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Nerea Barros asimila el éxito del Goya sin olvidar la tierra que le vio nacer

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Nerea Barros asimila el éxito del Goya sin olvidar la tierra que le vio nacer

Nerea Barros asimila el éxito del Goya sin olvidar la tierra que le vio nacer

La española Nerea Barros, ganadora del Goya 2015 a la mejor actriz revelación por su papel en "La isla mínima", asimila el éxito que ha supuesto para su carrera ganar el galardón sin olvidar la tierra que le vio nacer, Galicia, con la que siempre estará "conectada".

Cuando faltan poco más de dos meses para que se cumpla el primer aniversario de aquel "jolín" que pronunció entre lágrimas al recoger el Goya, la actriz ha viajado por primera vez a Colombia para promocionar "La isla mínima" en el marco de la IV Muestra de Cine Español que se inauguró anoche y que se celebra en nueve ciudades del país hasta el 29 de noviembre.

Ganar un Goya es "difícil de asimilar", pero "profesionalmente ha sido brutal", pues las ofertas para participar en nuevas producciones se han multiplicado desde que levantó el cabezón (apodo coloquial que recibe la escultura que reciben los ganadores de los Premios Goya), según reveló Barros en una entrevista con Efe.

"Lo miro y es surrealista: 'Paquito tío estás en mi casa, no te creo'. Acabo de aterrizar y me llevo un Goya, es brutal", relata.

La de Barros (Santiago de Compostela, 1981) ha sido una carrera de fondo hasta tocar el cielo con el personaje de Rocío, la madre coraje que interpreta en "La isla mínima", ya que debutó en la gran pantalla con "Nena" cuando todavía era una adolescente.

La actriz reconoce que le ha costado "bajar de la nube" y afrontar esta nueva etapa con calma: "Yo soy mucho de latiguearme y de autoexigirme y si me das un Goya pues todavía me tengo que dejar más la piel, entonces a ver si me muero de inanición en un rodaje y no, hay que relajarse y disfrutar".

La figura de Barros ha traspasado fronteras y actualmente se encuentra en la mitad del rodaje de la película "Sol y Luna", una coproducción hispano-dominicana, del director José E. Pintor, que busca el contraste entre la comedia de un triángulo amoroso y la sensibilidad que produce el tema de la emigración.

"El corazón me decía que tenía que hacerla, además era una comedia y justamente era lo que me apetecía", añade.

El contraste entre la desesperación, la tristeza y la desolación de Rocío en "La isla mínima" y el papel que interpreta en "Sol y Luna" es notable, pero eso es justo lo que le gusta a Barros, "transitar por multitud de personajes completamente diferentes".

"Me encanta esta carrera no para hacer bien un personaje, sino para explorar y para tirarme a la piscina y si me equivoco, lo tendré que asumir, pero quiero tener esa oportunidad de equivocarme", asegura.

El otro aspecto fundamental en su vida es Galicia, su tierra, con la que siempre estará "conectada".

No obstante, Barros lamenta que en Galicia "hay un miedo siempre al riesgo" que habría que superar porque, por el momento "es muy difícil conseguir el patrocinio, las subvenciones o el dinero" para producir una película.

A pesar de la dificultades, la artista afirma que "ha surgido una generación de gente joven que está tirando la casa por la ventana y está haciendo proyectos de calidad que van muy bien".

En este sentido, Barros está envuelta en dos proyectos locales, cuyos rodajes están previstos que se inicien entre finales del año que viene y principios de 2017.

Se trata de dos adaptaciones literarias de las novelas "A memoria da choiva" ("La memoria de la lluvia"), de Pedro Feijóo, y "A estación violenta" ("La estación violenta"), de Manuel Jabois, las cuales representan "un nuevo cine gallego que apuesta por películas arriesgadas", subraya.

Antes de estas dos producciones, la actriz ha terminado de rodar su participación en las series de televisión españolas "El Príncipe" y "Apaches", está última próxima a estrenar y donde interpreta a una heroinómana de los años 80 en el barrio de Tetuán de Madrid.

La decisión de entrar en el reparto de "Apaches", tras haber conseguido una gran difusión con su participación en la adaptación televisiva del libro "El tiempo entre costuras", de María Dueñas, es un ejemplo más de cómo Barros se deja llevar por una intuición que por el momento no le ha fallado.

"Me guío por ese instinto que tenemos aquí en el estómago, que de repente dices, tírate a la piscina y si fallas, mira has perdido, a lo mejor es un error muy grande, pero a lo mejor es algo muy importante", confiesa con la naturalidad que le ha llevado a seguir con los pies en el suelo, pese haber tocado el éxito con las manos.

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