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¿Es posible un cine de terror feminista? Siete películas para el debate

Diversos filmes guiñan el ojo al empoderamiento de la mujer a través de historias de venganza violenta

Propuestas como Insidious: capítulo 3 sugieren los límites de un feminismo "pop" con un poso de conservadurismo social

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'La bruja' de Robert Eggers

'La bruja' de Robert Eggers

El cine de terror tiene su historia y sus convenciones acumuladas. Entre ellos, está el uso de los desnudos femeninos para llamar la atención de la audiencia, o la explotación morbosa y voyeur de las relaciones entre sexo y violencia. Con esta tradición, ¿puede construirse un cine de terror con sensibilidad feminista sin resetearlo? Los aficionados al género suelen buscar narraciones extremas que despierten emociones fuertes. No debe sorprender, por tanto, que varias propuestas que se han señalado como potencialmente feministas muestren reacciones violentas contra el machismo. A menudo, como en los casos de Jennifer's body o Una chica vuelve a casa de noche, parecen reapropiaciones de una figura misógina: el monstruo que representa la sexualidad femenina descontrolada, amenazadora.

¿Pueden darse otros caminos de representación del empoderamiento de las mujeres en el campo del terror, más allá de las historias de justicierismo y venganza? ¿Hasta qué punto son convincentes los intentos de crear terrores fílmicos que no solo se separen de la misoginia, sino que incorporen guiños a los feminismos? ¿Hay espacio para la subversión dentro de un terror 'mainstream' donde abunda el pánico a la caída de la familia tradicional? Examinamos siete películas de procedencias y autorías diversas.

Amer (Hélène Cattet, Bruno Forzani; 2009)

Amer no parece la elección más obvia para hablar de cine de terror y feminismo. Su propuesta es muy esteticista, incluso se aproxima al videoarte digital. Y sus autores parten del homenaje del thriller de terror italiano de los años 60 y 70, en el que abundaban las tramas e imágenes que podrían considerarse misóginas. Sin discursos explícitos, con una propuesta basada en la imagen por encima de la palabra, Amer esboza caminos posibles de un terror cinematográfico que, feminista o no, tome distancia respecto a las convenciones más machistas.

En la película se explican tres momentos de la niñez, adolescencia y madurez de su protagonista, que termina sumergida en una surrealista dinámica de asedio homicida. Antes de este acoso notoriamente criminal, se muestran situaciones menos obvias de intrusión. Estas violencias cotidianas se retratan con un estilo muy sensorial e inmersivo, que facilita la identificación del espectador con la protagonista. Cattet y Forzani apuestan fuerte por la mezcla de sexualidad y violencia, pero su punto de vista no es marcadamente masculino. Y la Ana de Amer no sólo es víctima deseada, sino también sujeto deseante.

The woman (Lucky McKee, 2011)

Las historias sobre mujeres salvajes suelen defender una cultura basada en el progreso tecnológico, la ciencia... y el dominio del hombre. Con The woman, Lucky McKee ( May) rompe con esta tradición para afirmar que todos somos salvajes. E intenta abrazar una cierta sensibilidad feminista, con limitaciones y contradicciones. Para ello, recupera un personaje de la película Offspring: una mujer de una tribu caníbal. Un cazador la secuestra con el turbio propósito de hacer un experimento civilizatorio... que acaba basándose en la dominación y los abusos sexuales.

La narración comienza en forma de horror contenido y acaba estallando como un gran guiñol sobre una sociedad violenta y patriarcal. Clásicos como Las colinas tienen ojos mostraban el enfrentamiento de familias tradicionales con versiones deformadas y homicidas de estas, pero aquí el monstruo es la familia tradicional. El visionado del filme es adecuadamente desagradable. Entre el hundimiento ético general, la mujer caníbal es casi el referente por descarte. Su venganza, que también castiga la sumisión de la esposa maltratada, es terrible. El empoderamiento con sangre entra, parece decir McKee con esta obra perturbadora... que incluye algún plano innecesariamente exploitation del cuerpo de la protagonista.

Carrie (Kimberly Peirce, 2013)

La historia de Carrie ha sido tratada en la novela de Stephen King y sus diversas adaptaciones audiovisuales. Tras su primera menstruación, una chica que sufre acoso escolar comienza a mover objetos con la mente. El escritor estadounidense creó una historia que reivindica unas relaciones humanas alejadas de la represión religiosa, pero también sugiere el miedo del hombre hacia las mujeres poderosas. Se critica el fundamentalismo cristiano, pero el relato también puede entenderse como una advertencia sobre la Segunda Ola feminista, en auge en aquella época.

En sus momentos más apacibles, la película de Kimberly Peirce ( Boys don't cry) conecta a la protagonista con una tradición poco explorada en el cine de terror: Carrie es una especie de bruja laica, en contacto profundo con la naturaleza y sin connotaciones malignas. Pero no estamos ante una historia ejemplar de autosuperación. La inmadurez de la protagonista y su final trágico no facilitan una lectura en clave liberadora. Y su ejercicio final del poder, en forma de venganza, contiene mucha crueldad pero también compasión.

Babadook (Jennifer Kent, 2014)

Babadook ejemplifica que se pueden usar elementos convencionales del cine de terror y expandirlos con resultados sugerentes. La película trata la problemática relación entre una madre y su hijo, amenazados por un monstruo surgido de un siniestro libro ilustrado. No faltan los sustos, la oscuridad, los sueños o el miedo en el escenario cotidiano del hogar. Pero el factor humano es el eje principal de la función, que se enriquece con sobresaltos y atmósferas desasosegantes.

El filme se estrenó tras los éxitos de Expediente Warren o Insidious, historias de amantísimas familias en peligro. La realizadora Jennifer Kent, en cambio, nos muestra a una viuda abatida que rechaza el cariño de su hijo: el duelo ha envenenado la relación filial. A través del protagonismo de una mujer trabajadora, empobrecida, que vive en solitario una maternidad nada ideal, se ponen en primer plano algunas realidades poco visibles en la gran pantalla. No hay liberaciones del machismo en clave festiva, pero el resultado parece una aportación destacable a la representación de las mujeres en el cine comercial.

Una chica vuelve a casa sola de noche (Ana Lily Amirpour, 2014)

Una joven vampiresa deambula de noche, vestida con un chador, por las calles de Bad City. Esta es la premisa de un pastiche estéticamente sugerente que su misma autora describió como un spaghetti-western iraní de vampiros. Los paseos solitarios de sus dos protagonistas, perdidos en un mundo fotografiado en blanco y negro, pueden remitir a diversas obras de Jim Jarmusch ( Extraños en el paraíso). Aun así, la realizadora Ana Lily Amirpour señala otros referentes como David Lynch o Frank Miller.

Amirpour parece apostar por la solidaridad entre mujeres: la protagonista castiga, por ejemplo, a dos hombres que han maltratado a una prostituta. Pero el justicierismo de la antiheroína es algo arbitrario e incluye una escena de amenaza brutal a un niño. Si le añadimos que la historia acaba tomando el camino de un extraño amor romántico, basado en los secretos y en la necesidad desesperada de esquivar la soledad, no parece que la propuesta sea especialmente vanguardista.

Insidious: capítulo 3 (Leigh Whannell, 2015)

Quinn, una joven huérfana de madre, quiere formarse como actriz lejos de su familia. Antes de marcharse, intenta contactar con su madre muerta para recibir consejo, pero un demonio maligno se cuela por las rendijas de su invocación. Insidious: capítulo 3 parece un intento de guiñar el ojo a los feminismos. Se diría que sus responsables intentan recoger, en clave fantasiosa, la preocupación por la violencia de género: algunas imágenes de la película remiten al abuso sexual y la dominación.

La cooperación entre la joven protagonista y una médium veterana para deshacerse de un antagonista acosador puede leerse en clave empoderadora. Pero ambas (la chica que quiere independizarse, la médium viuda) acaban necesitando la ayuda salvadora del fantasma materno. ¿Se las señala como mujeres incompletas, que no han accedido a la fuerza superior derivada de tener hijos? El relato, además, puede entenderse como una advertencia a las jóvenes que quieren vivir su propia vida, lejos del padre y de escuderos románticos. El resultado quizá escenifica las limitaciones del Hollywood que juega con un superficial feminismo 'pop'... mientras asume un modelo social conservador.

La bruja (Robert Eggers, 2015)

Después de ser expulsada (¡por ser excesivamente rigorista!) de una comunidad puritana, una familia de colonos estadounidenses se instala en los alrededores de un bosque habitado por brujas. La hija mayor del matrimonio, una chica adolescente, es un elemento discordante y sospechoso. Parte de la crítica ha tratado La bruja como una revisión feminista del género, a pesar de estar construida con materiales cuestionables. Se da por buena la visión clásica de la bruja como un ser cruel y asociado a lo diabólico. La madre de la familia protagonista, además, supera a su marido en severidad e intolerancia.

El presunto empoderamiento final de la chica pasa por la mediación de una figura masculina... que la ha manipulado durante toda la película y le ofrece capacidades mágicas a cambio de sumisión. Como sucedía en El último exorcismo 2, la mujer debe aceptar la voluntad de una figura acosadora para tener acceso al poder. Por ello, y aceptando otras interpretaciones posibles, La bruja no parece la historia de una liberación sino de una derrota.

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