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¿Con quién pactará Podemos en Euskadi?

Creo que es muy importante que la dirección de Podemos diga explícitamente que este partido no va a compartir gobierno con el PNV. Lo cual no significa demonizar a dicho partido, ni faltarle al respeto, ni siquiera equipararlo en el trato con el PP o negarse a reconocer los méritos que pueda tener.

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Arranca una campaña vasca de caras nuevas y muchas incógnitas

La líder de Podemos, Nagua Alba, y la candidata a lehendakari, Pili Zabala. EFE

Llevábamos en Euskadi tres procesos electorales consecutivos (desde las elecciones municipales y forales de 2015, que marcaron un punto de inflexión) en los que habíamos superado los tradicionales monotemas de la mal llamada 'agenda vasca' y en los que los problemas cotidianos de las gentes de a pie se habían ido abriendo paso. Por desgracia, las clases política y mediática vasca no han querido o no han sabido impedir que ese ciclo virtuoso se rompiera y que el protagonismo de la precampaña volviera a desviarse.

Creo que devolver el protagonismo a las personas anónimas que componen la mayoría social que exige nuevas políticas y nuevas formas de hacer política constituye una exigencia democrática y creo que en este sentido, no sólo los políticos, sino también los profesionales de la comunicación tienen una responsabilidad importante en evitar que el foco de atención se desvíe de lo fundamental, que es ofrecer información fiel de lo que los partidos se proponen hacer en la próxima legislatura vasca.

La cuestión es aún más relevante si pensamos que los dos últimos procesos electorales han sido ganados en la CAV por un partido cuyo programa y cuyas políticas de pactos no se pueden presumir a partir de un historial previo. Un partido que reivindica una nueva forma de hacer política pero que, seamos sinceros, no siempre abandona el oscurantismo y la demagogia del lenguaje político tradicional.

En algunos ámbitos, sí lo ha conseguido. A día de hoy, la política estatal de pactos de Podemos es suficientemente clara y conocida para que la ciudadanía pueda votar con conocimiento de causa. Como es lógico, Podemos no va a gobernar en ningún caso con el Partido Popular; pero tampoco lo va a hacer con Ciudadanos. Sólo se plantea la posibilidad de gobernar con el PSOE y sólo si el PSOE cambia algunas de sus políticas. Es un planteamiento claro. Las “grandes coaliciones” y los pactos antinatura deben reservarse para situaciones absolutamente excepcionales. Gobernar es importante, pero la democracia es sobre todo un sistema de 'checks and balances' en el que los contrapoderes son también fundamentales y en el que la oposición tiene un papel esencial en dirigir el descontento hacia alternativas que convoquen a futuro nuevas mayorías sociales.

Considero necesario que esa misma claridad en la política de pactos se traslade a Euskadi. En poco tiempo, la dirección vasca de Podemos ha pasado de hablar de “echar al PNV” a remarcar las diferencias que separan al PNV del PP y a insistir en que la beligerancia respecto al gobierno de Madrid no se puede hacer extensiva al Gobierno vasco sin matices. La expresión “echar” no es la más afortunada y respetuosa hacia un rival político y es más que evidente que existen diferencias entre el partido que gobierna en Gasteiz y el que lo hace en Madrid. Pero hace falta hilar más fino. Creo que sería bueno que la dirección vasca de Podemos aclarara si pretende articular un proyecto alternativo al del PNV y cuáles son los mimbres con los que cuenta para ello. Y tal como hace nítidamente Pablo Iglesias, dijera con qué partidos no está dispuesta a participar en el gobierno, con cuáles sí y en qué condiciones.

Podemos debe decirle a la ciudadanía no sólo que no gobernará con el PNV, sino también que sólo está dispuesta a gobernar con Bildu y/o el PSOE si estas fuerzas se avienen a rectificar las actitudes que les han hecho perder la confianza que en su día depositó en ellas la mayoría social vasca del cambio.

Y creo que es muy importante que diga explícitamente que Podemos no va a compartir gobierno con el PNV. Lo cual no significa demonizar a dicho partido, ni faltarle al respeto, ni siquiera equipararlo en el trato con el PP o negarse a reconocer los méritos que pueda tener. Significa simplemente entenderse a sí mismo y definirse ante los demás como alternativa al actual poder institucional vasco. Tampoco significa que no pueda llegar a acuerdos, incluso en cuestiones importantes, como la normalización política o el autogobierno. Pero una cosa es llegar a acuerdos y otra muy diferente es compartir tareas de gobierno.

Aclarar este punto me parece crucial por varias razones. He expuesto ya dos de ellas: por un lado, garantizar que el votante ejerce su derecho con suficiente información y por otro, mantener la separación y los equilibrios de la alternancia política. Pero es que además, en el caso concreto vasco, hay una razón añadida y nada despreciable y es la experiencia política que en su día supuso Ezker Batua. Alguien puede objetar que el problema no reside en que dicha fuerza cogobernara con el PNV, sino en que lo hiciera desde parámetros que incluían la corrupción política. También habrá quien plantee que la mayor fuerza de Podemos le permite una situación menos subalterna.

Yo creo que el problema va más allá. Creo que es incompatible pretender articular una mayoría social alternativa a quien es hegemónico en determinado espacio con compartir tareas de gobierno, salvo que circunstancias catastróficas exijan construir gobiernos de salvación. Por eso creo que Podemos debe aclarar que no va a gobernar con el PNV. Y menos en unas circunstancias como las actuales, en las que las eventualidades de un cambio político en el Gobierno vasco ya están de por sí limitadas por unas políticas europeas marcadas por la Troika y unas Haciendas vascas que permanecen en manos de ese mismo PNV.

Todo esto hay que explicárselo a la ciudadanía. Porque hay una tendencia instintiva en muchos votantes a valorar bien cualquier implicación en la gobernabilidad, cualquier posibilidad de condicionar la gestión, de “escorar hacia la izquierda” las políticas anteriores. Y sin duda, no se trata sólo de eso. Tanto el PSOE como la “izquierda abertzale” han derrotado en alguna ocasión al PNV en las elecciones, pero ambas han fracasado históricamente en el intento de articular una alternativa a la hegemonía política de aquel.

Si Podemos pretende construir algo sólido en Euskadi, debe empezar a quitarse los complejos y las dudas, a creerse su propio proyecto como un proyecto autónomo respecto de los demás partidos y a hablarle claro a una ciudadanía vasca que es menos inmadura de lo que se tiende a pensar. Y a decirle a esa ciudadanía no sólo que no gobernará con el PNV, sino también que sólo está dispuesta a gobernar con Bildu y/o el PSOE si estas fuerzas se avienen a rectificar las actitudes que les han hecho perder la confianza que en su día depositó en ellas la mayoría social vasca del cambio.

Roberto Uriarte fue líder de Podemos en Euskadi hasta noviembre de 2015

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