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La Semana Santa ortodoxa inicia su tramo final con fascinantes rituales

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La Semana Santa ortodoxa inicia su tramo final con fascinantes rituales

La Semana Santa ortodoxa inicia su tramo final con fascinantes rituales

Todo a punto para los días clave de una de las festividades nacionales, culturales y religiosas más importantes de Grecia. Con la llegada del Viernes Santo, el país heleno celebra la última etapa de su Semana Santa, que concluirá el próximo domingo cargada de interesantes y llamativas tradiciones.

La Semana Santa griega, si bien en esencia conmemora lo mismo que el rito católico, difiere sustancialmente en la práctica de liturgias y ceremonias.

Mientras que la segunda orienta su doctrina hacia la Pasión y Muerte de Cristo, la ortodoxa pone más énfasis en su Resurrección.

Igualmente, las procesiones diarias se limitan al Viernes Santo, cuando los epitafios, iconos con la imagen de Jesucristo, salen de las iglesias acompañados de velas oscuras en señal de luto por su crucifixión.

Debido a esta diferencia en los fundamentos de una y otra el acontecimiento más notable tiene lugar el día antes de la Resurrección.

Es durante el Sábado Santo cuando la llamada Sagrada Luz (Agion Fos en griego), que simboliza el resurgir de Jesús, llega a Grecia desde Jerusalén y es recibida con grandes honores por algunas de las autoridades más destacadas del país.

Según marca la tradición, el archimandrita greco ortodoxo es escoltado junto a la Luz desde Jerusalén a Tel Aviv, donde un avión fletado por el gobierno griego lo conduce a Atenas.

Dicho traslado se produce después de que el Patriarca encienda la Luz (una vela cuya llama -según la tradición- se origina de forma espontánea) en el interior de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén. De acuerdo a la doctrina ortodoxa, la Luz, que se enciende en el lugar donde teóricamente se encuentra la tumba de Cristo, no quema en los primeros 33 minutos desde su combustión.

Al llegar a suelo griego es llevada a la también llamada Iglesia del Santo Sepulcro, en el barrio de Plaka, en Atenas. Allí cientos de asistentes esperan con su propia vela tal y como marca la tradición.

Una vez dentro con la Sagrada Luz se enciende a su vez un cirio, y es entonces cuando los devotos y popes prenden su vela para llevarla a sus casas o respectivas parroquias. Poco a poco la llama se va extendiendo por todo el país.

Con la Luz finalmente en los hogares, las familias hacen la señal de la cruz en los dinteles de las puertas y, tras darse la paz entre ellos, se sientan a la mesa para celebrar el renacimiento de Cristo.

Para ello preparan una sopa especial de cordero, la mayiritsa, y otros platos icónicos de la gastronomía griega que sirven de prolegómeno de cara al gran día, el Domingo.

Los huevos de pascua pintados de rojo son también un ornamento habitual, al igual que otra costumbre según la cual los comensales deben coger un huevo cada uno y chocarlo con los de los demás hasta que solo uno de ellos tenga el huevo sus dos extremos intactos.

Pasada la medianoche, una exhibición de cohetes ilumina el cielo a lo largo y ancho del territorio heleno para celebrar la llegada de la Pascua.

Pero no es hasta el día siguiente cuando los penitentes dan finalmente por terminada la Semana Santa con un banquete de cordero asado que emparrillan en sus propias casas en compañía de sus allegados.

Sin embargo, las variaciones respecto a la ceremonia católica no terminan ahí. porque son varias las localidades griegas que celebran la fiesta a su modo el último día.

Es el caso, por ejemplo, de la tradicional batalla de cohetes en la isla de Quíos, donde las parroquias de dos iglesias se lanzan fuegos artificiales entre sí con el extravagante y no menos peligroso objetivo de impactar en el campanario de la contraria.

O de Corfú, en donde las orquestas filarmónicas amenizan la celebración de la Resurrección de Jesús al tiempo que se lanzan desde los balcones y por doquier cántaros con agua. Definitivamente, todo un espectáculo digno de ver se tenga la fe que se tenga.

Miguel Ruiz de Arcaute

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