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CATALUNYA

ENTREVISTA | Nabil Sayed-Ahmad Beiruti

"El muro de rechazo que se encuentran los refugiados en Europa puede afectar mucho a su salud mental"

"La incertidumbre de futuro de muchos refugiados causa reacciones depresivas, apatía, fatiga cognitivo-emocional, mal humor, falta de atención o incluso reacciones psicosomáticas en algunos casos", apunta el psiquiatra experto en migraciones Nabil Sayed-Ahmad 

Esta es una entrevista publicada en El Diari de la Sanitat

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El psiquiatra Nabil Sayed-Ahmad en Barcelona. / © SANDRA LÁZARO

El psiquiatra Nabil Sayed-Ahmad en Barcelona. / © SANDRA LÁZARO

Nabil Sayed-Ahmad Beiruti es un psiquiatra de origen sirio instalado desde hace años en Andalucía, donde ha trabajado en servicios de Salud Mental Comunitaria en el ámbito de la migración y donde ha colaborado con la Agencia Andaluza de Salud Pública. Aunque ahora está jubilado, es miembro de asociaciones y ONG en el ámbito de la salud, la solidaridad y los derechos humanos y ha estado en Barcelona para participar en el 6º Congreso Catalán de Salud Mental, que bajo el título "Migraciones , exilio y refugio: Derechos Humanos y Salud Mental" se ha celebrado esta semana en la ciudad.

La receta, según él, para disminuir los riesgos derivados de las migraciones -uno de los objetivos del Congreso- es tan sencilla como compleja: "Aplicar el sentido común, facilitar a las personas migrantes y refugiadas la acogida y ayudarlas a recuperar la su dignidad. Todo esto son factores de salud".

¿Cómo influye un proceso migratorio en la salud mental del migrante?

Es una pregunta muy difícil de contestar. Siempre he defendido que lo que es el proceso migratorio en si no es ninguna causa de enfermedad, no es un factor patógeno, sino incluso lo contrario: es un proceso favorable, puede ser una experiencia muy enriquecedora, y lo digo por mi experiencia personal. Lo que más puede influir en el bienestar de la persona, en su salud mental, es el contexto. Si el contexto es desfavorable, de vulnerabilidad, es distinto y puede haber estrés y enfermedad.

¿Como el exilio, la búsqueda de asilo político o el refugio de una guerra, migraciones forzosas?

El caso de los refugiados es un caso de migración forzosa pero también los migrantes económicos, porque nadie quiere dejar su país. En el caso de los refugiados hay que tener en cuenta los factores incluso pre salida: vienen de un sitio hostil, donde hay violencia y ya vienen con multitraumas. Si su salida siguiera con un proceso de llegada y asentamiento favorable quizás no habría problemas vitales y los únicos que habría se podrían recuperar.

Sin embargo, la realidad es otra: rutas peligrosas, tratos vejatorios, incluso violaciones o abusos sexuales, etc. Y cuando llegan a Europa se encuentran un muro de rechazo y eso puede afectar mucho a su salud mental. Ya vienen con una serie de estresores de origen y en el camino, llevan una carga de angustia, ansiedad y frustración de expectativas muy fuerte. Esta tríada puede afectar de forma seria la salud mental de la persona, causando ansiedad, reacciones depresivas o incluso derivar en enfermedades más importantes si no se ayuda estas personas a superarlo.

Ahora muchos refugiados, muchos provenientes de Siria, incluso no saben cuál es el camino y viven en una situación de stand by permanente, atrapados en campos en Grecia.

La capacidad de resistencia de estas personas acaba terminando por la angustia, los estresores pero también por el contexto de hostigamiento, rechazo, estigmatización o de hacerles sentir culpables. He visto a gente con reacciones de suspicacia o de paranoia por miedo a ser agredidos. Incluso hay gente cercana que ha decidido volver porque prefieren morir bajo las bombas que vivir así. En los campos que todos hemos visto en la televisión... si ya vienen con múltiples traumas se les añaden más. Hay una pérdida importante de la dignidad humana y cuando una persona pierde su dignidad pierde su humanidad y toda esta capacidad de afrontamiento, de resiliencia, se resquebraja.

Nabil Sayed-Ahmad durante la entrevista

Nabil Sayed-Ahmad durante la entrevista © SANDRA LÁZARO

¿Cómo repercute en estas personas no saber qué pasará mañana?

Cuando se las trata como delincuentes o se las mete en centros de internamiento con normas rígidas, eso es muy doloroso y también lo es el proceso de espera. El refugiado busca paz y protección y cuando llega y no la encuentra, la incertidumbre va poco a poco minando la capacidad de aguante de la persona. Todo esto va causando reacciones depresivas, apatía, fatiga cognitivoemocional, mal humor, falta de atención, reacciones psicosomáticas...

Usted ha colaborado durante años con la Escuela Andaluza de Salud Pública. ¿Ha visto una evolución en el tipo de problemáticas de salud con las que se encuentran los migrantes? ¿Ha requerido esa evolución una actualización profesional para abordar nuevos problemas?

Profesionalmente pienso que los profesionales de la salud mental, especialmente la comunitaria, tenemos que estar siempre al día de los cambios sociales que hay porque requiere una forma diferente de abordaje. Sobre la evolución del tipo de problemáticas, en España es difícil de decir porque no han llegado refugiados.

Muy pocos, sí.

Al haber pocos aquí no hemos visto tanto esa evolución por la que preguntas. Pero sí que hemos visto mucho cambio en los migrantes económicos a partir de la crisis económica. La crisis ha golpeado a mucha población, sobre todo a la población débil y a la migrante, la más débil de los débiles. Con la crisis ha disminuido la cantidad de población migrante incluso. Donde yo trabajaba [Roquetas de Mar, en Almería] era alrededor de un 30% y ahora es el 25%. Gente que tenía ya su trabajo, papeles en regla, su permiso... y lo perdieron.

Hemos observado eso y que de repente estas personas viven de forma hacinada, una mayor frustración de expectativas, la angustia o el miedo ante la incertidumbre del futuro, etc. Pero sobre todo el mayor miedo es el miedo a perder los papeles. Además, con eufemismos administrativos como “situación irregular sobrevenida”.  

También hemos notado cómo esto afecta de forma distinta el migrante según si tiene un apoyo afectivo. Hemos visto un aumento de crisis psicóticas sobre todo en chavales jóvenes subsaharianos. El migrante subsahariano viene solo y ahí hemos visto mucha angustia precisamente por la falta de una red afectiva familiar. En los norteafricanos, en cambio, la migración es más tipo familiar. No se trata solo de familia nuclear sino también de tíos o tías, familia grande.

Usted ha participado en proyectos de salud comunitaria orientada a migrantes. ¿Cómo podemos definir la salud comunitaria?

Salud comunitaria significa que hay que trabajar con la comunidad, no para la comunidad. Trabajar con los migrantes y no para los migrantes. Trabajar con los recursos y hacerlo en red con los agentes formales y sobre todo no formales; con la parroquia, con asociaciones, etc. La salud es un bien común que nace de la sociedad, así que no estamos hablando de salud como ausencia de enfermedad.

¿En qué consiste el programa de acción comunitaria para mejorar la salud mental de migrantes que se implementó en Roquetas?

El programa de atención a la población inmigrante es un programa transversal, que no sustituye programas existentes; no es una red paralela, a lo que siempre me he negado. Es un programa que intenta integrar la salud mental en el conjunto de los dispositivos. Trabaja con servicios sociales de los ayuntamientos, con ONG, etc. entonces hemos formado una red donde trabajamos todos a la vez para atender los enfermos que lo necesitan. Con este programa se puede derivar directamente desde cualquier ONG o asociación, no hace falta que sea desde el médico de familia.

Sayed-Ahmad ha trabajado en proyectos de salud comunitaria con migrantes

Sayed-Ahmad ha trabajado en proyectos de salud comunitaria con migrantes © SANDRA LÁZARO

En Catalunya hace meses el Sant Pere Claver organizó una jornada para reflexionar sobre la atención a la salud mental de los refugiados. Los psicólogos y psiquiatras que participaron pedían más profesionalización en los servicios de atención. ¿Coincide en esa reivindicación?

Sí, claro, aunque tampoco hay que diferenciar mucho lo que es la atención entre refugiados y migrantes. Al fin y al cabo, lo que hay detrás son personas que sufren y el sufrimiento humano es igual en todas partes. Cuando la persona llora, llora aquí en Siria y donde sea. Y lo mismo al revés, cuando está alegre y ríe. Al menos donde yo trabajé tenemos bastante experiencia en adaptar los servicios a la diversidad cultural. Pero hay que adaptar los servicios en su conjunto, incluir un modelo intercultural, dialógico (que haya diálogo y escucha entre usuarios y profesionales).

Muchas veces tenemos el mecanismo defensivo de decir “no entiendo su cultura” o la famosa barrera lingüística, que a menudo es falsa. En Andalucía por ejemplo existe el teléfono de multitraducción, a tres bandas. Es importante no caer en la golosa trampa de crear redes paralelas porque eso es un desliz sin fin. Decides hacer una red para inmigrantes, luego otra para refugiados... llegará el momento en que querremos poner red para marroquíes, otra para subsaharianos...

La tendencia tiene que ser a la inclusión, a la adaptación de nuestros servicios a la diversidad para ir venciendo barreras culturales y lingüísticas mutuas. Por ejemplo, para el cuidado del niño sano, de la mujer embarazada, hay que escuchar y entender cómo viven en su cultura el parto y el posparto, etc. y hacer este mestizaje para asegurar la colaboración del usuario y adaptarlo. 

El objetivo del Congreso que tiene lugar estos días en Barcelona es construir propuestas capaces de disminuir los riesgos derivados de las migraciones y mejorar la convivencia y la cohesión ciudadana. ¿Qué tipo de propuestas podrían contribuir a eso?

Aplicar el sentido común, que como decía un autor es el menos común de todos los sentidos. Intentar también aplicar principios éticos, buena acogida, facilitar a las personas migrantes y refugiadas el acomodarse y la elaboración de vínculos con su contexto social nuevo sin renunciar a los vínculos con sus semejantes y gente de su cultura. Ayudarle a recuperar su dignidad, solidaridad afectiva. Por ejemplo, que no pasen cosas como denuncian algunas ONG que han encontrado dificultades de ubicar refugiados en pisos porque los propietarios no quieren alquilárselo. Evitar al máximo la retórica del miedo y facilitar la convivencia, aceptando las diferencias. Todo esto son factores de salud.

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