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El mejor Rigoletto vuelve al Teatro Real

Leo Nucci interpretará desde esta noche en Madrid tullido de Giuseppe Verdi, en un escenario donde siempre ha disfrutado de un gran éxito

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Leo Nucci

Leo Nucci

El mejor Rigoletto del mundo, Leo Nucci (1942), vuelve a España. En el pasado ya logró el primer bis en el curso de una ópera y un "tris" en un recital, ambos en el Real, en el que desde hoy será de nuevo el pobre tullido. "Vuelvo -dice en una entrevista- para hacer dos horas de emoción". El italiano está un poco "fastidiado" porque un vuelo entre Rumanía e Italia que acabó durando, entre demoras y traslados, casi trece horas, le ha provocado una "reactivación" de sus cálculos renales y eso retrasó, a su vez, su viaje a Madrid, adonde llegó el pasado jueves para preparar Rigoletto, la obra de Verdi que en esta ocasión tiene dirección escénica de David McVicar.

"Todas las funciones que he tenido que suspender en mi vida han sido por un cólico de riñón: fue en Viena, hace dos años, cuando tuve que llamar a la ambulancia a las cuatro de la madrugada. Cancelé seis de Simon Boccanegra. Otra vez me pasó con Rolando Villazón interpretando Elissir D'amore, pero a pesar del dolor canté", relata para describir su "cruz" pero también su fortaleza.

Está "mejor que nunca", tanto que, presume, el público verá desde hoy lunes a un Nucci "siete años más joven". Es decir, alguien "muy parecido" al que hizo historia en el Real el 22 de junio de 2009, al convertirse en el primer cantante que paraba una ópera para hacer un bis de la pieza que acababa de interpretar. Aquella era la 433 vez en su carrera que hacía de Rigoletto y la pieza con la que provocó el delirio fue Si, vendetta, tremenda vendetta, junto a Patricia Cioffi, misma canción y misma compañera con la que hizo el "tris" el 29 de junio al año siguiente de nuevo en el Real, esta vez en un recital. La ovación de 2009 fue de tal calibre que se sumó el coro, presente en el escenario, y la orquesta con el resultado de que repitió el dueto.

Fue la única ocasión que tuvo de verle el público en aquel montaje, porque fue también la única función de las 18 programadas en las que el italiano, desbordado por los compromisos internacionales, pudo cantarla. No sabe qué va a pasar esta vez. Si habrá bis, si sucederá en más de una ocasión, ya que ahora está anunciado para cantarla hoy lunes y los días 3, 6 y 10, aunque lo cierto es que ya en el ensayo general ha puesto al público en pie. "Lo primero que hay que pensar es que hay que hacerlo bien; luego, que el público lo pida; que el director lo permita y que mi colega -Olga Peretyatko, en esta ocasión- esté de acuerdo en hacerlo. No hay que poner el coche antes de los caballos", advierte.

"La mejor es siempre la próxima"

Será la 513 ocasión en su carrera que cante en una ópera el papel del pobre jorobado, y, para seguir su razonamiento, será "la mejor de todas", porque él sostiene que "la mejor es siempre la próxima". "El día que crea que 'la próxima' no será la mejor empezaré a hacer otra cosa. No puede ser que esto sea una rutina. Eso es la muerte de este trabajo", clama.
Esta producción, proveniente de la Royal Opera House Covent Garden de Londres, ya la ha representado en el Reino Unido y asegura que le gusta el segundo acto aunque no tanto el primero, y eso es decir mucho para alguien que bordea el medio siglo de carrera, ha cantado 3000 "verdis" y no se doblega ante la "inspiración" de ningún "regista", es decir, director de escena.

"Algunas cosas que hoy se hacen en teatro son prescindibles, porque no se necesitan tantas vueltas para contar lo básico, que es la música. Vuelvo a Madrid porque esta producción se puede cantar. Cuando es una tontería, digo que no. No soy contrario a las novedades pero no me vuelven loco las cosas inútiles". Asegura con firmeza que a él "jamás" le ha interesado "hacer carrera", "hacerse un nombre". "Lo digo desde la serenidad: siempre quise hacer música y la carrera solo existe si existe público. Existimos por él. Esa es la linfa de nuestra vida"

Por eso, su propósito en su vuelta a Madrid es "hacer dos horas de emoción; compartir con todos el personaje, su tormento, llorar con el público y, por qué no, reír si corresponde", adelanta. Vive cantando, en todos los sentidos. "Hay que ser feliz, hacer las cosas seriamente pero con alegría, sin dar mucha importancia a nada y pensando que todo es importante y mirar adelante sin hacer tonterías".

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