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De la India a los Estados Unidos pasando por casa

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Estos días hemos comprobado como en la India se viola a una mujer y fácilmente el o los agresores evitan la pena correspondiente. Al mismo tiempo, leo una carta del granjero Sam Zwenger de Hays, Kansas, EUA, en la revista The Sun (núm. 442, octubre 2012), que en resumen dice que odia la revista porque hace pensar demasiado a su esposa:Aquí no nos gusta que nuestras mujeres piensen. Tienen que subordinarse a sus maridos y serles leales […] ¿Es que sois antiamericanos o qué? Os odio ”. (Sí!, sí!, 2012 y Primer Mundo.)

Simultáneamente, creamos planes de igualdad, políticas de cuotas para regular la representación desigual de hombres y mujeres en órganos de gobierno, pero el trato diferencial por razones de sexo persiste. La discriminación de una parte de la población –en formas variadas– sigue legitimándose aunque sea  sutilmente y a veces de manera inconsciente.

¿Por qué consideramos que hay unos colectivos menos o más que otros? ¿Qué razones explican la minusvaloración de una visión femenina en determinados ámbitos? Los beneficios del lado dominante son claros, pero ¿qué obtienen de ello los hombres y las mujeres que sin actuar autorizan con su silencio? ¿Qué nos ahorramos cuando callamos?

Vivir en la fantasía que hay un colectivo o un individuo más potente o poderoso que otros tiene un coste pero también un beneficio. Si es cierto, este individuo nos salvará de las dificultades y su existencia nos permite creer que hay certeza en algún otro lado. Ahora bien, si destruímos la fantasía de omnipotencia o omnisciencia de unos, también tenemos que aceptar la complejidad, la incapacidad y la inseguridad.

A la vez, si dejamos de creer en la superioridad de unos, tenemos que admitir que nadie es imprescindible pero que todos somos necesarios, y entonces tenemos que aceptar la corresponsabilidad de lo que ocurre.

Y ay!, esta maldita corresponsabilidad!, que si la asumimos nos hace tener que levantar de la silla confortable, tener que mirar más allá de nuestro ombligo, nos hace tomar el riesgo de actuar y equivocarnos y nos hace tomar la molestia de influir y hacernos más visibles con nuestras fortalezas y también con nuestras debilidades…

Y ay!, que todo esto no resulta nada fácil cuando algunas y algunos hemos aprendido y nos han enseñsdo que ser significativos en determinados ámbitos “no nos toca”, que ya hay otros más preparados, fuertes o capaces solo por su condición innata…

Y así nos va a todos… Hace poco la regidora de Igualdad y Derechos Civiles de Barcelona, Francina Vila, decía en la presentación de la campaña Corresponsabilidad 100% que en estos momentos tenemos la mejor generación de mujeres formadas, y este talento no nos podemos permitir perderlo, y menos en momentos de crisis como el actual ”.

Así ¿qué?, empezamos por nosotros? Tanto hombres como mujeres, ¿qué talento nos hemos callado o guardado para otro momento y hemos dejado de aportar a los otros hoy?

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