierno de coalición progresista de no autorizar el uso de las bases en nuestro país para apoyar la agresión unilateral de Trump y Netanyahu a Irán, que ha incendiado Oriente Medio. Es imprescindible alejar a la OTAN de un escenario de conflicto en el que nos quieren involucrar con amenazas que suben la apuesta por las armas nucleares. Las derechas apoyan este ataque, siguiendo la estela mentirosa de Aznar, con la que nos metió en la guerra de Iraq y que tanto sufrimiento nos deparó tras los terribles atentados del 11-M. En Aragón el resultado electoral señala un marcador de Trump 1 – Aragón 0. El PP y Vox, como defensores de esta agresión de Estados Unidos e Israel, se alegrarán también del coste que va a suponer esta guerra al sector agroganadero de nuestra Comunidad, de la elevación de precios en las facturas de la luz, el gas o la gasolina, de las pérdidas para las empresas aragonesas y del riesgo para las nuevas inversiones, el crecimiento y el empleo. Su petróleo es nuestra pobreza y su guerra nuestra crisis. Pedro Sánchez lidera la voz sensata y pacifista de una Europa que se opone a esta nueva barbarie. Cobra vigencia la voz de un lema que mantiene la coherencia al intercambiar el orden de los factores contra el producto bélico al que nos quieren arrastrar. Hoy sería: bases no, OTAN fuera.

En Aragón comienza una legislatura que apunta tensiones largas y plazos cortos. No descarten que, como mucho, volvamos a ver de la mano las urnas municipales y autonómicas en 2027. El PP salió de las elecciones con menos apoyos. En consecuencia, la Mesa del Parlamento ha iniciado su mandato, inclinada hacia la derecha, por un voto de diferencia de un bloque progresista que expresó su robustez con firmeza y unidad. En la Aljafería, el aislado banquillo de Guitarte, con su oscuro voto en blanco, se ha decantado por ayudar al equipo de las derechas ultras y conservadoras. De no ser por el flotador que le lanzó a Azcón un Aragón Existe que no ha aprendido nada de la catástrofe del PAR, hubiéramos comprobado la debilidad del actual presidente en funciones. Es una maniobra con breve recorrido para los turolenses porque los ultras esperan con sus votos afilados un debate de investidura que hoy se aleja más. El gesto de Azcón en la sesión constitutiva lo decía todo. Ganan la mayoría en la Mesa, pero lo que podría ser una buena noticia para sus intereses, lo expresaba en su rostro con emoción de derrota. “Paratimia” y “paramimia”, a partes iguales, y a raudales. Sabe de sobra lo que le espera, porque su sangría lleva la firma de su autoría.

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