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CATALUNYA

Las resistencias al cambio en las municipales

Una serie de actores quieren proyectar las municipales como una batalla que supera el ámbito local, sea como un estadio previo a la pugna por la independencia o como un paso clave en la deconstrucción del modelo constituido desde 1978

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Las elecciones municipales en Catalunya deben ser un motor de cambio más allá del intercambio de alcaldías que hemos ido viendo en las últimas décadas. "La primera vuelta de las plebiscitarias", "las elecciones más importantes desde 1979", "el primer paso del fin del régimen" y un largo etcétera de expresiones de una mayoría de partidos que buscan dotar de significado especial los comicios de mayo. En esta idea confluyen casi todas las formaciones políticas excepto el Partido Popular (PP) y el Partido de los Socialistas de Catalunya (PSC) que hacen llamadas a mantener los esquemas históricos de la democracia liberal española. Lo que algunos resumen como "modelo bipartidista".

En el otro lado, como decía, una serie de actores quieren proyectar las municipales como una batalla que supera el ámbito local. Hay quien las ve esencialmente como un estadio previo a la pugna por la independencia que se dará el 27 de septiembre (CIU / ERC) y hay quien apuesta por hacer de las municipales un paso clave en la deconstrucción del modelo económico y de gestión que ha constituido la normalidad democrática desde 1978 (ICV / Podemos). También hay quien agrupa las dos ideas bastante a la vez (CUP). Estos análisis defienden, en cierta medida y dependiendo del actor que lo proponga, un escenario de ruptura a partir de alcanzar unos grandes resultados electorales. Y, sin duda, la independencia de un Estado en el contexto de crisis de legitimidad de las estructuras políticas tradicionales o voltear los nombres y las formas de aquellos que han gobernado y han llevado la estafa económica al país parecen excelentes oportunidades de ruptura.

Es por eso que cuesta entender que alguien que sea verdaderamente rupturista con el status quo pueda renunciar a uno de los dos leitmotiv de cambio que se plantean de cara a las municipales. Y no lo digo por CiU que, de hecho, de todos los actores es el que dice con la boca más pequeña que las municipales son también un tema supramunicipal. Ya sabemos que en CiU siempre han sido de cambiar decoración pero muy poco de tocar la habitación entera o de debatir cómo se reparten las estancias. En cambio, sí que sorprende la actitud de las últimas incorporaciones a la política municipal. Espacios, mayoritariamente creados en Catalunya de la mano de Podemos y de sectores cercanos a ICV que han renunciado a llevar la desobediencia ciudadana del 9N en sus programas electorales. Como si ya todo estuviera resuelto. Como si los 2 millones de personas que nos manifestamos el 11 de septiembre no fuéramos una reivindicación popular masiva que también hay que priorizar. Como si no hubiera nada que decir desde los municipios para lograr la legítima demanda del pueblo catalán. Una abstención ideológica que sabe mal afrontar cuando proviene de personas que queriendo el cambio y apelando a la fuerza ciudadana expresan tal incomprensible resistencia. Una lástima.

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