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Los hombres por la igualdad y las feministas, una relación complicada

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Ilustración de Señora Milton

Saber que hay hombres organizándose para revisar su masculinidad y sensibilizar a otros hombres para que se impliquen a favor de la igualdad de género y contra las violencias machistas es algo que a priori entusiasma y esperanza. Cuando fundamos Pikara Magazine dejamos claro desde el principio que no se trata de una revista de mujeres para mujeres, y que queríamos que nuestra propuesta de periodismo y opinión con perspectiva de género fuera atractivo para cualquier persona con convicciones antisexistas.

Que nuestro equipo esté mayoritariamente formado por mujeres es reflejo de que somos nosotras las que seguimos sintiéndonos más convocadas por los proyectos a favor de la igualdad de género, de la misma forma que somos mayoría aplastante en cualquier actividad planteada como mixta pero que suene a feminista. Pero desde el inicio hemos incluido a firmas masculinas, tanto periodísticas como de opinión; entre estas segundas, han aportado análisis sobre temas como las estrategias de los posmachistas (Miguel Lorente Acosta), la paternidad (José Ángel Lozoya), la homofobia y el capitalismo rosa (Óscar Guasch) o los estereotipos que pesan sobre la masculinidad afro (Martín Niérez).

El caso es que las relaciones entre el movimiento feminista y el de los hombres por la igualdad están marcadas en buena medida por los recelos y las tensiones. Josetxu Riviere, integrante de la Red de Hombres por la Igualdad, publicó recientemente un artículo en el que repasa algunas de esas fricciones (los protagonismos, los presupuestos dedicados a políticas de igualdad dirigidas a hombres...) y expone su propuesta como parte del movimiento de hombres por la igualdad.

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Patriarcado en catorce minutos (2ª parte)


Alguna amiga me tachó de floja cuando leyó el artículo Patriarcado en catorce minutos, centrado sobre todo en las violencias de baja intensidad que soportamos las mujeres en el transporte público, concretamente en la ecovía de Quito. Resulta que el acoso sexual en los autobuses municipales de esta ciudad está a la orden del día y, al parecer, no lo resalté demasiado.

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De reinas antiabortistas e infantas discriminadas

Uno de los motivos por los que me parece muy extraño tener una monarquía es que implica que el Jefe de Estado de nuestro país y su familia, que se supone que nos representan en actos institucionales por todo el mundo, son unos grandes desconocidos. Vale, puede ser que la clase política se caracterice por su cinismo, pero quien más quien menos, todo el mundo se retrata. Podemos opinar, sin mucho miedo a equivocarnos, sobre qué representante político es inteligente y quién más tonto que un zapato; vemos cómo se contradicen, cómo nos mienten, cómo crecen (quién nos iba a decir que la Esperanza Aguirre que recomendaba a Sara Mago iba a resultar ser una "monstrua" política), cómo decáen...

A menudo dan rienda suelta a su desfachatez. Nuestros políticos varones se permiten decir cosas como que la maternidad es lo que hace a las mujeres auténticamente mujeres o que debatir con una mujer es más complicado porque si la acorralas te llaman machista. De las mujeres políticas sabemos quién tiene un ideario más o menos feminista, y quién tiene pesadillas con trituradoras de fetos.

Pero dado que la Familia Real no se prodiga en declaraciones ante los medios y que debe fingir neutralidad política, nos hacemos una vaga idea de cómo son sus miembros: que si el Rey es muy campechano, que si Urdangarín parece majo porque es deportista, que si el príncipe seguro que está muy preparado porque no ha hecho otra cosa en la vida que prepararse... La infanta más agraciada nos parece la más inteligente, ya se sabe que tener "buena planta", como dicen en mi tierra, ayuda a dar una buena impresión. No tenemos mucha más base, no sabemos gran cosa sobre sus convicciones políticas, sobre sus inquietudes sociales, sobre sus pasiones intelectuales.

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Las feministas también ríen

¿Hay vida en Marte? ¿A que huelen las cosas que no huelen? ¿Dónde van los calcetines que se pierden en la lavadora?, ¿Arias Cañete es una persona? ¿Las feministas tienen sentido del humor? A las primeras preguntas no puedo responder. Seguid dando vueltas a tan relevantes cuestiones. A la última pregunta, si. Puedo abriros los ojos: las feministas nos reímos y mucho. 

Existe el mito, muy extendido por cierto, de que somos seres amargados, tristes y con un odio profundo hacia la otra mitad del mundo… Que nuestros días y nuestras noches las pasamos maldiciendo el patriarcado y leyendo a Judith Butler, Betty Friedan o Simone de Beauvoir… También están aquellas personas que nos imaginan practicando abortos clandestinos en cuevas y conspirando para lograr la castración química universal…

Hay quién va más allá y piensa que nos hace falta un buen “pollazo” o nos dicen aquello de “hay que tener más sentido del humor, mujer”, cuando no te hace gracia que utilicen tus pechos para hacer sorna con sus amigotes.

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Conchita es imparable

Conchita Wurst, ganadora de Eurovisión 2014. Foto: Thomas Hanses (EBU)

«We are unstoppable» («somos imparables») fue la contundente frase con la que culminó Conchita Wurst el sábado al recoger el primer premio en la final de Eurovisión. Y no se refería con ese «we» a las mujeres de barbas pobladas ni a los hombres con traje de cola, que también, pero eso sería quedarse en la punta del iceberg, como muchos han decidido hacer porque tienen miedo de mirar más allá. En ese «we» Conchita estaba incluyendo a todas aquellas personas que son diferentes o sufren discriminación y que todavía tienen mucho por lo que luchar para poder vivir una vida normal. Sí, porque aunque sea paradójico, ser diferente es normal, y a estas alturas de la vida, por triste e insólito que parezca, aún se hace necesario reivindicarlo en muchos países de nuestra Europa.

Se acusa a Eurovisión de ser anticuada, casposa o sin talento. Pero, una vez más, el festival no sólo ha demostrado que hay grandes voces y canciones, sino que de anticuada tiene bastante poco cuando sirve de escenario a la reivindicación de la igualdad, la no exclusión y la paz. En un contexto europeo donde desde lo político se ha decidido mirar a otro lado ante las flagrantes discriminaciones, persecuciones y violencia homófoba ejercida desde el poder de los gobiernos y las instituciones (especialmente en Rusia y otros países del Este) y que sufren el colectivo LGTB y todos aquellos que deciden vivir su vida de forma diferente y pacífica o simplemente en condiciones de igualdad, Eurovisión se ha convertido en una plataforma desde donde reivindicar el espíritu europeo de unidad e inclusión, y todo ello a través de alguien que personifica, en el escenario y fuera de él, lo transgresor, lo queer, lo no normativo.

Conchita Wurst llegó siendo la representante de Austria y ha terminado siendo la de Europa entera. Y no sólo porque así lo han querido los seguidores de Eurovisión, sino porque ha provocado declaraciones de personalidades políticas rusas que incluso han calificado su triunfo como «el fin de Europa», sin saber que precisamente su canción, «Rise like a Phoenix», trata sobre el resurgir de las cenizas. Puede que Conchita Wurst represente el fin de Europa, de una Europa que no mira hacia delante y desea enquistarse en el conservadurismo más atroz, pero también simboliza el resurgir de otra con un futuro sin miedos, empoderada, igualitaria, libre, transgénero.

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Gordas, princesas y zorras abortistas

Dicen algunos por ahí que las feministas somos unas amargadas. Si bien es cierto que razones no nos faltan para estar más que enfadadas, la realidad es otra muy diferente. A pesar de ser asesinadas, maltratadas y violadas sistemáticamente por el sistema y sus esbirros, algunas hemos tomado la diversión como arma arrojadiza. La música feminista es un ejemplo claro de esto que digo. El "si no puedo bailar no es mi revolución" de Emma Goldman, por fin, ha calado. Sobre todo, en una generación de feministas a las que nos quedan muy lejos las asambleas interminables y la seriedad como elemento característico de cualquier lucha política. Estamos, además, muy influenciadas por las formas de hacer política de América Latina.

Las grandes productoras musicales permiten que se canten auténticas burradas que nos abocan a vivir el amor en clave de dependencia o que fomentan la violencia de género sin ningún pudor; pero esto ya lo ha evidenciado Alicia Murillo en uno de sus vídeos para Pikara Magazine.

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3 preguntas sobre sensibilidad y justicia a un periodista

La imagen de la izquierda pertenece a un reportaje publicado en XL Semanal sobre el juicio a Pistorius. Por si alguien no tiene datos para entender, Pistorius es un importante atleta con discapacidad. El 14 de febrero de 2013, disparó contra su novia (que estaba encerrada en el váter) y la mató. Él dice que no sabía contra quién disparaba. Los vecinos aseguran que se oyó a la pareja gritar de madrugada durante una hora. Los gritos acabaron con el primer tiro.

Es lo que tiene la violencia machista, sobre todo cuando se usa un arma: es muy efectiva. Un hombre quiere que su novia o esposa se calle o no haga algo, le pega un tiro, y ya está. Por eso lo hacen, por eso maltratan, porque les da resultado -consiguen el sometimiento de las mujeres- y por eso, cuando deja de ser efectivo, intensifican el maltrato y, cuando ellas se van o anuncian que lo harán, las matan. Antes han intentado otras cosas: "¿Adónde vas a ir tú, muerta de hambre?". Pero la muerta de hambre hace un curso de peluquería, se pone a trabajar, se ríe de lo lindo mientras peina a las señoras, todas quieren que ella les haga la manicura, porque se da mucha maña, alquila un pisito y anuncia que se va con los chiquillos. Ese momento de empoderamiento es el más peligroso. Para ella, porque él se siente abandonado y le sale la fiera que lleva dentro.

Volvamos a Pistorius. He de reconocer que cuando comienzo a leer cualquier texto periodístico sobre violencia machista siempre lo hago con muchas prevenciones: las posibilidades de que el redactor (en el caso que nos ocupa, Carlos Manuel Sánchez) acabe incurriendo en cualquiera de los muchos problemas que suelen darse en estas informaciones son elevadísimas. Salvo que quien firme la información sea una persona que ha reflexionado, se ha formado, se ha dejado enseñar y ha aprendido de género y de sus violencias. Y esto, créeme, no suele ser lo habitual. Ningún medio pondría a hacer información de fútbol a una persona sin formación, pero cualquiera se cree capacitado para escribir bien sobre violencia machista. Así van las cosas.

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Patriarcado en catorce minutos

La ecovía de Quito en hora punta

Catorce minutos en ecovía (autobuses públicos y supuestamente ecológicos que circulan por carriles exclusivos a lo largo de la Avenida 6 de Diciembre en Quito, Ecuador)separan mi casa de la Casa de la Cultura Ecuatorina, trayecto que recorro habitualmente. Aunque corto, es un viaje al patriarcado en estado puro. Suele ser hora punta y la gente se agolpa en las puertas y en los pasillos del autobús. En cuanto entran, mujeres y hombres se acomodan y se preparan para los frenazos bajo este patrón general: ellas, como pueden; ellos, como quieren.

Muchos hombres se cuelgan de una barra horizontal, con los brazos bien estirados, o de dos barras horizontales (y quedan así cruzados en el pasillo; ver foto). Los he visto que incluso ocupan dos asideros con una sola mano. Separan las piernas y adoptan una postura cómoda y adecuada para mantener mejor el equilibrio. Eso está bien. Sin embargo, si todo el mundo hiciera lo mismo, cabría en la ecovía la mitad de gente. Casi todas las mujeres, por su parte, se agarran a la barra vertical, con el brazo pegado al tronco, para ocupar lo menos posible y tal vez pensando, como yo, en que más gente pueda entrar en el autobús —con el cuidado y el bien común 'debidamente' interiorizados...—

A la ocupación abusiva del espacio público por parte de los varones se suman los arrebatos de 'pánico homófobo', que contribuyen a reducir el hueco para las mujeres; muchos hombres se arriman lo máximo a ellas para tener que arrimarse lo mínimo a otros hombres. Cuando la ecovía no va petada del todo, les dejan entrar o salir antes en un ejercicio de 'caballerosidad'. Si va a rebosar, en cambio, no tienen ningún problema en saltarles por encima.

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Sumisas en busca de estatus

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Querida Teresa Baró,

Me dejaron conmocionada tus teorías sobre seducción y atracción. Cavernarias, diría yo, pero graciosas de todas formas.

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Shakira y las putas

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Estos días se ha hecho público un vídeo en el que miles de personas gritan en el campo del Espanyol que Shakira es una puta. Esta es la joyita:

Una frase de tan sólo cuatro palabras, que contiene muchas de las ideas que sustentan el sistema heteropatriarcal.

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