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Cuando la política se transformó en ficción

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Kelsey Grammer, en 'Boss'

Kelsey Grammer, en 'Boss'

El actual ritmo de producciones televisivas demanda nuevas fuentes de inspiración. En la ficción estadounidense se ha instalado una moda de remakes que ha dejado aciertos y fracasos en los últimos meses, y que amenaza con ser mucho más evidente la próxima temporada. Otra de las tendencias más asentadas y que ha cosechado mucho más aciertos es la de las series que se mueven en el mundo de la política o que por lo menos saben, lejos del idealismo de El Ala Oeste de la Casa Blanca, cómo aprovecharse de esas noticias reales muchas veces desearíamos que fueran ficción.

Es una temática que también nos permite alejarnos de la hegemonía de la ficción estadounidense y descubrir grandes series que se cuecen en otras latitudes. Hoy os proponemos una selección de las más recientes.


'House of Cards'. La tercera entrega del asalto al poder de Francis Underwood ya está a la vuelta de la esquina. Una maniobra política, de esas en las que él es todo un maestro, lo dejó momentáneamente fuera de juego pero desató todo un plan de venganza, que nos ha tenido dos temporadas preguntándonos cuál eran los límites de su ambición, su ira y su capacidad para la manipulación.

No ha dudado en llevarse por delante a quien fuera y en la tercera temporada lo veremos, a él y a Claire Underwood, en la cúspide del poder político. Muchas veces House of Cards (Canal Plus) parece excesiva, tiene giros culebronescos pero lo que no se le puede negar es la sensación de que a pesar de ser ficción, muchas veces la realidad se le parece demasiado.


'House of Cards' (británica). El éxito de su remake estadounidense es una de las mejores excusas para recuperar la serie británica que la inspiró. Si muchas veces parece que Francis Underwood está a punto de romper el molde de villano televisivo, solo hay que acordarse de que Francis Urquhart era mucho peor y que la House of Cards británica (BBC), con toda su vileza, era un retrato mucho más mordaz, en su caso, de los últimos años del Gobierno de Thatcher. La miniserie estaba basada en una novela de Michael Dobbs, un alto cargo del Partido Conservador entre los años 1986-1987. Un testimonio de primera mano.


Continuando en la escala de correosos retratos de la política, la siguiente en la lista podría ser ' Boss' (disponible a partir de este viernes en Movistar Series). Un intenso Kelsey Grammer dio vida durante dos temporadas a Tom Kane, el corrupto y todopoderoso alcalde de Chicago al que ni siquiera una enfermedad degenerativa hace que pierda la compostura ante su equipo, rivales políticos y conciudadanos.

Su poder absoluto, ejecutado sin piedad, se extiende a todo lo que pasa en Illinois, desde los negocios más turbios hasta quien debe ser el próximo gobernador. Su único punto débil, además de la enfermedad que acaban de diagnosticarle, es la situación insostenible en la que está instalada su familia: frente a las cámaras todo son sonrisas y lo que sea necesario para conservar el poder, de puertas para adentro, un drama casi shakesperiano.  

El Estado de Illinois es un terreno muy fértil para los dramas políticos. ' The Good Wife' (Fox Life y Movistar Series) no lo es por definición, pero la política es uno de sus ingredientes fundamentales. No solo porque está presente en muchos de sus casos sino también por la evolución de Alicia Florrick, de esposa en segundo plano de un político corrupto a una mujer liberada que se ha ido labrando a lo largo de cinco temporadas su propia carrera política, aprendiendo el manual básico por el camino.   

Además de haber derribado unos cuantos mitos, ' Borgen' (Canal Plus) es una serie de la lista de imprescindibles. Ni en los países nórdicos se hacen solo oscuros thrillers criminales, ni su sistema político es un ejemplo de perfección. Su protagonista es Birgitte Nyborg, una política centrista que se convierte en primera ministra de Dinamarca gracias a un Gobierno de coalición. Borgen tiene calidad y engancha, gracias a la mezcla entre el retrato de las interioridades del poder, y sus sacrificios, con los intereses oscuros, los juegos sucios y estrategias que se tejen a su alrededor. Deja de lado el idealismo pero es una ficción que reivindica el papel de la política. También es una serie que en ocasiones se ve con mucha envidia.

No todos son dramas, porque la política también da mucho juego para la comedia. A veces la exageración no está tan alejada de la realidad y la parodia resulta el mejor retrato. Actualmente la reina es ' Veep' (Canal Plus), la serie que ha dado a Julia Louis-Dreyfus tres Emmy y podría pasar por ser la hermana sin sentido del ridículo de House of Cards. El objetivo de Selina Meyer también es llegar a la Casa Blanca, aunque en su caso bastante tiene con su propia incompetencia y la de su equipo como para perder el tiempo en oscuras conspiraciones.

Al hablar de Veep, es obligatoria la mención a ' The Thick of It' (BBC), con la que comparte creador (Armando Iannucci). Es británica y se aprovecha de todas sus ventajas: más directa, más satírica (al estilo británico) y menos cariñosa con sus personajes. Su estrella es Malcolm Tucker (Peter Capaldi), un 'spin doctor' que en realidad es un personaje secundario al que no le hace falta ser protagonista para ser recordado por sus momentos antológicos y sus frases lapidarias.

'Alpha House' ( Movistar Series) está más cerca de la sitcom clásica. Fue una de las primeras series de Amazon, que ahora está más escorada hacia la dramedia, y tiene como protagonistas a cuatro congresistas republicanos que comparten casa en Washington. Su historia está basada en la de  cuatro congresistas que hace unas semanas se despidieron tras ser compañeros de piso, de lunes a viernes, en la capital estadounidense. Como la protagonista de Veep, demuestran que precisamente son los políticos los que hacen que la política nunca sea aburrida, lo quieran o no.

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