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Estocolmo, la ciudad que se refleja

Con 14 islas conectadas por 57 puentes, Estocolmo constituye un archipiélago urbano único en el mundo

Debido a su cercanía con el círculo polar ártico, los días de verano en Estocolmo se pueden prolongar hasta medianoche

Fue la primera ciudad en ser designada ‘capital verde europea’ por la Comisión Europea, el año 2010

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Puerto de Estocolmo.

Puerto de Estocolmo. ARNAU MARGENET

Estocolmo nació a la defensiva. Allí por el siglo XIII, un militar al servicio de la corona de Erico XI Eriksson llamado Birger Jarl, levantó un fuerte entre el mar Báltico y el lago Malären a fin de frenar las sucesivas tentativas por parte de las flotas extranjeras de invadir territorio sueco, y también la piratería, modus vivendi habitual entonces. Así, entre escaramuzas vikingas y pillajes acuáticos, emergió del profundo estrecho la que hoy se considera una de las ciudades más cosmopolitas de la Europa meridional.

Bañada de agua y luz, Estocolmo se ha asentado en nuestro imaginario como ese lugar al que uno acude de forma casi reactiva cuando piensa en la ciudad ideal. Arte moderno y gastronomía de vanguardia, arquitectura miscelánea que funde lo viejo y lo nuevo, naturaleza y urbe en simbiosis –Estocolmo fue designada la primera ‘capital verde europea’ el año 2010–, puentes y agua por todas partes que desdoblan la ciudad en reflejos, y una luz breve pero intensa y circundante que salpica cada rincón de la apodada ‘Venecia del Norte’, hacen de esta ciudad un destino ineludible para cualquier viajero que se precie.

Un archipiélago urbano y verde

A través de sus 14 islas, interconectadas a su vez por 57 puentes, Estocolmo es un archipiélago urbano muy bien comunicado que invita a saltar de losa en losa y dejarse sorprender por su belleza y su infinitud de lugares interesantes que visitar.

Tal vez la visita a la isla de Gamla Stan sea, por historia y poder de citación entre los turistas que llegan por vez primera a la ciudad, la más ineludible de todas. Este barrio compuesto de edificios color ocre y callejuelas adoquinadas es la cuna de la capital sueca y acota gran parte de su casco histórico. Perderse por su callejero es sumergirse en la historia de la ciudad, disfrutar de su colorida paleta cromática y de las tiendas de artesanía, y, si el tiempo acompaña, uno puede sentir cómo la vida aflora en esta isla con más fuerza, alimentada por los espectáculos ambulantes y la música de calle.

 

La plaza de Stortorget, en la isla de Gamla Stan.

La plaza de Stortorget, en la isla de Gamla Stan. ARNAU MARGENET

 

Asomarse a Gamla Stan puede ser también una oportunidad para asistir a uno de los reclamos más típicos de la ciudad como lo es el cambio de guardia que cada mediodía tiene lugar en el Palacio Real. Y menos rimbombante pero no menos curioso es pasarse por la calle Marten Trotzigs Grand, que con sus 90cm de ancho es la más estrecha de todo Estocolmo.

La cultura como paisaje

Pocas ciudades pueden presumir de un acervo cultural como el que posee y exhibe Estocolmo. Una horquilla que abraza desde los vestigios de la cultura vikinga sobre la que se fundamente la historia del país, al arte contemporáneo que se desarrolla dentro y fuera de sus fronteras.

Uno de los museos más frecuentados es el Moderna Museet, situado en la isla de Skeppsholmen. Abierto el año 1958, el edificio es obra del arquitecto español Rafael Moneo y es el principal museo de arte moderno y contemporáneo de Suecia teniendo en su haber obras de Dalí, Matisse o Picasso. Precisamente del pintor malagueño fueron las obras que en 1993 unos cacos robaron del Moderna Museet, de las que sólo se recuperaron tres. Además, la isla de Skeppsholmen ofrece a su vez otros estímulos artísticos, como el jardín Paraíso, dónde poder admirar las piezas escultóricas de Jean Tinguely y Niki de Saint Phalles.

Justo en frente de Skeppsholmen encontramos la isla de Djurgarden, una de las zonas más atractivas en lo que a oferta lúdica se refiere. A pocos metros entre si encontramos el recinto de Skansen, el primer museo al aire libre que se abrió en Suecia hace ya más de un siglo, el parque de atracciones Gröna Lunds con su espectacular tío-vivo o el peculiar Museo Abba, para regocijo de los fans de la mítica banda sueca.

 

El parque de atracciones Gröna Lunds.

El parque de atracciones Gröna Lunds. ARNAU MARGENET

 

Basta darse una vuelta por aquí para entender que Estocolmo se levantó sobre el agua, y que éste es un elemento omnipresente e indisociable a la ciudad y a sus orígenes. Por algo se la conoce como ‘La Venecia del Norte’. Es lógico imaginar, pues, que en las entrañas de la ciudad se esconde una inagotable fuente de epopeyas marítimas. Pero nada más lejos de realidad: uno de los eventos históricos que mejor se conserva en la imaginería sueca es el naufragio del Vasa, un majestuoso navío de guerra que allí por el siglo XVII era buque insignia de la flota real y que terminó zozobrando de la forma más penosa: por una sobrecarga de peso. 300 años aguardó sedimentado en el fondo de la bahía de Saltsjön antes de ser recuperado. Ahora, más de tres siglos después, uno puede acercarse al Vasamuseet y alucinar contemplando de primera mano la imponente nave, descubriendo a través de ella –como si fuera un vivo testigo de su forja– la historia de la ciudad.

 

Estocolmo reflejado.

Estocolmo reflejado. ARNAU MARGENET

 

Un lugar de Nobel

Y para lugar histórico –aunque por razones más cercanas a nuestro tiempo–, el Stadshuset; es decir, el Ayuntamiento de Estocolmo. Lo que hace especial este consistorio construido a principios del siglo XX es que, durante una vez al año, uno de sus salones se engalana para acoger la ceremonia de los premios Nobel. Un espacio cargado de magia en el que a uno le da por pensar en la virtud humana y en los hitos de la humanidad que han fraguado nuestro mundo.

Una buena época para viajar a Estocolmo es durante la estación de verano. Debido a su cercanía con el polo ártico, el visitante puede disfrutar del llamado ‘Sol de medianoche’, un peculiar fenómeno natural que permite disfrutar de la luz del estío incluso cuando el reloj ha recorrido su vuelta diaria.

Difícilmente uno puede experimentar todo lo que esta ciudad tiene que ofrecer a quien la visita por primera vez. Eso sí, basta una sola vez para que a uno le embargue el deseo irrefrenable de volver.

Vueling vuela de Barcelona a Estocolmo.

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