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Rigola, un "tuareg" que cambia los canales de Venecia por el Canal madrileño

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Rigola, un "tuareg" que cambia los canales de Venecia por el Canal madrileño

Rigola, un "tuareg" que cambia los canales de Venecia por el Canal madrileño

Hay trabajos "muy agradecidos" y dirigir durante 7 años la Bienal de Teatro de Venecia ha sido uno de ellos, asegura a Efe Àlex Rigola, que cambia sus cientos de canales por uno, el del teatro público más importante de la Comunidad de Madrid, comandado hasta ahora por otro catalán, Albert Boadella.

Se va de Venecia con un programa protagonizado por Romeo Castellucci o Willem Dafoe, maestros también de los actores de todo el mundo que asisten al "college" de la Bienal, y lo deja, revela en la primera entrevista que concede tras conocerse que se hará cargo de la Sala Verde de Teatros del Canal, porque se siente "un tuareg en el desierto".

"El trabajo de dirección artística es tan artístico como un espectáculo: hay que estar muy vivo, tienes que tener libertad, ser un nómada, no caer en la tentación de quedarte en el oasis y estar siempre dispuesto a crecer", resume el director de escena y dramaturgo (Barcelona, 1968).

Está persuadido de que lo prudente para alguien que se dedica a su oficio es estar "un máximo de 7 u 8 años" frente a un proyecto y por eso, cuando dirigió el Teatre Lliure -de 2003 a 2011- también se se puso "un tope".

Se ha ocupado de Venecia desde 2010 y su idea es estar entre 2017 y 2021 al frente de la Sala Verde -488 asientos en su configuración clásica- de Teatros del Canal, donde Natalia Álvarez se encargará de la Sala Roja -778 butacas-, un proyecto que se presentará en detalle en septiembre y del que prefiere no adelantar nada.

"Es importante para uno mismo cambiar de espacios, pero también lo es para la institución y para tu equipo, que tiene que tomar nuevos rumbos. Las estructuras tienen que removerse", precisa.

El nombre de su sustituto en Venecia se conocerá cuando el 14 de agosto concluya esta edición, la 44, de la Bienal. Reconoce que le han pedido su opinión al respecto pero más que "por la persona" le han preguntado "por el proyecto".

"Para hacer una festival internacional hay que pensar en términos locales, regionales, de país y de cómo se sitúa respecto a lo que hay en el mundo. Venecia, con 50.000 habitantes, es de una extraña tranquilidad, y tiene dos universidades, a pesar de la pesadilla que son los turistas en el centro", describe.

Festivales ya había muchos y no se trataba, como le pidieron en un principio, de que "hubiera clases de teatro", sino, más bien, de que "los maestros regalen su conocimiento a las nuevas generaciones de artistas y que esa actividad sea central".

El "college" o "universidad escénica" es una semana de trabajo con quince participantes y cinco oyentes que elaboran material escénico: para los alumnos, de entre 23 y 40 años, es la posibilidad de acercarse a grandes nombres y para el artista, un laboratorio de nuevas ideas.

Paralelamente a los 10 espectáculos programados, y que firman Oskaras Korunovas, Jan Klata, Christiane Jathay, Roger Bernat, Fabrice Murgia, Pascal Rambert o Romeo Castellucci, se desarrollan 17 laboratorios, en los que ellos y otros como Declan Donnellan, Willem Dafoe, Toni Servillo o Martin Crimp darán "clases" a alumnos como Martiño Rivas, Iván Morales, Marc Clotet o Irene Escolar.

"Este trabajo es muy agradecido... Ver la emoción de los participantes, sus ansias por aprender. Son nuevas generaciones que indagan y ayudarles, que vean que no están solos".

Lo que más le ilusiona del futuro que le aguarda es "crear la estructura", con una línea de trabajo que "abarca muchos territorios".

"Al final tenemos que abrirnos a lo que la gente le motive. ¿Qué teatro hay que hacer? ¿Siempre tiene que tener una función política? El teatro ya tiene su función, no hay que buscársela y puede ser político o no".

Después de 8 años sin ellas, Rigola tendrá 20 días de vacaciones y luego empezará una nueva etapa en Madrid y no cree que eche de menos vivir, como ha vivido hasta ahora, entre cuatro y cinco meses al año en Venecia, en peligro de convertirse en "una ciudad eurodisney" por culpa del "canto de sirena que son los cruceros". Concha Barrigós.

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