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Jesús Ortiz

Tras muchos años trabajados en empresas de comunicación, dirige la editorial milrazones, traduce libros regularmente y enseña en un máster internacional sobre gestión de industrias culturales.

Infinita y continuamente creando

Piden que hable aquí de Cantabria. A mí me gusta complacer, pero es que además me lo han puesto fácil. Me sugieren que hable de la pesca con mosca, de los afluentes del Orinoco, o de los cultivos trasgénicos, y ¿qué podría decir? Prácticamente nada: son temas que ignoro a fondo. No es que de Cantabria sepa mucho, no. Pero Cantabria es infinita. Y eso es una ventaja maravillosa porque, aun sabiendo poco, hay tanto que contar (infinito, para ser preciso), que algo que le sea familiar a uno ya da para algún que otro artículo.

Habiendo vivido muchos años fuera de Cantabria ignoro bastante de su historia, porque no la tengo actualizada. Sí; contra lo que pudiera creerse, lo que un pueblo dice de sí mismo va variando con el tiempo, para adaptarse a las circunstancias. Lo que los individuos recordamos de nosotros mismos también evoluciona, como se ha demostrado muchas veces.

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¿Sirven para algo las editoriales?

—Si los autores tienen que aprender márqueting, ¿para qué quiero yo una editorial?

Más de un editor botó sobresaltado en el asiento, en la magnífica Alhóndiga de Bilbao, al oír la pregunta tras la conferencia inaugural de la jornada «El autor en el nuevo mundo de la edición», el pasado viernes 15. Es el cuarto año en que la Asociación de Escritores de Euskadi organiza un encuentro que permite a sus asociados enterarse de lo que está pasando en el sector, directamente de profesionales implicados…, y también decirles a estos profesionales cosas que ignoran, como la pregunta sugiere.

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Me sé un nial

Entonces estaban las cosas que sabías y las que te aprendían. Sabías, pinto el caso, dónde había un nial, y era un conocimiento tuyo, que lo habías descubierto explorando, y guardabas cuidadosamente, cuidando que no se filtrara, aunque no pudieras evitar fardar: «¡Me sé un nial…!» Pocas cosas podían demostrar que confiaras más en alguien que enseñarle el nial.

Era el antiguo interés por los pájaros y otros bichos; el antiguo interés de los cazadores-recolectores que la Humanidad ha sido colegiadamente hasta hace 10.000 años, y cada uno de nosotros por nuestra cuenta hasta que nos ponían el pantalón largo. Ese interés nos enseñó a controlar el tiempo, el paso de las estaciones: «Marzo, nialazo; abril, hueveril; mayo, pajarayo; y por san Juan, cógelos por el rabo, que ya se van». En la escuela en cambio nos enseñaban el paso de las estaciones de modo abstracto, sin demasiada relación con lo cotidiano. Eso y muchas cosas más, claro, cada día algo nuevo, había muchísimo que aprender.

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Ellos y nosotros

Uno puede ser forofo de un equipo de fútbol. O de otro. O de ninguno, según le venga en gana. Típicamente uno es del equipo de su pueblo, y nadie espera que justifique racionalmente esa preferencia. Incluso científicos, gente obligada en su actividad diaria a explicar por qué defiende una afirmación y no la contraria, pueden amar a un equipo de fútbol y no dar ninguna explicación: todos entendemos que es un espacio aparte, este del afecto irracional, y que un físico hincha del Betis puede tener tanta razón en una disputa profesional como otro aficionado del Sevilla. Y la misma que un tercer físico al que no le interese el fútbol en absoluto.

Casi todo el mundo ha cambiado de novio alguna vez, con menos frecuencia de cónyuge. Se cambia de profesión. Hay quien cambia de país, de nacionalidad. Pero suele ocurrir que quien nace del Atlético de Dondecristoperdiólaboina lo siga siendo hasta su muerte, aunque a veces se haga del Barça o del Madrid como segunda opción. Y se ofende enérgicamente si alguien duda de su fidelidad a sus colores.

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Chorizos y literatura

Todos conocemos más nombres de presos que de guardianes, ¿verdad? Cervantes, Mandela, Al Capone, Mario Conde, Pantoja… Es comprensible: hay muchísimos más presos que guardias, y además los primeros con frecuencia llegan a serlo por hechos notables y variados, mientras que los segundos adquieren su categoría por una razón tan respetable como vulgar: ganarse la vida.

Pero a veces los guardianes son noticia, como el pasado martes: «Funcionarios de prisiones reparten chorizos en Santander para denunciar el “déficit” de personal».

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La ingeniería inversa de la felicidad

Más de una vez he oído poner la de Heinrich Schliemann como ejemplo de vida feliz. Hay buenas razones, desde luego: nació pobre e hizo mucho dinero; era desconocido y fue famoso hasta lo inverosímil; soñó con algo imposible y lo consiguió.

De pequeño su padre le leía La Ilíada, y él preguntó dónde estaba Troya. Su padre se rió y contestó lo que por entonces creía todo el mundo: que aquello era ficción, un invento de Homero. El niño decidió que aquel relato tenía que ser cierto y que él encontraría los restos de Ilión para demostrarlo.

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Coz, Leño y Azabache

Una noche de viernes, en el verano de 1978, vio la culminación de los esfuerzos de unos amigos que años antes habíamos compartido pupitres en el instituto, entre los que recuerdo seguro a Gelín Aedo y Vicente Carballido. Los esfuerzos iban dirigidos a convertirnos en promotores musicales. Partíamos con ninguna experiencia empresarial, pero grandes conocimientos en el tema de la música: contratamos a los rockeros Coz, Leño y Azabache. Que éramos unos especialistas quedaba claro porque nadie más que nosotros había oído hablar de ellos (o casi).

Alquilamos el polideportivo de los escolapios, obtuvimos una licencia municipal, imprimimos unos carteles (creo recordar que en la imprenta América, de Gonzalo, en Daoíz y Velarde). Recibimos a los músicos, los paseamos por la ciudad, ayudamos en la descarga y montaje del equipo, los llevamos a cenar… resistimos el empeño de Rosendo Mercado en que le llamáramos Florfondo, nos reímos, bebimos…

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Un lagarto resucita en Papúa

El mercante Rey Jorge IV se hundió frente al cabo de Buena Esperanza en junio de 1824, a causa de un temporal. Los náufragos llegaron a una playa en bote, salvando la vida aunque ninguna de sus pertenencias. La mercancía perdida era principalmente azúcar, algodón y clavo, pero el barco también transportaba algunos especímenes para su estudio científico, entre ellos un varanus douarrha, un tipo de lagarto cuyo pariente más conocido es el dragón de Komodo. Un naturalista había descrito la especie poco antes, pero la comunidad científica nunca había tenido un ejemplar que observar. Y había habido sugerencias de que en realidad se trataba de varanus indicus o varanus finschi: es decir, el estatus del varanus douarrha como especie independiente de otras próximas era bastante dudoso.

Algunos años después, en 1852, el barco en que Alfred Russel Wallace regresaba a Inglaterra se incendió y hundió, arrastrando con él 20 cajas de especímenes. Y no ha habido más ejemplares de varanus douarrha que observar.

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El médico y la emperatriz

"¿Que le duele ahí? ¡Qué va, mujer! Ya le digo yo dónde tiene que dolerle"

La emperatriz Wu Zetian recibe al embajador plenipotenciario de la Sociedad Psicoanalítica Vienesa, Sigmund Freud, ante toda su corte. Con un gesto de la mano le ordena acercarse. Olfatea:

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Póker de ases: Kichi, Monedero, Iglesias y Fernández Díaz

Hace apenas meses la policía española protestaba porque en su formación se sustituyera la Constitución por el catecismo (La policía pide menos Catecismo y más Constitución en su formación). Eran los tiempos del anterior ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, que también condecoraba Vírgenes. Estas condecoraciones, que Le Monde calificó de "un atentado contra el carácter aconfesional del Estado", fueron muy cuestionadas, y dos organizaciones laicistas, Europa Laica y MHUEL, las recurrieron judicialmente.

El otro día Kichi, el podemita alcalde de Cádiz, le ha dado la medalla de oro de la ciudad a la Virgen del Rosario. Por si acaso alguien se extraña o, quién sabe, incluso se ofende, el teórico Juan Carlos Monedero nos explica que es completamente distinto que Jorge Fernández Díaz le ponga una medalla a una Virgen a que Kichi se la ponga a otra. (¡Ahí va, la virgen!) Como buen retórico, arranca con una frase que podemos suscribir todos sin problemas: "No es lo mismo que un rico se burle de un pobre a que un pobre haga unas risas con la pobreza". De ahí pasa a afirmar que hay una Virgen de los humildes: al parecer, a esta sí se la puede condecorar sin violentar el carácter de nuestras instituciones, declarado laico en la Constitución, según Monedero.

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