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ARAGÓN

El cambio necesario

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Que el modelo político actual está agotado es palpable y evidente. Que una gran parte de la ciudadanía lo tiene interiorizado y asumido, también. Aparte de los que quieren, una vez más, repintar la fachada o cambiar lo secundario para conservar lo fundamental. Se trata de la masa social situada a la izquierda de los partidos mayoritarios que se han alternado en el poder. Al igual que la política cegata de los últimos tiempos, y sobre todo del Partido Popular, ha conseguido más independistas en Cataluña que los propios partidos nacionalistas catalanes, el modus operandi, sobre todo -pero no sólo- del PP, ha traído estas derivas.

La corrupción generalizada de las instituciones, el gobierno prepotente y de rodillo, la sumisión a los “mercados”, el empobrecimiento de las clases medias y bajas, la desatención y el recorte en derechos fundamentales (vivienda, salud, empleo, educación), la mentira como argumento, la desfachatez… además de la negación y represión como única respuesta, han acabado por pasar factura.

En lo que atañe a los medios el panorama es similar; en España el desprestigio (con honrosas excepciones) del periodismo y la información es alarmante. Que un señor como Juan Luis Cebrián no lo piense dos veces para tratar de callar y castigar a las voces discordantes que le “amenazan” es sintomático. Hace unos años, ni él se hubiera atrevido, ni la redacción lo habría permitido sin grandes alharacas.

No podemos evitar ver el paralelismo de estas dos situaciones y concluir que es hora de romper con el pasado: cada vez son más las voces de pensadores que señalan las graves deficiencias de la Transición española a la democracia y la necesidad de una auténtica ruptura. De la misma manera que en el plano político los franquistas del régimen trataron de sucederse a sí mismos, en el mediático trataron de crear y potenciar medios afines que justificaran y propagaran su actividad y estatus. El periódico El País no fue ajeno, y fueron los periodistas quienes, casi siempre en conflicto con los accionistas, trataron de hacer un periódico digno, democrático y progresista. Pero, entonces, casi todo el mundo quería “ser bueno”, no ponerle palos a la rueda de la transición, consenso por encima de todo. El problema es que con fuerzas con un poder manifiesto tan distinto y distante la balanza debía decantarse necesariamente solo hacia un lado.

Los ciudadanos están despertando y abriéndose a nuevas opciones. La vieja política sigue teniendo en el rumor no constatado, en la propagación del miedo y la amenaza, en la mentira descarada sus armas principales; sus argumentos están obsoletos. La sociedad necesita otras razones, necesita transparencia, servicio público, equidad, justicia, participación.

Pero también por pura supervivencia: no se puede seguir manteniendo un sistema donde se valore más la especulación con el dinero que el valor del trabajo que crea el producto y la riqueza. Donde la corrupción se acepte como consustancial al mismo. No solo es contrario a la ética y al sentido común; es la corrosión del propio sistema.

La sociedad, la política, y no solo en España, necesita un cambio urgente.

Jesús Escartín, participante de GAO (Gentes de Apoyo y Opinión)

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