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Los Cascos Blancos argentinos extienden su misión a los refugiados sirios del Líbano

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Los Cascos Blancos argentinos extienden su misión a los refugiados sirios del Líbano

Los Cascos Blancos argentinos extienden su misión a los refugiados sirios del Líbano

Los Cascos Blancos de Argentina extendieron esta semana su misión humanitaria a un campo de refugiados sirios en el este del Líbano, donde instalaron cuatro carpas médicas destinadas a mejorar la salud de los desplazados.

Durante una semana, esos funcionarios y voluntarios humanitarios trabajaron por primera vez en el Líbano con los refugiados sirios, en concreto en el campo de Marj, que está situado en el valle de la Bekaa y cobija a unas 350 familias (unas 1.500 personas).

El presidente de la Comisión de Cascos Blancos, Alejandro Daneri, explicó a Efe que viajaron al Líbano para "donar al Gobierno ayuda y suministro humanitario para los refugiados sirios con objeto de paliar un poco el sufrimiento de estas personas".

"A su vez, es muy importante aportar expertos profesionales idóneos, expertos en seguridad, en medicina, en manejo de campamentos y albergues y en contención psicosocial", agregó Daneri.

El Gobierno argentino donó a través de los Cascos Blancos -el instrumento humanitario internacional de la cancillería- una Unidad Sanitaria, compuesta por cuatro carpas y equipada con un ecógrafo portátil, desfibriladores, nebulizadores y equipamiento quirúrgico y medicamentos para un año.

También entregó pastillas potabilizadoras para tratar más de 800.000 litros de agua, suficientes para 550 personas durante más de un año, y carpas y material de higiene personal y de cocina, entre otros.

Esta donación fue hecha oficial ayer en dicho campamento por la ministra de Relaciones Exteriores argentina, Susana Malcorra, que instó a un grupo de mujeres con las que se reunió a que utilizaron los instrumentos enviados sobre todo por el bien de sus hijos.

El médico Fernando Jurruel explicó a Efe que lo primero que hicieron fue un reconocimiento del campo para montar la Unidad Sanitaria.

Las cuatro carpas de la Unidad se dedican a consultorio, atención de emergencia, ingreso transitorio y almacén-farmacia, dijo Jurruel, cuyo equipo, apuntó, no diagnostica las patologías.

Esta labor la llevan a cabo los médicos libaneses. Uno de ellos, Ali Jatib, indicó a Efe que en materia de salud pública hay grandes carencias por falta de medios, y precisó que las patologías más recurrentes son las infecciones debido a la falta de higiene y del mal cuidado de los hijos.

También hay carencias en el ámbito de la seguridad, como señaló Juan Cruz Deramos, oficial de la seguridad del equipo de Cascos Blancos, quien evaluó los riesgos en el campo de refugiados, donde organizaron talleres para capacitar a la población.

"Se les enseñó técnicas de extinción de incendios y medidas preventivas dentro de las viviendas con la calefacción y la electricidad", dijo a Efe Deramos.

"La crisis que se vive a nivel de refugiados es enorme -continuó-. Quizás nosotros con nuestro pequeño granito de arena podemos ayudar (...). No podemos quedarnos de brazos cruzados. Un puesto sanitario en estos lugares vale oro, que haya medicamentos, que haya un ecógrafo, que haya salas de internación y equipos de reanimación".

Finalmente para Nicolas Monza, jefe de la misión logística de los Cascos Blancos, la impresión que le dejó esta misión, que no es su primera en un campo de refugiados, fue muy positiva.

"Los nenes vienen a mostrarnos sus libros, sus mochilas, están todo el día en la escuela", comentó Monza antes de confesar que su experiencia anterior no le preparó "para este impacto" en el campamento, donde describe cómo los niños dibujaban "al principio bombas y corazones rotos", y ahora pintan "sonriendo y más corazones", pero esta vez completos.

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