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Comidas peligrosas

Las comidas que compartieron Ignacio Diego y Eva Díaz Tezanos con sus respectivos simpatizantes, componen un sorprendente paralelismo en la forma y en el tiempo.

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El encuentro entre simpatizantes de Ignacio Diego ha despertado las críticas de la dirección del PP. | @carlos_bedia

Unos 200 militantes del PP afines a Ignacio Diego celebraron este fin de semana una comida en Laredo. | @carlos_bedia

Me ha llamado mucho la atención ver las comidas paralelas que se han mantenido el pasado fin de semana en  Laredo y Puente Arce, por simpatizantes de Ignacio Diego en el Club Náutico pejino y militantes socialistas que apoyan a Eva Díaz Tezanos en el Oxford, a la orilla del Pas. Estas realidades paralelas entre sí, han sido también respectivamente perpendiculares a los líderes regionales de ambos partidos.

Y digo perpendiculares por no utilizar una expresión más hostil, pero a nadie se le escapa que ambos ágapes han escenificado, en realidad, un doble desafío que pone en evidencia la crisis que sufren los dos partidos. Lo curioso es la calcada sucesión de acontecimientos que han recorrido las dos formaciones para estallar casi al mismo tiempo con sendos menús que hasta probablemente habrán sido muy similares.

Pero lo que subyace en el postre de los dos banquetes es un problema de liderazgo que ni uno ni otro partido han conseguido atajar a tiempo y que amenaza incluso con una quiebra mucho más centrada en los individuos que en las ideologías. El caso es que Diego y Díaz Tezanos comparten mesa y mantel con sus simpatizantes no tanto para celebrar nada sino como una gastronómica manifestación de fuerza destinada a causar ansiedad en los despachos principales de ambos partidos.

No pretendo insinuar nada, pero algo de conspirativo hay en una comida; ya que como mínimo etiqueta a los que están, frente a los que no están y hace partícipes a los primeros de un cierto sentido de camaradería que no comparten con los segundos. Pasa siempre, cuando voy a comer con mis amigos, en realidad le estoy diciendo al resto del mundo que ellos no lo son. Quizá no sea tan trascendente, al fin y al cabo la política no es más que un juego de alianzas y contra-alianzas, en las que los que hoy parecen imprescindibles, mañana ya no perviven ni siquiera en el olvido.

Pero es verdad que, en un todavía lejano horizonte electoral, estos crujidos siempre tienen su reflejo y acaban decidiendo las cosas. El hecho es que también Ciudadanos tiene sus propios pedazos que recomponer en nuestra región y la formación morada tiene los ojos morados a causa de sus propios vaivenes internos. En este río revuelto, el paciente pescador que acumulará ganancias puede ser, una vez más, Miguel Angel Revilla, que ya no necesita predicar en las cadenas televisivas, ni afilar demasiado el lápiz de los pactos. Si continúa esta serie de comidas sectoriales de los fines de semana, le bastará dar otra calada a su puro y ver pasar los cadáveres de sus enemigos.

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