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Alarma o pánico: qué hay detrás de la crisis de las economías emergentes

Se acabaron los años de crecimiento asegurado de las economías emergentes. Sus monedas caen, sus reservas se reducen y temen que se produzca una estampida de inversores

El Gobierno argentino se ve obligado a flexibilizar sus controles en la compra de dólares en un contexto claramente inflacionista

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El Gobierno argentino achaca la escalada del "dólar blue" a las presiones contra el Ejecutivo

Una pareja de argentinos junto a una casa de cambios el 20 de enero. Desde entonces, el peso ha seguido cayendo.

Emergentes bajo sospecha

Las economías emergentes han dejado de ser un remanso económico de paz y tranquilidad. Cada país tiene sus propias circunstancias, pero sería un error pensar que los problemas se reducen a la siempre singular Argentina peronista. Afectan a países latinoamericanos y de Asia. A los estados con reservas suficientes para aguantar un temporal y a otros que las han visto reducirse peligrosamente. A países con gobiernos estables y a otros de los que existen dudas sobre su futuro.

El índice FTSE de Mercados Emergentes comenzó el lunes con una caída del 1,9% a causa de los descensos en Hong Kong, Taiwan e Indonesia. Turquía se encuentra ante un momento similar al de Argentina. Frente al dólar, el rand surafricano está en el punto más bajo desde 2008, el rublo ruso lo mismo, y el peso mexicano ha descendido hasta el nivel de junio del año pasado. Tras la fuerte caída del viernes, Wall Street cerró el lunes con una pérdida mucho menor, lo que ha hecho que el martes las bolsas europeas, incluida la española, abran al alza.

La consigna parece clara: vender emergentes. Lo que no está claro es si esto es sólo un impulso iniciado en los últimos meses o el comienzo de una tendencia que derivará en una estampida.

Pendientes de Washington

Las economías emergentes se han beneficiado de la crisis de la eurozona y de la decisión de la Reserva Federal norteamericana de comprar activos financieros a lo largo de los últimos años. Si esto último cambia, es obvio que el resto del mundo pagará un precio por ello. La mejora de la economía de EEUU y Reino Unido –si lo medimos por el descenso del paro– haría que los respectivos bancos centrales dejaran de gastar tanto dinero para inyectar más liquidez en la economía real. Además, la eurozona ya no está en riesgo inminente de implosión. Los mercados tomarían nota y podrían tener la tentación de acelerar el abandono de países que hasta ahora compensaban su mayor inestabilidad con mejores rendimientos.

Las empresas argentinas se desploman en Wall Street ante la depreciación del peso

Wall Street ya ve las emergentes con otros ojos.

No sería la primera vez. Anteriores crisis en esos países se han visto originadas por decisiones de gobiernos o bancos centrales de EEUU o Europa. Es lo que pasa cuando tu economía depende del flujo constante de capitales desde el extranjero. Por eso, Brasil lleva varios años intentando poner algunas barreras a la entrada de dólares para evitar el sobrecalentamiento de su economía.

Precisamente, el impacto que pueden tener sus decisiones en la economía global hará que Janet Yellen, la nueva gobernadora de la Fed, sea mucho más cautelosa en sus pasos futuros. Muchos esperan que reduzca en otros 10.000 millones de dólares mensuales la compra de bonos. Quizá ahora se lo piense dos veces.

Es lo que ya ha hecho el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, que se estrenó en el puesto con el aviso de que cuando el paro bajara al 7% llegaría el momento de levantar el pie del acelerador porque la economía estaría dando muestras de recuperarse por sí misma. De repente, el desempleo cae hasta el 7,1%, superando incluso las previsiones más optimistas del Gobierno, y Carney dice ahora que no siente obligado por lo que anunció seis meses antes. Nadie quiere gritar '¡Fuego!' en mitad de un cine lleno de espectadores atemorizados que no hacen más que mirar la puerta de salida.

Defender la moneda

Esa integración en los mercados financieros internacionales lleva a las economías emergentes a permitir que su divisa tenga el valor que le corresponda... hasta cierto punto. Los países emplean las reservas de sus bancos centrales para defender en la medida de lo posible el valor de esa moneda.

Dejarla caer –o resignarse a su caída– aumenta el peso de la deuda denominada en dólares o euros, y el precio de las importaciones. Las de petróleo afectan a toda la economía. Las de bienes de consumo reducen el poder adquisitivo de la clase media. De repente, los gobiernos que habían vendido como ejemplo de gran éxito de su gestión lo que los ciudadanos podían hacer con su dinero descubren que la oposición recordará que lo que antes era supuestamente mérito del partido en el poder ahora tiene que ser culpa suya.

Argentina y sus dos dólares

El Gobierno de Cristina Fernández ha mantenido durante años la ficción de que su moneda tenía un valor superior al real. Cuando la sociedad no se cree eso y el Gobierno impone controles para impedir la salida de capitales, se crea un mercado negro (donde en Argentina se compra lo que llaman el dólar blue). Empresas y particulares acuden a él para conseguir dólares con distintos fines (pagar la importación de productos, viajar al extranjero o sencillamente guardar parte de los ahorros en una divisa extranjera). Cuanto más se separa la cotización de la moneda en uno y otro ámbito, más dinero se gasta de las reservas el banco central para mantener el nivel oficial.

Hasta que el Gobierno ha dicho basta. Las reservas han caído a un nivel peligroso, unos 29.000 millones de dólares, y no es realista pretender continuar así durante otro año, sobre todo cuando no están consiguiendo detener la progresiva devaluación del peso.

Las nuevas medidas anunciadas el lunes por el ministro de Hacienda permiten a los particulares comprar mensualmente divisas extranjeras por un valor equivalente al 20% de sus ingresos, siempre que estos sean superiores a 7.200 pesos (unos 900 dólares), el equivalente a dos salarios mínimos. No saldrá gratis. Estarán obligados a pagar una tasa del 20% por la transacción, a menos que depositen esos dólares en una caja de ahorros o en una cuenta a plazo fijo y no los retiren hasta después de 365 días.

No hay cambios en el caso de dólares comprados para viajes de turismo al extranjero, donde hay que pagar una tasa del 35%.

Argentina autoriza la exportación de un millón y medio de toneladas de trigo

Axel Kicillof, ministro de Economía.

El mensaje del Gobierno es que sus intentos por mantener una cotización oficial del dólar (el lunes estaba a 7,85 dólares para la compra y 8 para la venta) que no parece muy real buscan beneficiar a los trabajadores. El ministro de Economía, Axel Kicillof, ha llegado a decir que "con un dólar a 13 pesos no hay salarios", una frase arriesgada porque se convierte en una cifra a la que no se puede llegar sin destruir la credibilidad del Gobierno. El dólar blue abrió este lunes a 12 dólares y estuvo en 13 a mediados de la semana pasada.

"Lo que necesitamos es que la gente, las organizaciones religiosas, sociales o políticas nos ayuden en el control de precios. Porque el comerciante que dice que hubo una devaluación del 16% y por eso sube los precios, roba", explicó Kicillof. El Gobierno pactó un acuerdo con las principales cadenas de supermercados con el fin de mantener los precios de 100 productos básicos. Pero si el dólar continúa subiendo y el peso bajando, está por ver que los comerciantes vayan a subvencionar la tranquilidad del Gobierno con sus beneficios.

La caída de la cotización de una moneda no es en sí misma un hecho dramático. En la práctica, puede ser hasta positivo si con ello la economía oficial de un país intenta ajustarse a la realidad. Lo malo es cuando se produce de forma caótica e induce a una huida de los inversores sustentada más en el pánico que en los hechos. Y es más preocupante en el caso de Argentina por su efecto en los precios. La inflación ya está allí a niveles difícilmente soportables. Si se da el siguiente paso que algunos medios de la oposición consideran inevitable –la devaluación–, algo que el Gobierno niega que sea su intención, el impacto político y económico será imprevisible.

Turquía y el lobby de los tipos de interés

Sin que la crisis argentina se haya cerrado, Turquía aparece en el escenario. La última y repentina caída de cotización de la lira turca obligó al banco central a iniciar la semana con la convocatoria de una reunión de emergencia. Desde el comienzo del año, la lira ha caído un 10% con respecto al dólar y se ha colocado en el punto más bajo de los últimos años. La noticia de la reunión por sí misma provocó un repunte significativo. La razón es que se cree que el banco central podría adoptar como respuesta lógica un aumento de los tipos de interés.

Y ahí es donde entra el factor político, porque el Gobierno de Erdogan se opone firmemente a esa posible subida en un año electoral en el que el partido conservador del primer ministro espera que las manifestaciones del año pasado no se traduzcan en una pérdida de apoyo en las urnas. Erdogan –siempre dispuesto a ver enemigos por todas partes– denuncia que hay un "lobby de los tipos de interés" que quiere aumentarlos, enfriar la economía turca y coartar su potencial de crecimiento.

Turquía ha sido un gran ejemplo de economía emergente con un gran crecimiento en la última década. También demuestra que la inestabilidad política siempre termina teniendo efectos en la salud financiera de un país.

El efecto en España

La caída del Ibex 35 la semana pasada lleva a pensar que toda esta inestabilidad tendrá efectos muy graves en la Bolsa española. Pero en este caso hay que hablar de excusas, más que de razones. Para desgracia del Gobierno, que cree que la subida del Ibex ha sido uno de los presuntos brotes verdes de la recuperación, bien podría ser que una parte de ese aumento fuera puramente especulativo. Después de varias semanas de subidas, había llegado el momento de vender para hacerse con los beneficios, y las noticias sobre las economías emergentes eran un hecho tan bueno como cualquier otro para dar las órdenes correspondientes.

Todo cambiaría si, en vez de Argentina, fuera Brasil el país afectado de lleno por una nueva crisis. El gigante brasileño es el mayor destino de la inversión española en el exterior y acapara la mitad de nuestra inversión en Latinoamérica.

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