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El futuro de la sostenibilidad está donde menos lo imaginas: Benidorm y la gestión digital del agua

Vista desde el mar de Benidorm, Alicante

Hace algo más de 70 años, Benidorm era un pueblo de pescadores sin rascacielos que no recibía visitas más que de algún español casual con ganas de darse un baño. Hoy, según el último informe anual de la fundación Visit Benidorm, la ciudad del litoral alicantino recibe 3 millones de turistas y alcanza más de 16 millones de pernoctaciones. 

Sus avenidas y paseos marítimos, sus gigantescos edificios, los accesos a las playas, la distribución de negocios y prestaciones públicas, son resultado de un plan de ordenación urbanística que lleva muchos años sorprendiendo a estudiosos de todo el mundo: una auténtica ciudad vertical, la segunda ciudad del mundo con más rascacielos por habitante por detrás de Nueva York y la tercera ciudad europea en concentración de este tipo de edificaciones, por detrás de Londres y Milán. 

Así que a simple vista, podríamos pensar que el impacto ambiental y la utilización de recursos de Benidorm es gigantesca. Pero no deberíamos dejarnos engañar por las apariencias. “Visto en la actualidad en comparación con los diferentes asentamientos turísticos de la costa española, cabe preguntarse si el modelo Benidorm no ha resultado ser uno de los más sostenibles del litoral español”, decían los arquitectos Carlos Ferrater y Xavier Martí, en el libro Ensayo y error Benidorm. Ferrater ha sido Premio Nacional de Arquitectura por su trayectoria y Martí por su proyecto del Paseo de la Playa de Poniente de Benidorm. Saben de lo que hablan.

Una gestión del agua que se estudia en todo el mundo

El primer indicador de sostenibilidad que puede hacer saltar las alarmas en una ciudad con este nivel de flujo de habitantes es el desperdicio de sus recursos naturales. Especialmente del agua, recurso esencial para la vida que se ha vuelto escaso en un mundo azotado por el cambio climático. Sin embargo, Benidorm ha logrado alcanzar niveles de eficiencia de hasta el 95%, frente a una media nacional con índices mucho menores debido a la antigüedad de las tuberías o la edificación contra la orografía del terreno. 

Un índice que se estudia en universidades y que ha convertido a la ciudad en un referente en este campo. Aunque no es un milagro: es el resultado de una apuesta por la tecnología y la innovación. Durante las últimas dos décadas, el Ayuntamiento de Benidorm y Veolia, la empresa encargada de la gestión del ciclo integral del agua, han destinado más de 45 millones de euros al desarrollo hídrico de la ciudad. Una inversión continuada que ha sido el pilar sobre el cual se ha construido un modelo de desarrollo turístico que, de otro modo, habría sido insostenible ante los retos climáticos actuales.

La renovación sistemática de las redes de tuberías de la ciudad han permitido una robusta infraestructura física que representa solo una cara de la moneda: la otra es la inteligencia del diseño de su gestión. El modelo de Veolia se apoya en una digitalización avanzada y una monitorización constante que permite detectar fugas en tiempo real, mucho antes de que se conviertan en averías mayores que desperdician cantidades ingentes de agua.

Invertir, innovar, invertir, innovar

“Frente a la destrucción sistemática del litoral con urbanizaciones invasivas, con inmensas ciudades fantasma, con el consiguiente esfuerzo para mantener infraestructuras, viarios, servicios y seguridad”, Benidorm se ha revelado como una auténtica alternativa según los arquitectos antes mencionados. “El poquísimo territorio consumido” y el respeto por “la topografía original en pendiente, manteniendo el curso natural del agua de lluvia”, ha sido esencial. Pero sin una mirada puesta en el futuro, nada de eso habría tenido los resultados deseados. 

La colaboración entre la administración pública y la empresa especializada ha permitido invertir en el desarrollo de sistemas innovadores en la gestión hídrica, que superan los estándares habituales. Un ejemplo de sus frutos es la creación del primer centro de innovación Hubgrade de Veolia en España, ubicado precisamente en Benidorm. Un centro que encarna la apuesta por la digitalización como la herramienta más óptima para garantizar la calidad del servicio.

A través de una red de distribución inteligente, el sistema desarrollado por Veolia es capaz de prever, planificar y gestionar los picos de demanda que ocurren durante los meses de verano. Aunque como saben los expertos, gestionar el agua no es solo suministrarla, sino también saber qué hacer con ella después de su uso. Benidorm ha integrado la economía circular en su gestión del agua mediante la reutilización de aguas residuales para fines no potables, como el riego de parques y jardines. Un gesto que reduce la presión sobre los recursos hídricos naturales y garantiza que el agua tenga más de una vida.

Por otro lado, la inversión en el sistema de alcantarillado ha sido determinante para la imagen de la ciudad. Un sistema eficiente de saneamiento y gestión de aguas residuales ha impedido vertidos al mar, protegiendo la calidad de las aguas que caracteriza el litoral alicantino, y la sostenibilidad medioambiental de la costa más allá de la ciudad. 

En un destino playero que transitan tres millones de personas al año, la protección del Mediterráneo no era una opción, sino una necesidad estratégica que el Ayuntamiento y Veolia han priorizado en sus planes de inversión. Es decir, que la colaboración público-privada del consistorio y Veolia no solo ha modernizado la gestión del ciclo integral del agua, ha asegurado el futuro hídrico de la ciudad frente al cambio climático.

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