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Mariano Rajoy ya no lee el Marca

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Titular sobre valla de Melilla

A Hulk Hogan, al de Celebrities, nadie le había dicho que las hostias fueran de mentira, aunque le extrañaba que sus contrincantes de lucha libre se fueran de cañas después de zurrarse a sillitas eléctricas en el cuadrilátero. A Mariano Rajoy también le extrañaba que todo el mundo pataleara con las cuchillas de la valla de Melilla porque a él nadie le había comentado que las cuchillas cortaran, las nubes ocultaran el sol y los sobres sirvieran para algo más que mandar cartas de amor.

Rajoy es como ese ganadero navarro al que recomendaban ir a negociar a la Diputación en Pamplona con paso de buey, astucia de lobo y, siempre, con cara de despistado. Pero esta vez a Rajoy el cinismo se le ha filtrado a borbotones y no hay semblante de pasmado que pueda taponar la fuga. Para alguien enrolado en la ironía, lo peor que le puede ocurrir en esta vida es convertirse en un cínico. Y es lo que le ha pasado a Rajoy, que de tanto ir de perfil, le hemos terminado viendo la cara. Y tiene cara de hiena. Despistada, pero cara de hiena.  

De Rajoy se ha admirado su ironía. No voy a negar que ha tenido sus momentos ("el coñazo del desfile") y cuando se pone socarrón y rejonea a la oposición, su retranca es de Champions. Y puedo llegar a entender, aunque lo deteste, que por instinto de supervivencia mienta sobre Bárcenas en el Senado para no acabar ante un juez, camino del cadalso. Pero, ¿vacilar con las cuchillas que han causado heridas severas e incluso la muerte de personas que intentaban cruzar la frontera?

La respuesta de Rajoy, cuando le preguntaron por las cuchillas, es correcta aunque inconclusa. "No sé si pueden afectar a las personas", dijo, cuando lo que quería decir en realidad es: "No sé si pueden afectar a las personas de bien".


En todo caso, la respuesta de Rajoy, cuando le preguntaron por las cuchillas, es correcta aunque inconclusa. "No sé si pueden afectar a las personas", dijo, cuando lo que quería decir en realidad es: "No sé si pueden afectar a las personas de bien". Lo que le pasa a Rajoy es que no sabe si estas minucias de gente desangrándose en la valla de Melilla son para preocuparse o para que se encarguen las ONG, que para eso están y llueve mucho. Al final, ha pedido un informe para averiguar si las cuchillas cortan y resulta que las cuchillas "no son agresivas" (al parecer, sólo cortan, si las provocas). 

Rajoy ha ido siempre de tipo normal, de registrador de la propiedad de Santa Pola normal, que hace cosas normales como leer el Marca por las mañanas o veranear en el pueblo. Pero nos tenía embrujados: eran hilillos de normalidad. Con lo de las cuchillas, a Rajoy le ha salido ese señorito rancio y clasista que el PP lleva dentro y que viene arruinándole elecciones en Andalucía desde que la espichó Paco el Rana. Yo, ahora, veo a Rajoy menos con el Marca bajo el brazo de paseo por Sanxenxo y lo veo más como el dueño de ese comercio de postín que no deja que te pruebes camisas si entras despeinado. Como al que le irrita que los pobres no vayan descalzos y lleven zapatillas de marca, aunque sean falsificadas y de saldo. Un poco como el marqués coleccionador de pelos de pubis de 'La Escopeta Nacional' pero sin chispa y con todo lo peor de la aristocracia.

En fin, si lo mejor de Rajoy era ser un tipo normal, olvídense. Ni siquiera eso.



Nota del autor: No se ha utilizado el término concertina por considerarse un eufemismo reservado para ministros del Interior piadosos que se reencuentran con Dios en Las Vegas.

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