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Mercats i polítics

El mercat és, per excelència, un lloc creat i mantingut per la política. Des de l’Antiguitat, una de las més preades atribucions dels governants era la de configurar espais acotats on es pugueren bescanviar productes amb total seguretat, a resguard d’asalts i espolis, i on, de manera molt incipient, se reprimia la competència deslleial i s’emparava el consumidor contra les pràctiques fraudulentes. Eixa prerrogativa, atribuïda en l’Edat Mitjana a reis, nobles i dignataris eclesiàstics, va ser després arreplegada pel poder civil nascut de la Revolució Francesa, i es va mostrar com un sistema útil per al foment de l’intercanvi comercial, molt millor que les vendes privades porta a porta i les transaccions itinerants. D’aquesta manera, la paraula mercat denomina actualment tant el lloc físic de transacció com ara l’ordenació jurídica que possibilita la seua operativitat, i el caràcter cada volta més virtual de les grans operacions comercials no fa més que accentuar eixe tret primigeni dalt esmentat, çò és, que tot mercat, tant el d’aliments frescs com el d’actius financers, és fill del poder públic i sense ell no seria cap altra cosa que un espai obert al conflicte, sense ordre ni regles.

L’obvietat que he relatat m’aprofita per explicar la paradoxa que al llarg de la història s’ha vingut donant, consistent en que el poder d’atracció de gents que té la seguretat oferida pel mercat ho ha convertit en escenari d’agitacions i revoltes i, simultàniament, en exponent de l’adhesió dels mercaders al governant de torn, fóra qui fóra, simplement per la necessitat humana de besar la mà a qui, amb la seua detentació del poder, està en cada moment en condicions d’assegurar, encara siga brutalment, el desenvolupament quotidià de les compra-vendes què els donen de menjar. Això explica perquè els governants no es resisteixen a donar-se banys de multitud als mercats a risc de rebre algun exabrupte o de passar per situació incòmoda, perquè resulta molt elevador de la moral saber que hi ha un espai on sempre trobaran persones obligades a engolir-se la saliva i saludar efusivament a aquell qui, agrade o no, dirigeix els guàrdies de la porra que després vindran a fer fora els carteristes i atracadors què espanten la clientel.la.

El polític de raça, i prou clarament als païssos mediterranis, és aquell que coneix aquestes paradoxes i les explota en el seu propi benefici. Blasco Ibáñez se es va guanyar València des del mercat, perquè va entendre les seues gents i va saber veure el moment en que fins i tot les venedores estaven disposades a seguir-lo fidelment, tot just quan els desastres colonials les varen  convèncer de que era millor posicionar-se contra el sistema de la Restauració, per evitar el reclutament forçós dels seus fills per a Cuba o Àfrica, abans que defensar la immediata tranquilitat de les seues col-flors i tomaques. Quan el venedor del mercat s’atreveix a mostrar-se hostil amb el governant, allò vol dir que la situació està realment mal.

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15-M X 4

Cuatro años después de las primeras manifestaciones del Movimiento 15-M, se puede afirmar, sin ambages, que el legado de aquellas movilizaciones ha sido fructífero. A lomos de la indignación y con la diana en el bipartidismo atenazador como primer caballo de batalla. Al principio, siempre es más sencillo ponerse de acuerdo de manera reactiva. Algunos efectos se hicieron notar ya en las elecciones de 2011, celebradas bajo esta inercia: en la CV, por ejemplo, Esquerra Unida y Compromís lograron entrar en las Corts, un resultado que no todos los vaticinios auguraban (recuérdense las tensiones del primer Compromís).

En la estrategia etapista de estos cuatro años, la fase, tal vez, de mayor mérito la representa el repliegue del movimiento a los barrios y las iniciativas locales. A los activistas veteranos se unen ahora quienes descubren la movilización política y quieren seguir involucrados. Con el foco mediático más alejado, el 15-M demuestra que, igual que su nacimiento no fue casual, tampoco iba a ser flor de un día.

La tercera etapa ya tiene que ver con una apasionante obra de ingeniería política (con la insoslayable munición mediática que, actualmente, se requiere como requisito indispensable de acceso al sistema de partidos). La erección de una formación que recogiera, mayoritariamente, los designios del movimiento. Personalmente, más allá de gustos, prefiero que el producto tenga un mayor peso ideológico que, por ejemplo, el Movimiento 5 Estrellas.

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El monolito de las 30 faltas

Para acceder a una oposición en la Comunidad Valenciana debes estar en posesión del Grau Mitjà de valenciano, pero no del Grado Medio de castellano. Y debes tenerlo incluso si toda tu vida has estudiado en la linea en valenciano, cosa que no ocurre con la linea en castellano, es decir, nadie te va a pedir que acredites tus conocimientos de castellano mediante un título, se da por entendido que al haber estado en una linea donde toda la materia se impartía en dicho idioma, no hace falta tener ningún papel acreditativo que especifique que lo hablas, entiendes y escribes. Está claro que para ser profesor, y estar impartiendo clases en valenciano, es normal que se exijan títulos que muestren las facultades del docente para poder trabajar en dicha lengua. Aunque la pregunta que siempre ha corrido por mi cabeza sería: si nos siguen exigiendo el Grau Mitjà de una lengua que hemos tenido como cooficial, pero no la otra, entonces, ¿la lengua valencia es una lengua casi extranjera que precisa de alguna acreditación para comprobar que la conocemos?. Tal vez sea porque hay muchas zonas donde la influencia del castellano ha absorbido a la valenciana o quizás porque todavía no se ha normalizado de un modo natural entre la población.

Quizás sea porque aún lo hablamos y leemos muy mal. Y claro, ¿cómo vamos a enseñarlo así?, y digo esto porque uno nunca deja de sorprenderse cuando ve como los políticos inauguran cualquier cosa sin prestar atención a lo que está en ello esté inscrito.

Elena Bastidas es la alcaldesa de Alzira, y como hace un mes estábamos aún en precampaña electoral, todavía estaba a a tiempo de seguir inflando su haber de inauguraciones ridículas, y digo ridículas porque todavía no se ha podido terminar la infraestructura donde se asienta el monolito con más faltas de ortografía por linea que se haya visto. Los políticos, o sus elegante asesores, debería comprobar hasta el último detalle de cada acto que tienen que realizar, porque sino, a veces la vergüenza se aloja en el acto en sí. El monolito tiene cuatro metro de altura, y en esos metros ha tenido espacio para albergar la escandalosa cifra de 30 errores, y me pregunto, ¿el borrador del texto que figuraría en dicho monolito, fue leído antes, o tal vez no?. Sería triste e increíble pensar que sí fue leído, y aun así no se movió ni una coma. Sería triste pensar que el que lo leyó, no detectó ninguna falta y lo vio todo estupendo. Y allí estaba Elena sonriendo, sin percatarse de los errores, sin darse cuenta que las miradas jocosas de sus ciudadanos al leer el texto, no eran por la inspiración mágica de su escritor, sino por el descalabro ortográfico que se había cincelado en el mármol.

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Recuérdalo tú y recuérdaselo a otros

“Recuérdalo tú y recuérdaselo a otros”. Ese es el título de la obra inmortal de Ronald Fraser, y hoy día tal vez sería el mejor lema para no dejarnos perder en la bruma que nos rodea, bruma perfectamente orquestada por las élites de este país con el fin de desviar nuestra atención de lo que de verdad importa y con el objetivo de que la centremos en lo vacuo y lo inútil. Por eso, centrémonos en recordar, en no olvidar.

En primer lugar, según Caritas, en la Comunidad Valenciana un tercio de los hogares ha dejado de seguir tratamientos médicos especializados por no poder permitírselo. Y dos de cada diez personas se encuentran en situación de exclusión sanitaria, bien por no poder permitirse pagar los medicamentos para la conservación de su salud, bien por no poder seguir una alimentación conveniente. Esas son las consecuencias de los hachazos sanitarios que ha perpetrado el Gobierno del PP, hachazos que han supuesto que España invierta hoy en día en Sanidad un 10 % menos de la media por habitante que la OCDE, y que han supuesto un deterioro notable, con consecuencias gravísimas, de nuestro Sistema de Salud.

En segundo término, UNICEF ha advertido que cuatro de cada diez niños de la Comunidad Valenciana, sí, cuatro de cada diez, están en riesgo extremo de pobreza y de exclusión social, un porcentaje superior en cuatro puntos a la media estatal. UNICEF señala además en su informe de la Comunidad Valenciana como los recortes han supuesto un retroceso notable en la igualdad de oportunidades de acceso al derecho a la educación y ha criticado, para mayor escarnio de la señora Català, la peor Consellera de Educación de España, el tremendo descenso en el importe y el número de becas.

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La homeopatía, Dios y el cambio de voto: pásale este artículo a quien quiera convencer a los votantes del PP

Como en cada convocatoria electoral, proliferan los artículos en los que se apela al votante del Partido Popular para que cambie de voto, pero en los cuales se le acaba tildando poco menos que de imbécil. “Que sí, gilipollas, que no sabes votar y todo lo malo es culpa tuya. Las pelas que cuenta Rus, los trajes de Camps, la privatización de la sanidad. Pero como somos benevolentes, te diremos a quién debes votar, no sea que otra vez hagas lo que te dé la gana y nos jodas al resto.”

No debe pues extrañar por qué este alud de artículos, que sus autores piensan escritos con argumentos irrefutables, no triunfan más que entre los que ya están convencidos. Lo sorprendente es que no consigan el efecto contrario.

Cuando era un niño, trataba de demostrarle a mi abuela la inexistencia de Dios, o al menos que no hacía falta ningún ser supremo para explicar el mundo. Mi abuela, que era creyente (pero en absoluto beata) además de inteligente y curiosa, me escuchaba, me rebatía y nunca llegábamos a un acuerdo. A mí me divertían aquellos ratos, aunque en parte –para qué negarlo- me indignaba que una persona tan querida estuviese, a mi parecer, tan radicalmente equivocada.

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La guniganopéresis

La guniganopéresis és la teoria que planteja la viabilitat de buscar en l’aigua dels fons oceànics el combustible renovable per substituir les fonts d’energia d’origen fòssil que se’ns esgoten.

Excepte Rajoy que, via cosí de Sevilla, encara no s’ha assabentat ni tan sols del canvi climàtic, tots els dirigents polítics saben que l’actual model econòmic ja no dóna per a més, que cal modificar-lo de dalt a baix, però ningú ho diu obertament. Siga per la seua dependència de les grans empreses energètiques o per irresponsable càlcul electoral, ho amaguen. El seu és un silenci criminal. Ara que s’acosten eleccions es nota especialment.

Aquests dies que la gent, suposadament, està més receptiva, seria el moment d’oferir alternatives, plantejar-les per poder discutir-les, però, lluny d’això, ara, més que mai, es camufla la realitat. Els polítics pensen que l’esgotament de l’actual model econòmic és una mala notícia i, en campanya, suposen que donar males notícies els restarà vots.

Jo pense que l’esmentat esgotament del model que ens ha portat fins ací, més que una mala notícia, és una gran oportunitat.

Començàrem parlant de crisi econòmica. Després hi afegirem crisi social, política, institucional, de valors, ecològica... Tanta crisi junta, ha portat a acceptar que, de fet, estem en una crisi sistèmica. El pas d’una generació a altra sempre s’havia caracteritzat per una millora en les condicions de vida dels fills respecte dels pares. Això s’ha acabat. Hi ha un consens molt generalitzat en el fet que això mai més serà així. Per tant, es pot parlar de crisi de civilització. Si donem per bo que anem cap arrere, estem acceptant que la nostra civilització, entesa com l’entenem, és insostenible.

Acceptat que retrocedim, és evident que anem cap a èpoques d’escassesa, dies en els quals hi haurà menys de tot i, així les coses, no podem esperar que els poderosos impulsen un repartiment en moments de dificultat si, quan tot anava bé, tampoc volien repartir.

La conclusió que vull compartir és que el decreixement és obligatori, li podem posar el nom que considerem però, no és que haja de vindre, no, ja el tenim damunt. Per tant, o l’organitzem d’una manera equilibrada, el menys desigual possible, o serà salvatge.

Decreixement és viure amb menys, viure més local, viure més lent, un viure més en femení. La filosofia del «viure cada dia millor», cal substituir-la per la de procurar «viure sempre bé». Amb l’afegit que, en el primer cas, els que aconseguien «viure cada dia millor» eren uns privilegiats a costa de molts empobrits i que, en el segon, les bones condicions de vida poden ser més modestes però han de ser universals. I no només en present, sinó en futur. En el món finit, els excessos d’ara els pagaran les pròximes generacions. Els hi deixarem un planeta, això segur, el problema serà que igual és impossible viure en ell.

Podem esperar que el nou model econòmic, que, clar i ras, passa per la superació del capitalisme, arribe des de la revolta dels carrers, de la insurgència ciutadana. Podem esperar-ho, però estarem perdent el temps. És responsabilitat dels polítics honrats, dels decents, començar a estendre decididament aquest discurs d’un nou model de civilització. I sí, haurà de ser l’esquerra, els progressistes, els que porten aquestes veus i les noves polítiques a les institucions i, des d’elles, confluir de veritat amb les demandes ciutadanes que ja estan arrelant. Qui ho faça, demostrarà que, certament, pensa en les futures generacions i no en les pròximes eleccions. Qui ho faça, a més, acabarà també, a mitjà termini, tenint èxit en les urnes, ja que l’únic discurs realment alternatiu al desficaci actual és, poseu-li el nom que considereu, el decreixement.

Òbviament la guniganopéresis no existeix però m’he permés la llicència d’inventar-me-la perquè si els grans dirigents mundials viuen en la superstició que en direcció al col·lapse podem trobar el paradís, jo també tinc tot el dret a la invenció i a la fantasia. Pobres els que es creguen l’existència de la guniganospéresis, i molt més pobres encara els que es creguen als nostres grans dirigents.

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¿Más vale malo conocido?

Es irreal. Lo que vivimos en nuestras calles y plazas durante la campaña electoral me parece totalmente irreal. Personas que hemos visto por vez primera en un cartel pegado en una pared, en una farola, tirado por el suelo…nos prometen medidas para salir de esta crisis que ya dura demasiado. Otras, que hemos conocido tomando decisiones o diciendo que las toman…nos prometen lo mismo. Ahora. Me cuesta distinguir a unos de otros. A unos los conozco. A otros no. ¿En estos casos hay que hacer caso a eso de “más vale malo conocido”? Ni idea. Cada vez tengo más claro a quién no voy a votar. Lo malo es que esa lista se va engrosando según avanza la campaña. Y la otra… ¡sigue vacía! Como un lienzo en blanco.

El lunes, cuando volvía por la tarde de recoger a mi hijo del colegio y me iba contando que su profesor les había dicho que tenían que hacer muchos exámenes en dos días para pasar de tercero a cuarto de Primaria (reválida Wert), después de preguntarme por qué nosotros no hacíamos huelga para ir a clase sólo por la mañana si era lo que se había votado en el cole (había desayunado con la Cadena Ser puesta) y insistir en que le explicara el porqué de la negativa a implantar este tipo de jornada…( ¡Si no vale dinero, mamá!)

Pues cuando estábamos en el fragor de esa conversación me encontré con un escenario urbano fiel reflejo del final de una época. En el barrio de Nuevo Babel, en Alicante, en una esquina luce la placa con el nombre de la calle: Alicante Club de Fútbol. ¿Lo recuerdan? El Club de fútbol histórico de la ciudad que dejó de existir el curso pasado acuciado por los problemas económicos. ¿Y saben qué había antes en esa esquina? ¡Una oficina de Bancaja! ¿Lo recuerdan? Esa caja de ahorros de Valencia, Alicante y Castellón…después Bankia y ahora… un local con la gran cristalera con el viso azul cubierta con papeles, cerrado y con un cartel de ‘Se alquila’. Enfrente: un solar abandonado donde iba a ir una completa urbanización ajardinada. Justo al lado de otro inmueble ya construido y con la mayoría de sus pisos vacíos, en venta o alquiler.

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Los impostores: de Mad Men a Mauthausen

El juego de aparentar ser quien no eres resulta fascinante. No se trata de alcanzar una mayor o menor destreza en el artificio del disfraz o la caracterización, sino sobre todo de lograr una perfecta transmutación psicológica que te permita presentarte ante los demás e incluso ante ti mismo como otra persona. Quienes lo logran suelen caminar por afilados bordes de abismo, generando a su alrededor un vértigo que les hace irresistibles, como ocurre por ejemplo con el seductor de Don Draper, personaje clave para entender el éxito de una serie como Mad Men.

No es extraño por ello que un escritor como Javier Cercas, empeñado en ser la plasmación literaria, reconciliadora e edulcorada, en suma oficial de nuestro pasado reciente, recurra a uno de estos personajes en su última novela, El impostor. Si en Soldados de Salamina focalizó el interés del lector en ese joven soldado republicano capaz de tener frente a su enemigo una santificada piedad que todavía están esperando las miles de calaveras esparcidas por las cunetas, sin que ello estremezca mucho la pluma del autor; en su segundo libro, Anatomía de un instante, Cercas nos confirmó lo que ya nos venía diciendo el Telediario de la 1: que Juan Carlos de Borbón, el mismo que unos años antes posaba junto al Caudillo en la Plaza de Oriente respaldando los últimos tiros de gracia del franquismo, era el salvador de la democracia.

Curiosamente, este hecho hubiese permitido al novelista presentar al monarca como a un impostor moralmente bueno, un demócrata convencido obligado por la Historia a representar ante Franco una personalidad autoritaria que en realidad no era la suya. Sin embargo, no lo hizo, tal vez temeroso de posibles malentendidos, dadas las inevitables connotaciones peyorativas del término.Una sabia prudencia que, sin embargo, Cercas no tuvo en cuanta al proyectar ese apelativo de impostor sobre el entorno de las víctimas. Es así como en su última novelanos acerca a la historia real de Enric Marco Batlle, un pretendido superviviente de Mauthausen que sin embargo jamás pisó un campo de concentración. De este modo, el mismo escritor que certificó la veracidad incuestionable del relato oficial de la Transición, nos alerta de las trampas y tramposos que se esconden tras las historias de los vencidos y derrotados.

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El insoportable postureo del PP valenciano

“Postureo” es un término poco ortodoxo y utilizado mucho por los jóvenes que viene a significar algo así como “hacer que se hace pero en realidad no hacer nada”; es decir, escenificar algo de cara a la galería pero sin el menor atisbo de verdad. Viene esto a cuenta de que cada vez son más frecuentes, y también más irritantes, todo hay que decirlo, las acciones de postureo de nuestros gobernantes, del PP valenciano. Veamos dos ejemplos.

En primer lugar tenemos a la Generalitat Valenciana y sus dirigentes del PP dándose golpes en el pecho, llevándose el puño a la frente y diciendo que en la próxima legislatura habrá una nueva financiación autonómica, que Fabra no será candidato si no la consigue. Todo muy dramático. Y también un postureo ridículo si tenemos en cuenta que el señor Rajoy y el señor Montoro son del mismo partido que el señor Fabra, es decir del PP, que el PP lleva 20 años gobernando la Comunidad Valenciana y que, de esos 20 años, 12 ha gobernado también en Madrid. Además, el PP de la Comunidad Valenciana hubiese tenido sumamente fácil lograr la nueva financiación autonómica que prometieron hace ya cuatro años; hubiese bastado simplemente con que los diputados valencianos se hubiesen negado a aprobar los Presupuestos Generales del Estado. En la misma patética línea de postureo se ha movido el señor Alberto Fabra cuando fue a Europa a decir que la Comunidad Valenciana estaba infrafinanciada: oiga usted, que ha gobernado y gobierna su partido. Tenga la decencia de no presentarse si ha tenido la indignidad de no plantarse, de callarse y de aprobar usted y su partido sistemáticamente los PGE, unos PGE que encima nos han discriminado y nos discriminan de forma brutal. Y no monten, ni usted ni los suyos, espectáculos que lo único que intentan ocultar es que no ha habido revisión de la financiación autonómica y que estamos encarando las elecciones autonómicas siendo la Comunidad autónoma peor financiada de España. Y eso saben que, si este país no ha perdido la dignidad, les pasará una factura terrible.

En segundo lugar, como ejemplo patético del postureo del PP valenciano, y dejando al margen la anunciada bajada de impuestos que nunca se produjo salvo para los que no la nesitaban, tenemos que ahora se hagan el señor Fabra and company los escandalizados con la corrupción de la Comunidad Valenciana, una corrupción tan brutal que ha motivado incluso reportajes especiales por parte de la prensa británica. Es decir, el señor Fabra y su equipo se cree que los valencianos somos tan lerdos, tan ignorantes como para creernos que él era un ser ajeno, un ser que ni era tonto ni al mismo tiempo se enteraba de nada de lo que ocurría en el Partido de los 100 imputados, que ni él veía, ni escuchaba. Lo que es seguro es de que no hablaba nada ocupado como estaba en subir la cucaña del ascenso político en su partido.

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Impasse Podemos

Decir impasse no significa, ni de lejos, insinuar que en esa situación de parón se encuentre la actividad del partido, que sigue constando como frenética. No obstante, parece evidente que, tras los primeros movimientos acertados del naciente partido, se ha perdido gran parte de la iniciativa ganadora que el proyecto atesoraba. No tiene por qué ser un demérito. En las democracias competitivas, las relaciones de poder predominantes son de tipo indirecto; es decir, los demás también juegan sus cartas.

No supone ninguna novedad ahondar en las causas de la sensación de bloqueo que pueda transmitir, actualmente, Podemos, a nivel estratégico. Muchos analistas, con mayor o menor tino, lo han hecho últimamente. Sin embargo, conviene ponderar, en su justa medida y por orden, los factores intervinientes.

Este incómodo impasse durará hasta que pasen las elecciones autonómicas y municipales y se despeje la incógnita del punto 3. En general, da la impresión de que el personal, aunque nos obcequemos en negar la representatividad de antaño al eje explicativo izquierda-derecha, no está, mayoritariamente, dispuesto a comprar el producto que antagoniza a los de arriba y los de abajo.

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