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Ocho trucos para mejorar tu salud desde el intestino

De la biodiversidad de las bacterias que habitan en nuestro intestino dependen muchos más aspectos de nuestra salud de lo que tendemos a considerar

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Foto: Eric McGregor

Foto: Eric McGregor

Que la flora intestinal es fundamental para tener una buena salud en todas las edades de la vida, lo dejamos claro en este artículo. También apuntamos entonces que, como todo organismo vivo, la flora requiere cuidados para mantenerse en buena forma. Se sabe a ciencia cierta que determinados hábitos y actitudes podrían mermarla, con detrimento para nuestro bienestar.

En cambio otras pautas de vida la favorecen, aumentando nuestra resistencia a enfermedades y desarreglos varios. Así, se hacen más válidas que nunca las plegarias de Juvenal por tener una "mens sana in corpore sano", pero quizás cambiando la mente por la flora. De este modo, no se asume un cuerpo sano sin una flora sana. Este artículo explica ocho estrategias para mantener e incluso mejorar la flora intestinal.

1. Sal más al campo

Uno de los mayores enemigos de nuestra flora intestinal es la existencia en medios urbanos, en muchos aspectos artificiales por su baja biodiversidad y sus sistemáticos controles de la sanidad pública. Por supuesto que estas actitudes tienen incontables ventajas, pero como no se puede tener todo, a nuestra flora el ambiente urbano, poco cargado de nuevas bacterias, hongos y parásitos con los que infectarse y así enriquecerse de nuevos 'perfiles profesionales', le sienta fatal.

Es bueno salir a pasear con cierta asiduidad a campo abierto o a bosque, lejos de las urbes y donde se pueda disfrutar de plena naturaleza, con variedad de hierbas que llevarse a la boca (no las venenosas). La costumbre de llenar una ramita en la boca podría tener incluso motivaciones más profundas: el contaminarnos un poco. Tocas piedras, árboles, superficies por donde han pasado animales; respirar estos ambientes con asiduidad es muy bueno para enriquecer nuestra flora.

Foto; Susanne Nilsson

Foto; Susanne Nilsson

Con estos actos no solo los introducimos en el tracto digestivo nuevos microbios, sino también polen de múltiples plantas y otros cuerpos extraños contra los que nuestro cuerpo reacciona creando anticuerpos y a su vez provocando que algunos elementos de la flora se activen para contrarrestar un posible exceso de anticuerpos, de modo que eviten procesos de alergias a base de generar una especie de 'anticuerpos contra los anticuerpos' y evitar así que nuestras propias defensas nos ataquen (enfermedades auto inmunes).

2. Lávate menos las manos

Una precisión; este encabezado tan agresivo debe ser contextualizado: hablamos de personas que se lavan compulsivamente las manos tras cualquier nimia operación. Es bueno, lavarse las manos tras ir al baño o antes de comer, pero si no sucede ningún percance especial, el resto del tiempo no es necesario que lo hagamos. Hay que darle de vez en cuando una oportunidad a la 'vitamina Mugre'.

No es malo que nos contaminemos un poco con las bacterias que pueblan nuestro espacio, siempre que no sean fecales y entren por la vía digestiva, que es la que posee las defensas necesarias -saliva, jugos gástricos- para discriminar los microbios peligrosos de los que nos pueden resultar enriquecedores para biodiversidad de la flora.

3. Come derivados lácteos

Los derivados lácteos son fundamentales en la dieta de las personas con una buena flora, porque contienen bacterias fermentadoras del género Lactobacillus y también saprófitas del género Bifidobacterium. Ambas son fundamentales para la prevención de las alergias, la regulación y absorción intestinal correcta y el control de poblaciones de otros microbios que pueden ser contraproducentes.

El rey de las aportaciones a la flora es el yogurt -el auténtico no los productos pasteurizados o esterilizados-, pero también son excelentes los quesos curados. También es buena la leche pasteurizada, pero conviene evitar las UHT, ya que aunque duren más no son realmente un organismo vivo y aportan poca o ninguna flora.

4. Si tienes edad; toma una copa de vino

Foto: Ima.ca

Foto: Ima.ca

Una copa de tinto, blanco, rosado, un jerez, etc. Lo que nos apetezca pero hacerlo, a no ser que tengamos problemas con el alcohol o no nos guste. En ese caso, 'respect' total; hay muchas otras alternativas. Pero el hecho objetivo es que el vino es un cuerpo vivo y fermentado, al igual que los lácteos, que aporta muchas especies bacterianas beneficiosas para nuestra flora. ¿Una cerveza también sirve? En el caso de las artesanales que no pasan por un proceso de pasteurización. 

5. Come verduras, legumbres, ensaladas, 'crudites' y fruta con piel

La verdura, ya sea cocida o cruda, las legumbres y la fruta con piel son un buen aporte no solo de bacterias sino también de alimento para estas. A saber: los miembros de la flora intestinal no se alimentan de azúcares ni de otros nutrientes por el sencillo hecho de que estos, en una dieta más o menos normal, no llegan al tracto bajo del intestino, sino que los absorbe el sistema antes. Por lo tanto la flora es sobre todo saprófita y fermentadora; se alimenta de restos que nosotros no podemos aprovechar.

La verdura, las legumbres y las frutas con piel contienen abundante fibra vegetal que nosotros, que no somos rumiantes, no podemos aprovechar, así que la dejamos deslizarse intestino abajo en dirección hacia el exterior. Sin embargo, la flora sí que saca provecho de la fibra y la fermenta; es su alimento y lo que la hace crecer y mantenerse vigorosa. Así que: mucha fibra, en especial puerros, cebollas, alcachofas, lechuga, acelgas, espinacas, etc. Como curiosidad, los gases intestinales proceden de esta fermentación de la fibra, al igual que el olor de las heces fecales.

6. Nunca te automediques

Ahora que viene la gripe, evita jugar con tu salud con los restos de medicamentos de otros periodos similares en años anteriores. El abuso de Ibuprofeno, paracetamol o los antigripales pueden alterar el PH del intestino y afectar a la flora, de modo que esta se desequilibre y crezcan las poblaciones que distorsionan su funcionamiento. Por otro lado, el uso indiscriminado de antibióticos es el mayor enemigo de la flora bacteriana.

Foto Pixabay

Foto Pixabay

Los antibióticos deben tomarse bajo prescripción médica y solo cuando el facultativo considere indispensable administrárnoslos, ya que son una bomba H sobre la flora bacteriana y pueden dar lugar a monstruos como las superbacterias. Un tratamiento largo dejará nuestra flora muy tocada y luego deberemos recuperarla a base de yogurts, mucha fibra y seguramente probióticos de farmacia, aunque algunos médicos cuestionan su eficacia. Hasta que no la recuperemos, sufriremos desarreglos intestinales continuos.

7. Evita el estrés

La tensión nerviosa moderna no es buena para nada, y tampoco para la fibra, que puede verse afectada por subproductos de dicha tensión. Es cierto: es muy fácil decirlo pero no tanto solventarla. Sin embargo tenemos numerosas alternativas para prevenir el estrés; desde el deporte, a la meditación o el sexo. Nuestra flora nos lo agradecerá y nuestro corazón también.

8. Fuma menos, toma menos café y modera los alcoholes de alta graduación

Nadie dice te comportes como una monje budista, sino que seas consciente de la frontera entre el uso y el abuso perjudicial para tu salud. El hígado y el corazón no son los únicos afectados por estos hábitos; también sientan mal a nuestros amigos de la parte baja del intestino. 

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