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Artistas, peregrinaciones gitanas y la opulencia de los papas, en la Provenza

En Saintes-Maries de la Mer, a finales de mayo, tiene lugar el mayor peregrinaje gitano de Europa

El parque natural de la Camarga, donde el Ródano forma un delta y va a morir al mar, da cobijo a una de las poblaciones de flamencos más numerosa en el continente europeo

Vincent Van Gogh se instaló en Arle a finales del s.XIX, en el barrio de los burdeles, y llegó a producir hasta 300 obras en esta zona del sur de Francia

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Playa de dunas de Saintes Maries de la Mer.

Playa de dunas de Saintes-Maries de la Mer. JUAN CARLOS TEJERINA

Vestigios romanos, villas medievales, luchas papales y una naturaleza para ser disfrutada se conjugan en el sur de Francia, en la Provenza. Seguramente todo ese atractivo sensorial y cultural, además de gastronómico, con una gran variedad de quesos y vinos, es lo que sedujo a varios artistas que se enamoraron de esta zona, como Van Gogh, Picasso o Cézanne.

El peregrinaje gitano

Igual algo de esa magia es lo que ha convertido a una de sus poblaciones en un lugar místico que recibe el mayor peregrinaje gitano de Europa. Miles de kalé, lovari, sinti, kalderash y manouche de todas partes del mundo llegan el 24 de mayo a Saintes-Maries de la Mer para rendir homenaje a su patrona, Santa Sara Kali, la virgen negra. Durante el año está guardada en la cripta de la Iglesia Nôtre Dame de la Mer, un templo fortificado, cubierta de mantos de diferentes colores que los gitanos le confeccionan como ofrenda. El 24 la sacan en una gran fiesta y, en procesión, la llevan hasta el mar, una playa de dunas que se conserva todavía bastante virgen y que pertenece al parque natural de la Camarga, y allí acaban muchos metidos en el agua.

El nombre de Saintes-Maries de la Mer, santas marías del mar, proviene de una leyenda que dice que María Salomé y María Jacobé, junto con su esclava Sara, llegaron allí en barco después de un largo viaje desde la Tierra Santa, huyendo de los ataques contra los cristianos.

Marismas dentro del Parque de la Camarga, cerca de Saintes Maries de la Mer.

Marismas dentro del Parque de la Camarga, cerca de Saintes Maries de la Mer. ALICIA FÀBREGAS

Lo que es irrefutablemente cierto es que aquella zona, especialmente las marismas que se encuentran dentro del parque de la Camarga, en el delta del Ródano, tiene un halo especial. Allí se puede ver, al atardecer, una de las mayores poblaciones de flamencos de toda Europa. Para descubrirlo solo hace falta perderse por sus incontables caminos y contemplar esas llanuras áridas y fértiles a la vez, llenas de matorrales, humedales y arena agrietada.

Toros y pintores

Un poco más al norte se encuentra Arle, que ha convertido uno de sus monumentos más emblemáticos en una gran plaza de toros por donde han pasado leyendas españolas como el Juli o el Cordobés. Es el anfiteatro romano, donde durante décadas lucharon a muerte los gladiadores y que en 1981 se convirtió en Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. De hecho Arle es el epicentro taurino del sur de Francia, tiene hasta una gran fiesta dedicada a ello que se alarga varios días y que tiene lugar en Semana Santa. Se dice que Picasso la frecuentaba, acompañado de amigos como el poeta Jean Cocteau.

Anfiteatro romano de Arle.

Anfiteatro romano de Arle. ALICIA FÀBREGAS

No eran los únicos artistas que disfrutaron de esta ciudad. Vicent Van Gogh se instaló aquí a finales del s.XIX, en un hotel-restaurante situado en el barrio de los burdeles. Afirmaba que había llegado en busca del color, la luz y la belleza de la naturaleza de esta parte del sur de Francia y la inspiración fue tal, que llegó a realizar más de 300 obras. La importancia que tuvo el paso del artista por esta zona ha quedado plasmada en la ciudad y hasta en el del puente sobre el canal que va de Arles a Port-de-Bouc, rebautizado como Puente Van Gogh, que el pintor inmortalizó en uno de sus cuadros.

Bares y calles de Arle.

Bares y calles de Arle. ALICIA FÀBREGAS

La opulencia de la Curia Pontificia

Durante cerca de setenta años, entre 1309 y 1377, Avignon se convirtió en la Santa Sede, reemplazando a la romana. A principios del siglo XIV Italia se encontraba inmersa en una situación de luchas e inseguridad. Eso sumado al enfrentamiento entre el papa Bonifacio VIII y el rey de Francia, Felipe IV, hacen que todo estalle, el papa sea substituido por Clemente V, sumiso al monarca francés, y el papado se traslade a Avignon. Él fue quien, por presiones de Felipe el Hermoso, inició la persecución de los templarios, se dice que en parte para hacerse con las riquezas de esa Orden.

Palacio de los Papas, en Avignon.

Palacio de los Papas, en Avignon. ALICIA FÀBREGAS

 

A ese periodo se le conoce también como el “segundo cautiverio de Babilonia”, porque fueron muchos los que criticaron la riqueza y la opulencia de la Curia en Avignon, que contrastaba con los supuestos valores de humildad de la Iglesia, algo que se puede intuir visitando el Palacio Papal. Para que los papas dispusieran de una residencia, en 1335, fue el papa Benedicto XII quien empezó a construirlo, el palacio gótico más importante de Occidente en la Edad Media. Sorprendentemente, el enorme edificio tardó menos de veinte años en terminarse y ahora sus rincones están abiertos al público, para que el visitante se pueda hacer una idea de cómo fue la vida de los seis papas que residieron allí mientras mantuvo la categoría de Santa Sede, los festines, la rica decoración de los dormitorios...

Pero Avignon también es naturaleza. Erigida a orillas del Ródano, se asienta frente a una isla de una belleza salvaje impresionante, la Isla de la Barthelasse. Con varios campings, restaurantes en la riba del río, campos extensos, grandes arboledas, carreteras de película y casas privilegiadas.

Puente Saint Bénezet, en Avignon.

Vistas a la isla de la Barthelasse. ALICIA FÀBREGAS

Vueling vuela de Barcelona a Marsella.

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