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Unidad y humildad: carta abierta al sector crítico de Podemos en Castilla-La Mancha

"Es una lástima que a algunos, como David Llorente, les haya faltado tiempo para arrimarse a los micrófonos y seguir con la misma cantinela (...) Tras semejante 'chorreo' (el resultado de la consulta) quien no esté de acuerdo tiene opciones"

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David García Llorente y Cristina Cancho

David García Llorente y Cristina Cancho, del sector crítico de Podemos Castilla-La Mancha Europa Press

Compañeras y compañeros, “unidad y humildad” fue el mandato de la militancia en nuestra segunda Asamblea Ciudadana Estatal. Más allá de documentos, reglamentos y protocolos, el espíritu de Vistalegre 2 fue una orden clara para los cargos, los consejos, los círculos y las personas inscritas en general.

¿La pregunta sobre el acuerdo con el PSOE podría haber sido más clara? Cierto, pero eso de que pretendía dirigir el voto es, como mínimo, opinable. ¿Se podría haber preguntado únicamente sobre el acuerdo de gobierno Podemos-PSOE? Bueno, también, puesto que casi no había voces en contra de apoyar unos presupuestos mejorados (y la consulta sobre ellos no era obligatoria). Pero quien tiene la potestad para formular consultas, de acuerdo a nuestros estatutos, es el Consejo Ciudadano Autonómico.

Sí, esas personas a las cuales elegimos entre todas para que se echen a la espalda estas responsabilidades, se metan cientos de kilómetros entre pecho y espalda cada vez que hay reunión y reciban la críticas mordaces de propios y extraños mientras el resto estamos cómodos en nuestros municipios. Y ese CCA, de forma completamente legítima, quería preguntar sobre el todo y a la vez, porque iban de la mano presupuestos y entrar en el gobierno. No hubo en esa reunión ni un solo voto en contra de hacerlo así, solo unas cuantas abstenciones. Y tampoco hay que tener una licenciatura en filología hispánica para entender la pregunta. Después de todo el debate en redes y en medios de comunicación, la cuestión estaba clarísima. 

Que nadie me malinterprete, por favor, creo que es perfectamente lógico expresar discrepancias de forma previa a la consulta, incluso durante la celebración de la misma, lo que no es de recibo es que haya personas inscritas en Podemos insistiendo en este tema después de realizar el proceso.

Quien defiende, a día de hoy, que una redacción diferente (o haber hecho dos preguntas) hubiese cambiado el resultado de la consulta, después de la aplastante victoria del sí (con casi un 80% de los votos), tiene un problema serio. Porque una cosa es no saber perder y otra muy distinta es quejarse por un penalti dudoso, en el minuto 90, cuando has perdido 4 a 1. ¡Aunque solo hubiese votado “sí” la mitad de la gente que lo hizo, también hubiese ganado esa opción!

¿Acaso hay gente que piensa en serio que miles de compañeros y compañeras son un poco faltos, o no tienen criterio, o les engañó la redacción de la pregunta? ¿En esas estamos?

Quien sigue discutiendo un resultado semejante, o tiene un problema grave de falta de inteligencia, o de sobredosis de orgullo, o no está en sus cabales. O sencillamente está en una estrategia rencorosa, de acoso y derribo permanente, que no es unitaria, ni mucho menos, humilde. Si hay otra posibilidad, no me cabe en la cabeza. Afortunadamente la inmensa mayoría de las 1.006 personas que votaron “no” han tenido el decoro de asumir el resultado sin rechistar. Es una lástima que a algunas otras, como David Llorente, les haya faltado tiempo para arrimarse a los micrófonos y seguir con la misma cantinela. 

Se puede estar en desacuerdo con la línea política que acaban de marcar las bases. Es perfectamente legítimo y entendible, ¿a quién no le ha pasado después de tantos procesos? Pero tras semejante “chorreo”, “baño”, “rodillo” o como guste de calificar cada cual el resultado, quien no esté de acuerdo tiene, a mi juicio, cuatro opciones.

La primera es la más obvia: marcharse con educación. Dar un paso atrás, o de lado. En definitiva, dejar que otras personas recojan el testigo, en Podemos hay cantera. Esta opción, además de ser la más digna, permite volver en un futuro, si el rumbo de la organización, el propio, o ambos, cambian para volver a encontrarse.

La segunda es la más democrática: acatar y trabajar en el sentido de la voluntad de la militancia. No se trata de uniformidad sino de lealtad, y se consigue si se quiere, expresando la discrepancia en las reuniones y cuando toca, no en la prensa y en las redes.

La tercera es la más satisfactoria por su inmediatez: marcharse dando un portazo y salir en redes y en medios echando las culpas de la situación a todos menos a uno mismo. De esta ya tenemos muestras. El problema es si luego quiere uno volver, pues el rechazo de quienes aguantaron estoicamente las consecuencias del desaire está asegurado.

La cuarta es la más detestable: ni acatar ni marcharse, sino quedarse como oposición permanente, prestas las zarpas a poner palos en las ruedas, rápida la lengua a criticar la gestión a los cuatro vientos. También es la más inútil, porque la militancia no perdona una actitud como la del perro del hortelano. Más tarde o más temprano, la propia naturaleza asamblearia y democrática de Podemos acaba por eliminar los elementos no deseados por las mayorías, por mucho perrillo faldero que tenga uno en su pueblo y por mucha relevancia que haya ganado, puesto que tanto lo uno como lo otro se tienen, en su mayor parte, gracias a Podemos. Y lo que Podemos da, Podemos quita. 

Para terminar, una reflexión: si tu mentalidad no pasa por aceptar las decisiones democráticas, estando en desacuerdo, tu sitio quizá no está en una organización asamblearia.

Pregúntate: ¿tienes muchas amistades de verdad? ¿Muchas personas de tu trabajo gustan de pasar tiempo contigo? ¿Sigues juntándote con gente a la que conoces desde el colegio o el instituto? Si las respuestas a estas preguntas son negativas, a lo mejor el problema no es Podemos, ni Pablo Iglesias, ni José García Molina, ni los idus de marzo. A lo mejor, compañero o compañera, puede que el problema seas tú.

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