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Amalia Bulnes

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'La peste' o un viaje en el tiempo a la altura de las grandes series

Subido a la azotea del Ayuntamiento de Sevilla, el equipo de la serie La Peste, sus promotores de Movistar + y el alcalde de la ciudad, Juan Espadas, celebraban este miércoles 10 de enero el estreno de la que a día de hoy es la mayor superproducción de ficción televisiva del país, que iguala a la operadora de pago nacional con gigantes mundiales como la HBO, responsable de la intratable, si se permite el símil futbolístico,  Juego de Tronos.

Desde esa atalaya se vislumbra un trazado urbanístico que no existía en la ciudad del siglo XVI. Fue décadas más tarde cuando Sevilla abre esa gran vía que conecta la Puerta de Jerez con la Plaza Nueva y que deja, tanto en su margen derecho como en el izquierdo, un enjambre de callejuelas umbrías, un caótico panal adoquinado que pervive desde entonces y que los cineastas sevillanos Alberto Rodríguez y Rafael Cobos han convertido en indiscutible protagonista de La Peste.

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Francisco Ayala, cien años siendo joven

En 1977 -se cumplen también ahora 40 años- Francisco Ayala pronunció una conferencia en Granada, su ciudad natal. Nada tendría de extraordinaria esta anécdota en la longeva vida de un escritor experimentado en estas lides, que cabalgó entre la docencia, las clases, cursos y conferencias magistrales, de no ser por un dato revelador: "fue mi primera intervención pública en mi ciudad natal". Tenía 71 años y llevaba 38 en el exilio.

Con esta cita textual quedó anotado el hito en lo que Ayala llamó Relato de mi vida, una suerte de cronología vital de este hombre joven y lúcido hasta el último aliento, que jamás perdió el interés por la actualidad e incluso se acercó a las nuevas tecnologías con una cuenta propia en Facebook donde publicaba estas píldoras a modo de ejercicio mental.

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Panorama andaluz del SEFF 2017: cómo convertir en materia filmable la realidad más cercana

Manuel Muñoz Rivas (Sevilla, 1978) vive en un difícil triángulo con vértices en Lisboa, Madrid y Barcelona. Ha trabajado como montador para el cineasta gallego Eloy Enciso ( Arraianos) y el catalán Mauro Hercé ( Dead slow ahead). Sin embargo, para el rodaje de la que es su primera película como director, El mar nos mira de lejos, ha recurrido a sus paisajes de la infancia, en la frontera entre la zona urbanísticamente más poblada de Matalascañas y la naturaleza más salvaje del Coto de Doñana. No es un caso aislado.

El mar nos mira de lejos marca un hito por ser la primera película de creador y producción andaluza que compite en la más que exigente Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF). Y sin embargo, lo hace compartiendo un hecho que se repite en la inmensa mayoría de creadores andaluces que se dan cita este año en la muestra: convertir en materia filmable su realidad más cercana, más inmediata. Encontrar la excepcionalidad en sus paisajes más recurrentes, lo menos frecuente en lo aparentemente cotidiano.

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Del drama intemporal a la comedia inclasificable: el cine español en la primera jornada del SEFF

Hacer un repaso del cine nacional que compite en la primera jornada del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) buscando denominadores comunes, orígenes coincidentes o puntos de encuentro es a veces misión imposible. Sucede con dos de las propuestas en las que más interés han puesto los programadores del SEFF en esta ocasión: Bajo la piel de lobo, de Samu Fuentes, que participa fuera de competición en la Sección Oficial; y Algo muy gordo, una delirante propuesta de Carlo Padial y Berto Romero que ha dado por inaugurada la sección Las Nuevas Olas, dedicada al cine español "más refrescante", al decir de la organización.

Estas dos propuestas han jalonado la primera jornada del SEFF, entre el drama intemporal de Bajo la piel de lobo; y la comedia inclasificable, o calificada por ese apelativo tan desconcertante como inconcreto que es el posthumor, de Algo muy gordo. Pero quedémonos aquí, porque hay en esta película algo de "humor extremo" -le llaman ellos- que la convierte en uno de los estrenos más esperados del festival.

"¿Hay otra forma de hacer comedia?". Es lo que se preguntan Carlo Padial (director) y Berto Romero (actor) en  Algo muy gordo, un falso documental que nació cuando su director trabajaba en la postproducción de Un monstruo viene a verme. "Llevaba meses encerrado en platós muy grandes, rodeado de cromas enormes, y sentí que había algo hipnótico, me daba pena que se perdiera ese tiempo previo a la postproducción, todo el tema de los arneses, los cromas… Había algo cómico allí…", recuerda Padial.

Y así, a modo de documental, se fue construyendo un guión que para Berto Romero es "un juego de espejos, de interpretarse cada uno a sí mismo pero ofreciendo una versión diferente de lo que uno es, una realidad tangencial, estos tipos que salen en la peli se parecen lo justo a nosotros mismos como para poder entender la película y que sea lo más realista posible", explica Berto, que lo encuentra todo "muy loco y muy ridículo", pero no más "que nuestras propias vidas". En una rueda de prensa tan concurrida como desenfadada, Carlo Padial y Berto Romero han estado acompañados por Carlos Areces y Miguel Noguera, que han insistido en esa idea de que "no hay tanta diferencia entre nuestras vidas y estos personajes". Entre los cromas de esta película, que es a la vez su propio making of, se rueda "la comedia definitiva", la que lo cambiará todo, la última frontera. Padial se ríe de todo y de todos, empezando por sí mismo, rebasando ya el posthumor  para lanzarse de lleno a la metacomedia.

Carlo Padial ha estado durante los últimos años al frente de su propia productora dedicada a trabajar el documental y experimentar con los formatos. Capitaneando los Pioneros del S. XXI se ha encargado también de agitar la escena cómica underground a través de vídeos de YouTube y shows en directo donde demostró su capacidad subversiva y su espíritu provocador.

Al otro lado

En las antípodas del proyecto de Padial y Romero se encuentra Bajo la piel de lobo, la opera prima de Samu Fuentes que ve la luz después de seis años de trabajo. Con Mario Casas, Irene Escolar y Ruth Díaz en sus principales papeles, el planteamiento es el siguiente: Martín es el último habitante de Auzal, una aldea entre montañas en la que vive en comunión con la naturaleza. Solo desciende a los valles dos veces al año para comerciar y aprovisionarse. Pero un día tiene un tórrido y fugaz encuentro con Joxepi, “la molinera”, que romperá sus esquemas. Un torrente de sentimientos nuevos se arremolinan en quien hasta ahora era un lobo solitario.

La película se estrenará en salas comerciales el mes de marzo, y según el director, ha entendido que, aunque fue demasiado tiempo el que pasó desde la primera lectura del guión hasta el rodaje, le dio tiempo a hacer las localizaciones "con mimo". Por su parte, Ruth Díaz ha afirmado que su personaje es una mujer que “vive sometida a los deseos del hombre, que la han educado para ello y lo vive con naturalidad, aunque lleva un secreto con ella que es crucial para el resto de la historia”.

A Irene Escolar su personaje “le cautivó” desde el principio, “por la forma de describir, por cómo estaba todo contado” y ha destacado uno de los hechos claves que definen la película. Y es que, “incluso aunque no haya diálogos hasta la página 20 del guión, hay algo en la atmósfera de la película que cautiva y te envuelve”.

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Festival de Cine de Sevilla: crisis generacional, 50 minutos y ¡acción!

Cincuenta minutos y acción. La edición número 14 del  Festival de Cine de Sevilla arrancó la noche del viernes 3 de noviembre con una ceremonia de inusitada rapidez, liviana en el contenido -menos mensajes entrelíneas, menos crítica política y social que en otros años- y dominada por el humor más blanco, menos incisivo. La televisiva Silvia Abril condujo una gala trepidante en el ritmo y colorida en cuanto a rostros conocidos que habitan las zonas más hipsters del mainstream nacional (valga la paradoja para citar a Berto Romero, Carlo Padial, David Verdaguer, Irene Escolar...).

Será ésta la tendencia que dominará esta semana de festival y de cine europeo en Sevilla, que proyectará hasta el sábado 11 de noviembre doscientas películas que van "desde el gran cine industrial a un cine absolutamente radical, desde los nombres irrenunciables a los nuevos realizadores". Así lo explicaba en la jornada inaugural su director, el programador José Luis Cienfuegos, que efectivamente ha equilibrado más que nunca en esta edición los reclamos para públicos más amplios con otros para los que aún se refugian en etiquetas como 'cine de autor'.

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Caballero Bonald, de viaje a la Argónida

José Manuel Caballero Bonald, al igual que aquellos jóvenes intrépidos que viajaron a Sevilla en 1927 para homenajear a Góngora, forma parte también de una foto histórica. Fechada en el último año que da nombre a su generación poética, la de los 50, la imagen está tomada en Collioure, al Sur de Francia, la ciudad que es el santuario laico de media España desde que muriera allí, derrotado y vencido, don Antonio Machado.

Aquellos que se reunieron en Collioure para honrar al padre de todos los poetas posteriores son ya hoy parte de la historia de la literatura española. Constituyen la espina dorsal de un grupo poético que unió el respeto por la palabra, el delicado cuidado por el lenguaje, con el compromiso social. Sus nombres son José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald. Todos fueron hasta la tumba de Machado para consagrarse a su poesía y su vida, pero también fueron, como no podía ser de otro modo, para mostrar de una manera absolutamente sublime su rechazo a la dictadura de Franco.

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El Festival de Cine de Sevilla entregará su máximo galardón a los hermanos Taviani

“El más vanguardista, de autor y menos ortodoxo” de los festivales. Con esas credenciales -en palabras del delegado municipal de Cultura en Sevilla, Antonio Muñoz- se ha presentado en Madrid la próxima edición del Festival de Cine Europeo de la ciudad, una muestra que pendula entre el cine de autor y aquel otro más joven e independiente que emerge en las zonas periféricas de la industria. Arropados por un nutrido grupo de cineastas y actores que se verán las caras en noviembre en Sevilla -lamentablemente, con una única presencia femenina, la de la veterana Kiti Mánver-, los responsables del SEFF habían guardado para este acto una de sus mejores y más atractivas sorpresas: la concesión del Giraldillo de Honor, máximo galardón del certamen, a los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, leyendas del cine italiano y, por extensión, europeo.

En presencia de Carlos Marqués-Marcet (director de Tierra firme), Carlo Padial (Algo muy gordo), Samu Fuentes (director de Bajo la piel de lobo), Agustín Díaz Yanes (director de Oro), Raúl Arévalo (como actor de Oro), Manuel Martín Cuenca (director de El autor), Javier Gutiérrez (como actor de El autor), Velasco Broca y Canódromo Abandonado (equipo de la película Ayudar al ojo humano), Alonso Valbuena (Se abrirá la tierra), Miguel Rodríguez Pérez (director de La Isla), Alfonso Díaz (director de El atraco), José Manuel Gómez Vidal (director de Murillo, el último viaje) y Carlos Agulló (director de Los demás días), se dio a conocer el reconocimiento a esta pareja de hermanos cineastas, productores de todas sus películas, escritores, fieles evangelizadores del cine de Rossellini y autores entregados al arte más político, más combativo, más comprometido.

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José Luis Gómez, el carácter germánico de Andalucía

A Andalucía se la guardaba en el corazón y en la maleta. Eran los años duros de la emigración andaluza y  José Luis Gómez, un niño de la Huelva postbritánica, azotado por la ausencia de perspectivas, se marcha a París a trabajar de camarero con la vocación teatral escondida en un bolsillo y poco más de cien duros en el otro. No sabemos si viajaba con el convencimiento -al menos con la intuición- de que volvería para salvarnos, a muchos, de la pobreza cultural, de la inanidad intelectual, en la que aún estábamos sumidos por aquella década de los 60, donde la modernidad estaba sólo, y pobremente, asociada al desarrollismo, ese primer boom del ladrillo, del turismo de sol y playa que nos alejaba, aún más si cabe, de las corrientes culturales que demostraban que Europa tenía ya todas sus puertas abiertas.

Aún era pronto para saber que José Luis Gómez habría de volver para abrirnos fronteras e introducir nuestros escasos bagajes teatrales en la vanguardia europea más renovadora y audaz que ha dado la historia del teatro. Y es que, del París de terrazas y barras de bar salta el joven Gómez a Alemania, donde, además de continuar con su formación en la hostelería, cristaliza lo que se había venido fraguando como algo irremediable: decide ingresar en el Instituto de Arte Dramático de Westfalia, aprende alemán en tiempo récord y acaba por adueñarse de los secretos de la alocución teatral germana. 

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Salvador Távora, el dolor de ser andaluz

Recuerda emocionado Salvador Távora (Sevilla, 1934) una primera vez decisiva. Fue un estreno, un debut que nada tendría que ver con su condición de dramaturgo, de director de la compañía de teatro La Cuadra, la que vendría a revolucionar, en la década de los 70, las artes escénicas nacionales aunando la cultura popular andaluza con el cosmopolitismo de las vanguardias del siglo XX. Era una primera vez que tendría que ver con su compromiso social y político, el de depositar su voto “blanco y verde” en una urna. Era 1979 y ya estaba abierta la puerta a la Democracia en España. “Mi teatro no hace andalucismo. Intenta hacer Andalucía”, contaba ya entonces a los medios de comunicación el dramaturgo y el poeta, el niño proletario, obrero en las fábricas textiles de Hytasa, torero fugaz y cantaor breve, el hombre que ha llenado los teatros más importantes del mundo.

En España se abrieron las ventanas, como decíamos, en los primeros años de vida de La Cuadra y comenzó a entrar el aire regenerador de la libertad. Por primera vez en cuarenta años los españoles fueron a votar. Primero la Constitución, y más tarde, en ese imborrable primero de marzo de 1979, las elecciones democráticas al Parlamento español, que dieron la victoria a Adolfo Suárez. “La gente había dejado de escuchar Radio Pirenaica, y en plena campaña electoral para las primeras elecciones municipales, que tenían que celebrarse el 3 de abril, Salvador Távora, en Bruselas, trabajaba con gentes de la emigración para representar su montaje Andalucía Amarga, que se estrenaría el 25 de abril de 1979 en el II Festival de Kaaitheater Chapelle des Brigittines de Bruselas”, recuerda la escritora sevillana Eva Díaz Pérez, biógrafa del dramaturgo en el vibrante relato que es el libro Salvador Távora. El sentimiento trágico de Andalucía (Fundación José Manuel Lara).

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Antonio Gala: Viva Andalucía Viva

Asegura su secretario personal que "hablar de Andalucía es lo que más le puede gustar a don Antonio". Es una conversación tan breve como ceremoniosa, cargada de bellos formalismos y gestos de cortesía que sorprenden en este tiempo de postverdad donde la corrección política no se corresponde, paradójicamente, con las normas de educación que ordenan y dan sentido al entorno del escritor. "El señor Gala está prácticamente retirado de la vida pública", prosigue, amable, el asistente del autor andaluz más leído de las últimas décadas, para explicar su silencio ante los requerimientos que nunca cesan en torno a su compleja personalidad: una figura sin duda poliédrica de la que hoy destacamos uno de sus planos quizás menos transitados, su andalucismo militante.

Porque, si bien ahora Gala ha recuperado ese espíritu silente del que fuera Cartujo durante un breve periodo de su vida, no siempre fue así. Su compromiso cívico, su voz crítica y su conciencia social, apegada a la tierra, convierten a este cordobés nacido en Brazatortas (Ciudad Real) en uno de los autores más completos e inabarcables de su generación. Poeta, dramaturgo, novelista, ensayista, articulista, guionista de cine y televisión, y, además, personaje público que con la pluma como afilado estilete se ha convertido también en un agitador social y un fustigador de conciencias desde todas las tribunas mediáticas a las que se ha asomado durante los últimos sesenta años.

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