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La pulsión de regeneración democrática ya estaba aquí desde el inicio del proceso soberanista, aunque el foco que partía del Palau de la Generalitat iluminara únicamente una bandera

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La política catalana ha pasado de la épica a la prosaica confrontación por el poder. La política ha regresado a su condición natural, el combate democrático de los partidos para alcanzar el Gobierno. O para permanecer en él a toda costa. Catalunya hacía política en mayúsculas, con grandes palabras, pero al final la política se escribe en letras minúsculas que hablan de intereses de partido, estrategias y tácticas para sacar ventaja en la lucha por el poder. Catalunya vive permanentemente entre el ‘momento histórico’, que ahora se escucha en las conferencias que pronuncian con solemnidad los líderes, y el ‘instante real’, que se juega en las sedes de los partidos.

Y después de vivir tantos meses de épica, la opinión pública se mueve entre el desconcierto, el aburrimiento o, incluso, el malestar. Los amplios sectores de la sociedad movilizados en favor de la independencia viven con estupor el pulso de CDC y ERC por el liderazgo soberanista. Artur Más abrió el fuego con su propuesta de lista única, la del país, la del President. La que debía enmascarar el declive de Convergència, lastrada por la presunta corrupción del partido (Caso Palau) y de su fundador, el ya imputado Jordi Pujol. Oriol Junqueras resistió el envite, y propuso andar el camino hacia la independencia con listas separadas. Y ahí seguirán ambos durante los próximos 30 días, mientras ERC mantenga la incógnita de si tumbará o no los presupuestos con la vista puesta en una convocatoria de elecciones en enero.

Artur Mas planteó las plebiscitarias con un único eje, el nacional. ERC introdujo el eje, derecha-izquierda y, en medio, se ha colado con fuerza otro factor, el de la regeneración democrática. La batalla electoral en Catalunya, como en el resto de España, se librará también entre los partidos desgastados por la corrupción y aquellos que mantienen la credibilidad de la limpieza democrática. Entre los primeros, CiU, PP y PSC. Entre los segundos, ICV-EUiA, CUP y Ciutadans. Y Podem, la versión catalana del partido que puede cambiar tanto el tablero de España como el de Catalunya. Después de años de contar una realidad en blanco y negro, en Catalunya-España, resulta que emerge el gris de la regeneración democrática.

La pulsión de regeneración democrática ya estaba aquí desde el inicio del proceso soberanista, aunque el foco que partía del Palau de la Generalitat iluminara únicamente una bandera. ERC tiene la posibilidad de liderar, a la vez, las ansias de limpieza democrática y las de ejercer el derecho a decidir. En esta travesía podría encontrar compañeros de viaje en la izquierda y abrir un escenario nuevo, impensable hasta ahora. El de un futuro gobierno progresista en Catalunya, con ICV-EUiA, CUP, los disidentes del PSC e, incluso, Podem. Juntos podrían ser la expresión de un mayoría social en Catalunya que reclama la construcción de un nuevo país en todos los sentidos. Es sólo una posibilidad que ahora está en el territorio de la política en minúsculas, pero que un día puede escribirse en mayúsculas. Atentos, pues, a las últimas noticias de Catalunya.

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