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Sobre este blog

No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

De Retrones y Mujeres

Locals only by Quinn Dombrowski@Flickr

Anita Botwin

Sevilla —

Soy mujer y tengo una enfermedad discapacitante. Mujer y discapacidad: doble discriminación. Cuando me diagnosticaron Esclerosis Múltiple -que no es la de Stephen Hawking- empecé a hacerme preguntas: ¿me quedaría el resto de mi vida en casa de mis padres para que cuidaran de mí? Como eso para mí no era una opción pensé en convertirme una gran nadadora como Teresa Perales, pero por mucho ahínco que le pusiera por mi parte, ya llegaba tarde. No me ahogo, pero no me veo capaz de las 22 medallas paralímpicas que lleva hasta ahora. Pensé en ser una humorista reconocida como lo es Maysoon Zayid, que asegura tener “99 problemas y la parálisis cerebral sólo es uno de ellos”. Pero ni soy buena cómica -no paso de los chistes de Lepe- ni hago aspavientos que visibilicen mi enfermedad... ¿Y si soy una escritora? Ser escritora no te da de comer a no ser que seas Ana Rosa Quintana y te escriba libros “un negro”. LLegados a este punto ¿qué hacer ahora que la explotación a la que nos vemos sometidos podría agravar mi enfermedad?

Todavía sigo haciéndome esas preguntas, y sigo sin demasiadas respuestas y oportunidades, pero lo que tuve claro desde el principio en algo: siempre es necesario empoderarse y coger las riendas, aunque no sea tarea fácil para ninguna de nosotras. Para empezar creo que es importante romper con la autopercepción negativa que tenemos de nosotras mismas e ignorar los mensajes negativos y estereotipados que vienen de la sociedad. Vamos en silla, usamos bastón, estamos fatigadas, nos faltan brazos. Sí, ¿y?

Los  prejuicios sobre las retronas “menor rendimiento, menor productividad, menor...” y todas esas palabras que vomitan los grandes empresarios acorbatados en los foros de economía mundial, donde mira tú que casualidad, casi siempre son hombres, no nos lo ponen fácil… En esta sociedad, si no produces en grandes cantidades eres un cero a la izquierda. Un cero a la izquierda en silla de ruedas, más concretamente. En el I Congreso sobre Mujer y Discapacidad de nuestro país se alertó de la doble exclusión: padecemos las desventajas propias de lo que es tener una “discapacidad” y de “lo que es ser mujer”.

Imagino que no en todos los países es igual. En este videoclip  con música de U2 para el día mundial de la Esclerosis Múltiple vemos a una inmaculada mujer sonriente que trabaja en una empresa, después de haberse ido de compras al más puro estilo “Sexo en Nueva York”. Y digo yo que debe ser una empresa danesa o por ahí de los nortes donde todavía quedan derechos laborales y esas cosas. Pero la realidad en nuestro país es otra.

Yo, que soy muy de cocinar datos, os diré que este es un país donde la brecha salarial entre hombres y mujeres en España es del 24% y se incrementa en el caso de las mujeres retronas. Es más, cerca del 70 % de las mujeres con discapacidad carece de un trabajo remunerado en nuestro país y la tasa de pobreza extrema en las mujeres con discapacidad  triplica la del resto de la población. Además, la esterilización forzosa como el aborto coercitivo siguen practicándose, sobre todo, en el caso de las mujeres y niñas con discapacidad intelectual o psicosocial sin contar con su consentimiento.

¿Sigo?

Creo que ha sido suficiente por hoy. Las mujeres no necesitamos limosnas, necesitamos derechos, al igual que los retrones. Y muchas lo han entendido y han intentado plantar cara.

Encuentro ejemplos de activistas por los derechos de las personas con diversidad funcional como el de Irina Layevska. Desde su silla de ruedas, la mexicana empuñó el fusil en Nicaragua y llevó petróleo  a Cuba. Pensó en suicidarse cuando la esclerosis múltiple que padece amenazó con dejarla ciega, pero decidió batallear en otra dirección: el género masculino que le asignaron al nacer y que sobrellevaba disfrazándose de su idolatrado Ernesto Guevara. Pikara Magazine le dedica un artículo de lo más interesante.  Irina escribe en una carta: “Se suele temer a lo que no se entiende y por tanto se hace a un lado, pretendiendo que no existe para intentar —inútilmente— vivir sin sobresalto”. El documental ‘Morir de pie’ cuenta la historia de su vida. 

Encarna Conde es otro ejemplo de superación y lucha. Con sólo cinco años se le diagnosticó ataxia, una rara enfermedad nerviosa que hace perder progresivamente la coordinación de los miembros del cuerpo y del habla.  Ha dedicado  toda una vida a luchar por los derechos del colectivo retrón-mujer y por la eliminación de las barreras arquitectónicas. Se hizo famosa por protagonizar una película X reivindicativa porque quién iba a pensar que los cascaos pudiéramos disfrutar de nuestra sexualidad. Ella misma dice: “El sexo debe ser igual para todos, porque todas las personas tenemos sexo”.

Sin embargo, me ha sido difícil encontrar muchos más ejemplos de mujeres activistas por los derechos retroniles. Para muchas de nosotras no es fácil porque cada día ya es una batalla. Citando a nuestro retrón de cabecera, Pablo Echenique, “La opresión a la que estamos sometidos nos condena a ser, casi siempre, sujetos de caridad, público, oyentes, televidentes”. Y yo creo que va siendo el momento de que subamos al escenario y seamos nosotras las protagonistas. 

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No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

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