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Burundanga: ¿realidad o leyenda urbana?

El reciente juicio a 'la manada' en Pamplona ha avivado el debate sobre la existencia de las llamadas "drogas de sumisión química".

Respondemos a Anne, lectora y socia del eldiario.es. 

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Flor de estramonio, planta de la que se obtiene la escopolamina. Foto: Liaduartervp

Flor de estramonio, planta de la que se obtiene la escopolamina. Foto: Liaduartervp

Anne, lectora y socia de eldiario.es nos escribe: "he leído en la prensa que los miembros de 'la manada' [ que están siendo juzgados en Pamplona] se plantearon usar burundanga con la chica de la que [presuntamente] abusaron. ¿Existe realmente esta droga? Se habló mucho de ella hace un par de años pero luego no se ha vuelto a comentar más, e incluso creo recordar que se dijo que era todo un cuento chino. Me gustaría que lo aclaraseis".

Se conoce como burundanga un preparado narcótico supuestamente originario de Sudamérica, especialmente de Colombia, que se realiza a base de un principio químico llamado escopolamina. La escopolamina, a su vez, se obtiene como metabolito secundario de algunas plantas de la familia de las solanaceas, como son el beleño, el estramonio, la mandrágora o la escopolia entre otras.

Se trata de una sustancia conocida de antiguo en Europa y a la que se le han dado usos tradicionalmente en farmacología para prevenir vómitos y mareos, así como colitis y náuseas. De hecho, era la sustancia que usaban los marinos antes de la invención de la biodramina. Posteriormente se ha utilizado en medicamentos contra la enfermedad de Parkinson, así como para prevenir los espasmos.

Incluso durante un tiempo se la empleó como analgésico en los partos, junto a la morfina, pero se comprobó que pasaba a la leche materna, aumentando la mortalidad infantil, por lo que su uso se abandonó. Actualmente también se la utiliza para dilatar la pupila en exploraciones médicas del ojo. Hasta aquí llegan sus aplicaciones farmacológicas. 

Burundanga y amarillismo

Sin embargo, hace unos años la escopolamina emergió en los principales medios de comunicación de España bajo el nombre de burundanga y como una peligrosa realidad que nos amenazaba con el sometimiento químico de nuestra voluntad. Se decía con reiteración que en Colombia se la utilizaba con frecuencia para someter químicamente a las personas y poder abusar de ellas sexualmente sin resistencia, o bien para robarles sus claves bancarias y obligarles a sustraer y donar todo su dinero a los delincuentes.

Se comentaba que la droga había aterrizado en España y que los casos de violaciones o robos utilizándola como arma narcótica se habían disparado. De repente la llamada "sumisión química" se colaba en los debates de la opinión pública. Incluso algunos periodistas aseguraban haber probado sus temibles efectos.

Se destacaba que bastaba que se la soplasen a uno o una en la cara para quedar hipnotizados, y lo que era peor: a las pocas horas ya no quedaban rastros en el cuerpo, con lo que no era posible presentar denuncia. Esta era la causa de que pocas veces la víctima pudiera demostrar que había sido 'embrujada' por la burundanga. ¿Qué hay de cierto en todo ello? 

Estructura espacial de la molécula de escopolamina. Imagen 3D: Amir.ahrls

Estructura espacial de la molécula de escopolamina. Imagen 3D: Amir.ahrls

Sin apenas registros

Periódicamente, la palabra 'burundanga' sigue apareciendo en titulares de prensa, pero más como un reclamo sensacionalista que como una realidad contrastada. Es cierto que la escopolamina se ha utilizado alguna vez como droga alucinógena mezclada con otros compuestos, como el MDMA, para adulterar el éxtasis por ejemplo, así como que se extrae generalmente del estramonio. Ahora bien, tal como reflejan los datos de la ONG Energy Control, dedicada a verificar la pureza de las drogas consumidas en fiestas y festivales, su presencia como adulterante es casi inexistente, al menos en su inventario de tests realizados hasta la fecha. 

Por otro lado, el médico experto en drogodependencias Fernando Caudevilla, que es miembro de Energy Control, destaca en esta publicación que tampoco las memorias del Instituto Nacional de Toxicología, así como las anuales del Ministerio del Interior, basadas en los informes de los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, dan noticia de casos de envenenamiento con escopolamina, es decir burundanga.

En resumen que, mientras la prensa parece haber dado rienda suelta a la literatura amarillista, basada en supuestos y declaraciones de miembros de servicios de urgencias de hospitales, las estadísticas oficiales no mencionan la presencia de esta droga entre las utilizadas para someter químicamente a las víctimas de abusos sexuales, extorsiones o sustracciones de dinero. Sí se citan otras drogas como las más usuales en estos casos -pues la sumisión química para cometer delitos contra la libertad sexual es una realidad en auge preocupante-, como son el alcohol, las anfetaminas, las benzodiacepinas, etc. 

Foto: Gabriel S. Delgado

Foto: Gabriel S. Delgado

Sumisión exagerada

De hecho, Caudevilla asegura que existe solo un caso en la literatura científica en la que se cite la escopolamina como droga capaz de someter la voluntad de los afectados. Al parecer,  sus capacidades se han visto muy exageradas por la prensa, y si bien sí es cierto que es capaz de alterar el estado psicológico de una persona hasta desorientarla, o incluso crearle amnesia sobre determinados periodos, está lejos de doblegar completamente nuestra voluntad hasta el punto de hacernos actuar como si estuviéramos hipnotizados.

Adicionalmente  Justo Giner, doctor en Química por la Universidad de Oviedo , destaca en su su blog que aunque la ventana de detección de la escopolamina es bastante corta, ya que dura un máximo de seis horas en la sangre y se excreta por la orina en dos días, su presencia en las uñas y los cabellos es permanente. De este modo, una persona que denunciara ser víctima de un delito de sumisión química por burundanga, podría ser verificada analizando estas partes de su cuerpo.

Finalmente, cabe destacar que la escopolamina solo puede ser utilizada en dosis muy bajas, ya que es extraordinariamente tóxica y podría resultar mortal. Además, tarda de quince minutos a una hora en hacer efecto bajo la ingestión oral, por lo que el mito de que basta con que nos la soplen en la cara para que quedemos inmediatamente hipnotizados es completamente falso.

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