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Las protestas contra Vucic entran en su décima jornada consecutiva

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Las protestas contra Vucic entran en su décima jornada consecutiva

Las protestas contra Vucic entran en su décima jornada consecutiva

La victoria del primer ministro serbio, Aleksander Vucic, en las elecciones presidenciales del pasado día 2 han desatado la mayor ola de protestas callejeras en el país en seis años, que entrarán hoy en su décima jornada consecutiva.

Para esta tarde hay convocada una nueva marcha por el centro de la capital, similar a las que han tenido lugar desde el día siguiente a las presidenciales, dominadas por la juventud.

También varios sindicatos se han apuntado a estas manifestaciones convocadas en las redes sociales sin que se sepa quien está detrás de su organización.

La desconfianza hacia la clase política en Serbia, un país donde la crisis económica de 2008 golpeó muy fuerte, el temor a que se concentre demasiado poder en un partido y las malas condiciones laborales motivan a miles de personas a salir a diario a la calle.

Sus exigencias se han ido ampliando, y en los últimos días piden también más derechos para los trabajadores, mejores salarios y pensiones o educación gratis para todos.

"Contra la dictadura", "Elecciones libres", "Libertad de prensa" o "Contra el partidismo" son algunas de las pancartas que enarbolan los miles de manifestantes, unos 10.000 el pasado sábado.

El detonante fue el triunfo aplastante de Vucic, un antiguo ultranacionalista reconvertido en europeísta, que con el 55 % de los votos ha confirmado su dominio sobre la política serbia y que no hay rival que le haga sombra.

Como jefe del Estado tendrá ahora un cargo en teoría protocolario, pero como jefe indiscutible del gubernamental Partido Progresista Serbio (SNS) controlará también el Ejecutivo y al Parlamento, donde su formación tiene mayoría absoluta desde 2014.

Los manifestantes exigen también una revisión del censo electoral, ante los rumores de que "habrían votado" decenas de miles de fallecidos y ante el hecho de que de los muchos serbios en la diáspora pocos pueden votar.

Las dudas sobre el censo fue mencionada en un informe preliminar de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europea (OSCE), que finalmente no pudo desplegar una misión de observación.

Entre un estruendo de tambores y silbatos, las protestas recorren el centro de la ciudad y van haciendo escalas en los centros de poder: el Gobierno, el Parlamento, la Presidencia y la televisión pública, a la que acusan de apoyar a Vucic y a su Gobierno.

"Yo no quiero trabajar por 300 euros", declara a Efe Nenad, un estudiante que asegura que a diario se suma a las protestas.

Dijana, ingeniera de 26 años, dice que está en contra "de que uno obtenga trabajo porque es del partido" del Gobierno.

"Debe obtenerlo quien es mejor, yo creo que eso es democracia. Y si no se cambian esas cosas, me iré de este país", asegura.

"El descontento de la población joven se debe, sobre todo, a la gran desconfianza en la política, en los partidos y en el sistema", explica a Efe Bojan Klacar, director del laboratorio de ideas Centro para las Elecciones Libres y la Democracia.

Con todo, el analista considera que para que se mantenga en el tiempo esa explosión de rebeldía, tendrá que organizarse de alguna manera para poder negociar con alguien sus exigencias.

Klacar da la razón a los jóvenes en su temor a un debilitamiento de la democracia por la concentración de poder de Vucic.

"En este momento, Serbia está más cerca de un modelo de un partido hegemónico, dominante", sin un contrapeso en forma de una oposición seria con una oferta electoral distinta.

La débil oposición está muy fragmentada: el segundo partido del Parlamento, el socialista, gobierna junto a Vucic. Juntos suman 161 de los 250 escaños. El tercero es un partido ultranacionalista y el resto son formaciones muy minoritarias.

Vucic ha reaccionado a las protestas con un doble discurso, afirmando por un lado son "una fiesta de la democracia", y al mismo tiempo acusando a sus opositores políticos de haberlas orquestado, de no aceptar el resultado de las elecciones y de que querer "solucionar en la calle todo lo que no les gusta".

Además, niega rotundamente las acusaciones de fraude electoral.

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