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Política de clase como política del encuentro

Cómic político de la Sociedad de Correspondencia de Londres, por James Gillray (1798)

¿Por qué una fracción significativa de los votantes de las clases populares que antes sostenían electoralmente opciones progresistas (socialistas, comunistas) apoyan hoy decididamente a los populistas de derechas como Trump o Marine Le Pen... aparentemente contra sus propios intereses?

Esta pregunta dispara en diferentes contextos (EEUU, Europa) debates encendidos en el campo progresista. ¿Habría que “volver” a una política que ponga en primer plano las cuestiones económico-materiales-de clase en vez de las cuestiones culturales-identitarias-de valores donde la derecha parece moverse como pez en el agua?

¿O bien es justo al revés: es en el terreno cultural justamente donde se encuentra el humus en el que podría gestarse un nuevo sujeto amplio (ya no la clase, sino “el pueblo”) que no está dado en la realidad, sino que podría articularse en torno a símbolos y polos de identificación abiertos, transversales?

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"Con la web y el móvil, está desapareciendo la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de vida"

Maurizio Ferraris (1956, Turín)

En pleno fin de semana y de madrugada, recibimos un mensaje del trabajo. ¿Cuál es nuestra respuesta? Leerlo y contestar. Este es el impactante -por lo común y cotidiano- punto de partida del último libro del filósofo Maurizio Ferraris, Movilización total.

El título remite a un concepto acuñado por el filósofo y escritor Ernest Jünger en 1930, mediante el cual se trataba de pensar la novedad que supuso la I Guerra Mundial: hizo desaparecer las distinciones entre el trabajo y el ocio, entre lo público y lo privado, entre la producción y la reproducción, promoviendo una "disponibilidad absoluta" en el tiempo y el espacio al poder económico-militar.

¿Vivimos hoy, paradójicamente en tiempos de paz, una nueva "movilización total"? ¿Están desapareciendo, con las nuevas formas de trabajo y de comunicación, las fronteras entre los tiempos de trabajo y los tiempos de la vida? ¿Estamos hoy, mediante nuestros teléfonos móviles, siempre "disponibles" a la llamada del poder? 

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Habitar el presente: una lectura de 'Ahora', del Comité Invisible

Ahora

“La asombrosa realidad de las cosas / es mi diario descubrimiento / Cada cosa es lo que es, / y es difícil explicarle a nadie cómo me alegra esto / y cuánto me basta. / Basta existir para sentirse completo” (Alberto Caeiro)

El pensamiento crítico reprocha a nuestra sociedad vivir aplastada en un “presente perpetuo”: un presente cerrado sobre sí mismo, sin apenas memoria del pasado ni proyecto de futuro. Nuestro problema, desde esta perspectiva, es que vivimos a corto plazo, en lo inmediato, con el presente como único horizonte posible. Sobre todo la gente más joven. Y lo que nos hace falta es recuperar el “sentido histórico” -porque sólo el pasado esclarece el presente- y la facultad de la esperanza, la apertura a otros futuros posibles.

Pero, ¿estamos seguros de esto? ¿Vivimos realmente instalados en el presente, es ese nuestro problema?

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Barcelona en diciembre

"No nos roba Vallecas, nos roba Pedralbes. ¡Independicémonos del capitalismo! Que no nos confundan de enemigo."

Durante meses, El País se ha volcado en una campaña a favor del centralismo español que, paradójicamente, se presenta como un baluarte contra el nacionalismo catalán; como si el nacionalismo fuera un buen antídoto contra el nacionalismo. En los últimos días, los ataques han sido mucho más ruidosos, acompañados de una predicción: los independentistas serán al fin humillados. El 17 de diciembre, Mario Vargas Llosa publicó un artículo criticando las raíces del nacionalismo, con motivaciones naturalmente bien fundamentadas. ¿Cómo podemos no estar de acuerdo con él en que el nacionalismo exalta valores irracionales que van contra la sensatez y la democracia?

El problema es que, hablando de nacionalismo, poco se entiende de lo que sucede en Barcelona (y, aunque de manera más compleja, en toda Catalunya). Barcelona es una ciudad cosmopolita, libertaria e internacionalista: un nodo de la red social desterritorializada de trabajo precario y cognitivo.

Vargas Llosa ridiculiza la idea de que el movimiento independentista catalán se puede definir como un movimiento anticolonial. "¿Desde cuándo se ha considerado la zona económicamente más rica como una colonia de un país más pobre?" El problema es que Vargas Llosa, como casi todos, cree que el problema radica en el conflicto entre Barcelona y Madrid. Esta visión es muy pobre; no podemos entender la actual sublevación independentista sin tener en cuenta el hecho de que el verdadero enemigo de Barcelona no es el Estado español, sino el sistema bancario europeo. Es el sistema financiero global el que ejerce su dominación colonialista sobre la sociedad catalana y el resto de países europeos. En este sentido, el movimiento independentista catalán es anticolonial. El levantamiento independentista actual, de hecho, comienza en 2011, después del surgimiento de acampadas contra la explotación financiera, cuando nos dimos cuenta de que la protesta democrática es inútil porque el otro partido no es democrático, sino absolutista y abstracto: el sistema bancario global.

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Catalunya como laboratorio político

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El pressentiment (nº 46)

Finalmente el régimen del 78 tampoco ha muerto esta vez. Las luchas obreras autónomas de los setenta fueron derrotadas con muertos y mediante los pactos de la Moncloa firmados por los mismos sindicatos de clase. El movimiento del 15-M que llevó a cabo una crítica radical de la representación política fue acallado empleando como armas efectivas el ridículo y el aislamiento. La rebelión catalanista que, por unos momentos, ha parecido arañar los fundamentos del régimen, también ha sido derrotada. En verdad, este tercer intento no ha encontrado eco en España donde ha predominado la perplejidad cuando no una total incomprensión. La llamada al orden mediante la aplicación del artículo 155 ha bloqueado todo intento de cambio. El presidente Rajoy lo ha afirmado con su habitual capacidad argumentativa: “El Estado se defiende de los ataques de quienes lo quieren destruir”. Y ha añadido la pequeña puntualización de que el artículo 155, aunque un día deje de aplicarse, nunca dejará de funcionar. Es lo que se llama "Hacer cumplir la Ley". El aviso es inequívoco. La represión y la humillación contra la Catalunya que ha pretendido rebelarse serán grandes.

Pocas veces ha sido tan evidente que la defensa de la Ley (con mayúscula) suponía una declaración de guerra. Esto es algo que los juristas tertulianos tan presentes actualmente en los medios de comunicación difícilmente pueden llegar a entender. La ley es una correlación de fuerzas. Ha ganado Foucault por goleada frente a los Habermas y compañía. Un amigo jurista me dijo un día: "Pues si así son las cosas, apaga y vámonos." El poder es, siempre y en última instancia, poder matar; el Estado de Derecho sirve para encubrirlo. Usualmente, y para afirmar lo mismo aunque de manera más sofisticada, se habla de que el Estado posee el "monopolio de la violencia física legítima". Esta verdad del Estado de Derecho es con la que se toparon los miembros del Govern. Cuando uno de ellos afirma que la Generalitat no estaba preparada para desarrollar la república “haciendo frente a un Estado autoritario sin límites para aplicar la violencia”. O cuando el portavoz de los republicanos nos dice que: "Ante las pruebas claras de que esta violencia podría llegar a producirse decidimos no traspasar esa línea roja" y termina con una confesión enternecedora: "Nunca quisimos poner en riesgo a los ciudadanos de Catalunya." La respuesta es de acuerdo. Muchas gracias. A nadie le gusta morir. Pero aquí hay gato encerrado. Dicho con otras palabras: ¿los miembros del Govern son unos ingenuos o son unos ineptos?

Spinoza tiene en su Ética una frase que se ha hecho muy conocida: "No sabemos lo que puede un cuerpo". Sustituir "cuerpo" por "Estado" es útil para explicar lo sucedido. El Govern no sabía lo que realmente puede un Estado. Pero el Govern quería construir un Estado propio, ¿no? Nadie puede negarles experiencia. Incluso una persona también perdió un ojo debido a una bala de goma. Digámoslo claramente: lo que no creían es que la represión del Estado español pudiera alcanzar a la que llaman la "buena gente". A los radicales sí... ¡pero a personas pacíficas y cívicas! Es lo que el consejero de Sanidad reconoce cuando asegura que "la hoja de ruta de Junts pel Sí no tuvo en cuenta la violencia del Estado".

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Bin Laden, el croché y el mal

Bin Laden en una imagen de archivo.

Hace aproximadamente dos años  el Gobierno de los Estados Unidos hacía público una serie de documentos hallados en la casa en la que se alojaba Osama Bin Laden cuando fue capturado y abatido en su escondite en Pakistán en aquel anunciado momento. Aquellos documentos mostraban, cuatro años más tarde de la muerte del terrorista, todo tipo de pruebas que de alguna manera justificaban su captura: libros sobre teorías conspiratorias, materiales de think tanks o grupos terroristas y manuales de software. Ya en aquel momento resultaba curioso (aunque no del todo sorprendente) encontrar dos trabajos del lingüista y teórico Noam Chomsky.

A pesar de que nunca sabremos qué podrían pensar el uno del otro en la intimidad, lo cierto es que esta conexión es hasta previsible. Tal y como dice Iñigo Sáenz de Ugarte en un  texto de hace un par de años titulado Osama Bin Laden y sus lecturas: “Algunos dirán con mala intención que sería su autor favorito, pero en realidad tendría que estar intrigado por el debate interno en EEUU sobre sus intervenciones militares en el exterior y las contradicciones internas que pudieran surgir”. Ahora, con  la filtración por parte de la CIA de los 470.000 archivos desclasificados se abre la veda: ¿Quién era Osama Bin Laden?

Parece evidente que nadie puede juzgar la vida de otra persona por un puñado de archivos. Pero diera la sensación de que con los personajes públicos es diferente. Osama Bin Laden no es una excepción. Es como si ya supiéramos quién es: terrorista yihadista de origen saudí, conocido por ser el fundador de Al Qaeda. Aunque fue entrenado y financiado por la CIA en la guerra de Afganistán contra la URSS y los comunistas afganos, posteriormente lideraría múltiples ataques contra los Estados Unidos y otros países, siendo el 11S su atentado más mediático. El mal.

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España como bucle

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España Gurtel

1.

Hace años que trabajo como profesor en la universidad pública de Nueva York. Mis estudiantes, por lo general, son buena gente. Chavales de familias con no muchos recursos, sobre todo afroamericanos y latinos hijos de emigrados, pero también blancos con un pie en lo que aquí se llama “basura blanca”, nombrando despectivamente una pobreza integral que atraviesa como un cuchillo la existencia. En una institución perversa que sirve, entre otras cosas, para convertir a los estudiantes en individuos endeudados, juntos damos vida a una ficción en la que ellos hacen que aprenden y yo finjo que enseño. Castrados por un espantoso sistema educativo público desde que entran en la escuela con cinco años, el vacío cultural con el que llegan a la universidad es tan profundo que la mayoría de ellos encuentra dificultades insalvables para entender el modo en que funcionan los conceptos, cómo problematizar la realidad o de qué forma opera una lógica relacional. Tal es el déficit con el que muchos de ellos aterrizan en mis clases que tengo la impresión de que el ataque neoliberal iniciado en Estados Unidos hace cuarenta años ha provocado ya un daño de carácter cognitivo. Tan neurasténicos y desposeídos de narrativa como el trap que descargan sus auriculares, casi todos mis estudiantes soportan la vida carentes por entero de la capacidad de pensarla.

Entre las materias que simulamos juntos dos veces por semana se cuenta algo llamado “Introducción a la cultura hispana”. Pleno de colonialidad, el nombre de la asignatura impone un marco de sentido del que propongo que nos fuguemos desde el primer día de clase. En nuestro viaje inverosímil hacia el origen de la formación de la ideología y la identidad hispanas, me topo cada semestre con el mismo problema: la mayoría de mis estudiantes no pueden pensar ni representar el tiempo histórico porque a duras penas son capaces de lidiar con una lógica diacrónica. La razón neoliberal fija la vida en el ahora, un lapso mínimo de tiempo cada vez más diminuto. Superado por completo por las circunstancias, despliego torpemente el peso de Occidente para dibujar en la pizarra una línea recta y cronológica desde el año 218 antes de Cristo hasta nuestros días. La mayoría de los chicos me observan con la distancia y la estupefacción repetida de casi todos los días, pero Ayleanna no. Ella, como otras pocas muchachas, toma notas y se come esa distancia con su deseo de conocer. Su rostro no se inmuta cuando tacho inesperadamente el esquema recién dibujado y les digo que no vale en el caso de España. “¿Por qué?”, les pregunto. Entonces Ayleanna se cuelga de una sonrisa cargada de calle y me dice: “Porque es un bucle, vuelve para atrás una y otra vez”. “¿Cómo es eso?”, le inquiero. Ella lo explica: “Por lo que he entendido estas semanas, el hispanismo fue inventado como ideología que liga lo español con la Hispania de los romanos, borrando los siglos de cultura árabe e islámica y convirtiéndolos en algo ajeno. Tu país vuelve una y otra vez a los Reyes Católicos. Es una jodida condena”. Ayleanna tiene unos veinte años. Es una mujer pobre y negra del Bronx. Entiende mejor España que la mayoría de los españoles.

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La diversidad funcional como oportunidad para las nuevas masculinidades

Cartel del documental "Yes, we fuck"

Para mí la necesidad de reflexionar sobre la masculinidad es una cuestión personal. A los 13 años me rompí el cuello y con ello cualquier referencia válida sobre lo que podía significar “ser hombre”. Ni en el entorno cotidiano de mi barrio del extrarradio barcelonés, ni en el mundo de la cultura que puso a mi alcance la escuela pública ni en los (escasos) medios de comunicación había un solo hombre tetrapléjico. Bueno, miento, el amigo Ramón Sampedro asomaba su afable rostro en algún que otro telediario, pero el mensaje resultaba poco atractivo para un chaval en plena adolescencia. Por supuesto, tampoco se mostraba a ninguna mujer con tetraplejia, ni siquiera a alguna con ambiciones suicidas.

Dado que los médicos, y el resto del entorno cultural patriarcal, me habían convencido de que nada relacionado con la sexualidad iba a ser buena idea para mí, intenté enterrar estos temas lo más hondo que pude, incluida la cuestión de qué sentido tenía mi identidad como hombre. Por pura supervivencia, tuve que priorizar la construcción de mi identidad como “persona con diversidad funcional”. Seguí a rajatabla el guión del “buen minusválido”: estudié, conseguí trabajo, vivienda y...y aquí choqué con el techo de cemento, todo era mentira, intentar encajar no servía para tener una vida equiparable al resto de mortales. Cuando a los 32 años tu madre tiene que seguir limpiándote el culo porque los poderes públicos sólo estaban para agitar ante ti la zanahoria de la superación made in Disney, cualquier idea de libertad o de intimidad queda vacía de contenido (para ti y para tu madre).

Afortunadamente, pude politizar toda esa rabia militando en el Movimiento de Vida Independiente. Las luchas y reflexiones colectivas me enseñaron a ver que el problema no era mi cuerpo, sino un medio social hostil a mi manera de funcionar, de hacer las cosas. Es decir, la realidad no era que yo no pudiese subir al autobús porque mis piernas estuviesen mal, sino que se me prohibía subir a un autobús mal hecho, poco realista, que no tenía en cuenta mi manera de moverme. Desde este convencimiento, empezamos a auto-nombrarnos como “personas con diversidad funcional”, conseguimos cambiar leyes y poner en marcha experiencias piloto de asistencia personal que permitieron emanciparse a quienes participaron (yo entre ellas) sin tener que vivir ni en recluidas en instituciones ni al albur de la buena voluntad de (las mujeres de) la familia.

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El origen de la cultura del zasca

Peter Griffin, personaje de la serie animada "Padre de Familia", en una de sus escenas icónicas.

El zasca está instalado en el imaginario popular relacionado con Internet. Se ha infiltrado hasta tal punto, que existen cuentas que recopilan “los mejores Zasca”. Su integración es transversal y es usado por todo tipo de personas en relación a discusiones de todo tipo de temas: política, deporte, ciencia, etc.

A zasca ! limpio entre @JCRIVEROTV y @daudenibanez . Vía @wolfipl pic.twitter.com/TgfruhNc27

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A cien años de la revolución rusa, reimaginar el cambio social

"No somos los bolcheviques ya/aún"

Dice el filósofo Gilles Deleuze: “hay imágenes de pensamiento que nos impiden pensar”. Es decir, tenemos imágenes de lo que supone pensar (por ejemplo, un esfuerzo de la voluntad o un trabajo académico) que bloquean el pensamiento. ¿Podríamos decir igualmente que hay “imágenes de cambio” que nos impiden cambiar? Imágenes de lo que supone el cambio (en este caso, social o político) que bloquean en la práctica el cambio mismo.

Estas “imágenes” de que hablamos son modelos difusos, ideas preconcebidas. Organizan nuestra mirada: lo que vemos y lo que no, lo que valoramos y lo que no. Y tienen a la vez una función de orientación: nos ayudan a movernos en lo real, en lo que pasa (o nos desorientan, si no son adecuadas). Son al mismo tiempo lente y brújula.

Hay imágenes de pensamiento que nos impiden pensar. Hay imágenes de cambio que nos impiden cambiar. Entonces, para pensar o cambiar, necesitamos dotarnos en lo posible de otro imaginario: depósitos o semilleros de imágenes que organicen nuestra mirada de otro modo, que nos orienten en sentido diferente. Otras lentes, otras brújulas.

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