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El sur del Yemen, entre el federalismo y la secesión

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El sur del Yemen, entre el federalismo y la secesión

El sur del Yemen, entre el federalismo y la secesión

El sur del Yemen divide a los participantes en el diálogo nacional sobre el futuro de este país, que se debaten entre un sistema federal y descentralizado y las corrientes secesionistas que reclaman la autodeterminación.

Esta semana han comenzado a desplegarse sobre el terreno grupos de trabajo en todo el país para evaluar la opinión de la población sobre los temas que aborda el diálogo nacional, que comenzó el pasado mes de marzo y debería dar como fruto una nueva constitución.

Los partidos unionistas -como la Conferencia Popular General, del expresidente Ali Abdalá Saleh, o Al Islah, brazo político de los Hermanos Musulmanes- aceptarían como máximo el establecimiento de un sistema descentralizado dentro de la integridad territorial del Yemen.

Mientras tanto, las corrientes sureñas que participan en el diálogo, que ha sido boicoteado por la mitad de los movimientos secesionistas, piden que se le ofrezca al pueblo del sur el derecho a la autodeterminación mediante un referendo.

Un dirigente del partido Al Islah, Mohamed al Qahtan, que representa a su formación dentro del diálogo nacional, dijo a Efe que su grupo defiende "una solución justa aceptada por los ciudadanos del sur y que respete la integridad territorial".

Reveló que en dicho diálogo existe un consenso para establecer un sistema descentralizado en el Yemen, que será, a su juicio, "el eje principal para solucionar la causa sureña".

"Los ciudadanos del sur fueron dañados por las políticas del régimen anterior después de la guerra de 1994 (en la que las fuerzas gubernamentales se enfrentaron a rebeldes sureños). Su indemnización es necesaria a través de una justicia transicional", añadió.

Además, el responsable se mostró optimista de que el diálogo culminará el próximo septiembre, tal como lo estipula la iniciativa de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

Esa iniciativa es el plan auspiciado por el CCG por el que el anterior presidente yemení, Ali Abdalá Saleh, transfirió en febrero de 2012 el poder a su entonces vicepresidente, Abdo Rabu Mansur el Hadi, y se abrió un proceso de cambio democrático.

El diálogo nacional en Yemen, que arrancó el pasado 18 de marzo, forma parte del plan y está supervisado por la ONU a través de su enviado especial, Yamal Benomar.

Ahmed al Kohlani, uno de los representantes del partido Conferencia Popular General en el diálogo, explicó a Efe que hay un compromiso de todos los participantes para que haya una solución justa a la causa del sur.

Apuntó que su formación aboga por "un sistema que conceda poderes amplios a las regiones, sea cual sea el nombre de ese sistema: descentralización o federalismo".

El socialista Yemen del Sur y Yemen del Norte se unificaron en 1990, pero cuatro años después estalló una guerra entre las fuerzas del Gobierno central del nuevo Estado, controlado por el antiguo norte, y grupos armados del sur que buscaban la secesión.

Los separatistas, que lanzaron en 2007 una ola de protestas en favor de la secesión, abogan por la independencia y acusan al Gobierno de discriminar a sus ciudadanos.

El coordinador del secesionista Bloque de los Sureños Independientes, Shakib Hubaishi, aseguró a Efe que su grupo, al igual que todos los movimientos independentistas, no aceptará menos que la celebración de un referendo bajo supervisión internacional, para que el sur ejerza su derecho a la autodeterminación.

Un total de 565 representantes de partidos políticos, movimientos regionales independentistas, sociedad civil y organizaciones juveniles y femeninas participan en el diálogo.

"El futuro de la causa lo definirá la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué quieren los sureños? Y la respuesta a esta pregunta será posible, solamente, a través de un referéndum", apuntó a Efe un destacado diplomático yemení, que pidió el anonimato.

El rebrote secesionista estalló, a su juicio, a causa de los desequilibrios sociales generados por la unificación de dos Estados que gozaban de sistemas políticos y sociales diferentes: un régimen socialista en el sur y otro tradicional y tribal en el norte.

Esa integración, según este diplomático originario del sur, llevó al despido "masivo e indiscriminado" de más de la mitad de los funcionarios del sur, que suponían en 1990 alrededor de 400.000 personas sobre una población de 1,5 millones de habitantes.

Asimismo, explicó que otro de los motivos de ese malestar es que el nuevo poder central del Yemen unificado distribuyó los bienes que pertenecían al Estado socialista sureño, como tierras y empresas, entre los notables tribales y los responsables militares del norte.

Mohamed Siali

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