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Nadie es más que nadie

Pese a todo, es posible reivindicar valores y objetivos propios de una izquierda solidaria, fraterna y federal, como medio para salir de la situación en la que nos encontramos. Hay razones para poder invertir esta situación de ofensiva nacionalista

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Los acontecimientos vívidos en los últimos meses, que amenazan con consolidar la fractura social entre las clases populares de Cataluña, están dando alas a los sectores más peligrosos de la derecha española y ponen de manifiesto la incapacidad de gran parte de la izquierda para definir y poner en práctica propuestas de convivencia solidarias y federales.

Consideramos que los sucesos del 6 y 7 de septiembre, con la convocatoria ilegítima de un falso referéndum, con la aprobación de las leyes de transitoriedad y desconexión, supusieron la ruptura unilateral del sistema democrático en Cataluña. Tal ruptura quedó puesta de manifiesto por el procedimiento de aprobación de las normas citadas, saltándose la legalidad, impidiendo el debate, y laminando los derechos de la oposición parlamentaria, que ostentaba la representación de la mitad del electorado.

La peor consecuencia de esa ruptura de la democracia fueron los sucesos del 1 de octubre. El bloque secesionista mantuvo una convocatoria sin legitimidad y sin garantías, contraria a cualquier votación democrática. El Gobierno del Partido Popular (PP), utilizó injustificada y deliberadamente la represión contra muchas de las personas que acudían a la convocatoria del falso referéndum. Ambas actuaciones se enmarcan dentro de la espiral acción reacción que busca el bloque secesionista para encontrar justificación a sus pretensiones, al no existir ninguna opresión nacional que las avale. También son expresión de la política del Gobierno del PP, interesado en potenciar respuestas que le permitan envolverse en la bandera que esconda tanto sus políticas liberticidas y antisociales, como su corrupción estructural.

Tras el 1 de octubre, y pese a la evidencia de los resultados, un 43% de participación y un 36% del censo electoral a favor de la independencia, según la propia Generalitat, y del propio procedimiento, un referéndum sin garantías democráticas según los observadores traídos también por la Generalitat; el bloque secesionista escaló el conflicto, buscando el ocultamiento de la ciudadanía no nacionalista, intentando el choque con el gobierno central para aparecer ante la Unión Europea (UE) como una nación agredida y oprimida.

Los resultados son conocidos, tras la definitiva Declaración Unilateral de Independencia (DUI) del 27 de octubre, el Senado autorizó la intervención de la Comunidad Autónoma aplicando al artículo 155 de la Constitución; en base a esa intervención, Rajoy convocó inmediatamente elecciones autonómicas en Cataluña para el próximo 21 de diciembre. De manera casi simultánea, se han producido la apertura de procedimientos por rebelión y sedición contra el cesado Gobierno de la Generalitat y contra la mesa del Parlament.

Valoramos la DUI como el último acto del golpe antidemocrático dado por el bloque secesionista, golpe que suspendió y desnaturalizó la legalidad estatutaria y a las propias instituciones autonómicas. La intervención derivada de la aplicación del artículo 155 es la que permite recuperar la autonomía rota desde el 6 de septiembre mediante elecciones libres con la participación de todos los partidos. Valoramos como preocupante y desproporcionada la calificación de rebelión de los hechos cometidos por los miembros detenidos y fugados de las instituciones catalanas. El delito de rebelión es lo suficientemente grave en sí mismo y tremendamente doloroso en nuestra historia reciente como para que se pretenda aplicar sin justificación suficiente. Entre otras cosas, por la gravedad de sentar un precedente que puede ser aplicado a cualquier conflicto social de calado, conflictos inevitables en la situación de creciente desigualdad y opresión social existentes. Esperamos que el Tribunal Supremo sitúe los más que probables delitos de los imputados en sus justos términos, ya de por sí graves, más relacionados con la prevaricación y con el uso indebido de los fondos públicos que con una inexistente rebelión armada.

Queremos referirnos con gran preocupación, al que consideramos nefasto papel de la izquierda transformadora, ejemplificada por los Comunes y Unidos Podemos. Han actuado desde una falsa equidistancia que se ha traducido en la comprensión con pocos matices de la hoja de ruta secesionista. Han aceptado participar en un referéndum convocado a raíz del golpe de los días 6 y 7 de septiembre, acto que acababa de facto con la autonomía de Cataluña, convirtiendo el referéndum en movilización. ¿Movilización de quién, de quiénes? ¿Qué ha habido de emancipatorio, de democrático, en la exaltación nacionalista que se ha vivido en Cataluña estos meses, estos años, hasta el 27 de octubre? ¿Qué agravios se enfrentaban? ¿Dónde estaban los problemas de desigualdad, corrupción, violencia social, patriarcado? ¿Dónde estaba esa parte de la sociedad catalana, la gran mayoría perteneciente a las clases populares, ajena a una fractura inducida por las elites que han gobernado siempre Cataluña? ¿Dónde estaban las gentes que votaron a los Comunes el 20 de diciembre de 2016? Estaban en buena medida en las manifestaciones del 8 y 29 de octubre, intentando salir del bucle identitario y secesionista al que se han rendido los Comunes.

Desgraciadamente, Unidos Podemos ha extendido esta actitud irresponsable al resto de España. Su confusión fundamental radica en la aceptación del discurso nacionalista, catalán en este caso, de la opresión nacional. Esa confusión refleja su incapacidad para reconocer no solo la falsedad de ese discurso, también su papel desmovilizador y su deliberado objetivo de romper los lazos de unión entre los de abajo. Unidos Podemos olvida que la construcción de un proceso constituyente, la construcción de una alternativa federal y republicana, pasa por la movilización de un sujeto común que lo reivindique. Ese sujeto común debe reconocerse fraternalmente entre sí, debe priorizar lo que tenemos en común y encontrar los alientos humanos y morales de lo compartido, de los objetivos de una vida mejor. Debe compartir el dolor y la opresión común, debe huir del narcisismo, del corporativismo y de las falsas banderas.

¿Cómo se hace eso en el caso catalán y otros posibles? Afirmando la realidad de esos intereses comunes entre todas las clases populares en el conjunto de España. Afirmando que actualmente no hay ninguna opresión nacional en ninguna parte de España. Llamando a la construcción de una alternativa que iguale a las personas con independencia de donde nazcan o vivan. Desgraciadamente las políticas de Cataluña en Común y de Unidos Podemos, continúan en el camino de la confusión y del oportunismo. Siguen hablando a la vez de confederalismo y de proyecto de país, equiparan la DUI con el 155, acusan a los secesionistas de irresponsabilidad por lo que han hecho, sin decir nada de la suya al no oponerse tajantemente a la convocatoria del falso referéndum.

Pensamos que pese a todo, es posible reivindicar valores y objetivos propios de una izquierda solidaria, fraterna y federal, como medio para salir de la situación en la que nos encontramos. Que hay razones para poder invertir esta situación de ofensiva nacionalista.

Entre esas razones destacamos la respuesta de amplios sectores sociales en Cataluña contra la escalada secesionista. Las manifestaciones del 8 y el 29 de octubre expresan la existencia de un demos que no acepta el discurso supremacista e identitario, y que lo hace de forma inequívocamente democrática. Esta respuesta es la que está precisamente evitando el crecimiento de la extrema derecha españolista como reacción al secesionismo. El carácter democrático y solidario de estas marchas, puesto de manifiesto en el protagonismo de personas como Josep Borrell, Paco Frutos, y Carlos Jiménez Villarejo, y en el apoyo que sus discursos fraternos y democráticos recibieron, impide que el espacio abandonado por los Comunes sea ocupado por la extrema derecha, como desearía sin duda el secesionismo.

Queremos resaltar también, la emergencia de posiciones de izquierda claramente contrarias al discurso nacionalista, y profundamente críticas con la asunción por parte de la mayoría de la izquierda de la agenda de los nacionalismos periféricos.

Entendemos que los valores de solidaridad y fraternidad, las experiencias, afectos e intereses que comparten las clases populares en toda España, son nuestro principal punto en común, siguen siendo lo mejor que tenemos para enfrentar la realidad de la injusticia y la desigualdad. Son valores cuya aplicación permite superar la división en bloques identitarios, permite afrontar la convivencia sin mitades que sobren. Son valores que, en definitiva, nos permiten reconocernos por encima de nuestras diferencias, y aspirar a una sociedad de personas libres e iguales, en la que nadie sea más que nadie.

* Firman también esta tribuna los miembros del colectivo Juan de Mairena: Martín Alonso, Ignacio Alonso del Val, Mercedes Boix Rovira, Salvador López Arnal, Javier Merino, Lluis Roca, Yolanda Rouiller, Teresa Soler, Josu Ugarte.

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