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Peio lo tuvo claro

Podrá imaginar el lector las implicaciones personales y profesionales que tuvo para él osar a posicionarse públicamente en aquel contexto, siendo un periodista de El País

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En el 2000 ETA asesinó a 23 personas. En el 2001 y 2002 a otras 20. Llegó el año 2003, y había elecciones locales. El PSE-EE, tras un proceso de reflexión, había tomado la decisión de presentar candidaturas en todos los rincones de Euskadi, aunque no hubiera personas de la localidad dispuestas a hacerlo. Con esta decisión, se permitía que cualquier ciudadano anónimo que quisiera votarnos, pudiera hacerlo. Pero además, también se trataba de una forma de ganar espacios, de intentar que se oyeran los gritos de una sociedad que se desangraba éticamente, en tantos Ayuntamientos en las que reinaba el silencio impune. 

Por aquel entonces, yo trabajaba en el departamento de comunicación del PSE-EE en Álava. Un día, preparando trabajos para la campaña, me detuve a leer detenidamente las candidaturas que presentaba mi partido en Álava. Había mucha gente a la que no conocía. Ví que en Legutiano aparecía un tal Peio Gómez Damborenea. Me sonaba el nombre, pero no como afiliado. Pregunté por él al Secretario General del partido, quien me llamó a su despacho y me contó.

Aún no había llegado la primavera del año 2000. Seguíamos conmocionados por el asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez, cuando Peio se pasó por la sede del PSE-EE alavés a presentar sus respetos y a ofrecer su DNI por si se le necesitaba para algo. El de Buesa y Díez era el segundo atentado de la banda tras la ruptura de la tregua fraguada en el pacto de Lizarra. En el primero mataron con un coche bomba al teniente coronel Pedro Antonio Blanco. En el tercero, descerrajaron cuatro tiros al periodista José Luis López de Lacalle en la puerta de su casa. En aquel contexto, Peio dio el paso.

Decía Albert Camus que “la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”. Peio lo tuvo claro y actuó en consecuencia. Goian bego.

Salí del despacho, levanté el teléfono y quedé con él para darle un abrazo, presentarle mi admiración y conocerle un poco más.

No he sido uno de los mejores amigos de Peio. Pero en aquellos años sí hablamos mucho, entre otras cosas, para contarnos las penas. Podrá imaginar el lector las implicaciones personales y profesionales que tuvo para él osar a posicionarse públicamente en aquel contexto, siendo un periodista de El País que cubría, entre otras muchas cosas, las ruedas de prensa tras los Consejos del Gobierno Vasco de Ibarretxe.

Decía Albert Camus que “la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”. Peio lo tuvo claro y actuó en consecuencia. Goian bego.

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