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“Los medios siguen tratando a las mujeres como objetos que se miran”

Juana Gallego es profesora de Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona y lleva más de 30 años investigando sobre el tratamiento de las mujeres en los medios

Su último libro, De reinas a ciudadanas: los medios de comunicación, ¿motor o rémora?, critica los estereotipos que las revistas femeninas reproducen hasta la saciedad en sus páginas

“Todavía no hay políticas propias en los medios que orienten sobre el tratamiento de los temas de género”

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Juana Gallego, profesora titular de Periodismo en la Universidad de Barcelona.

Juana Gallego, profesora titular de Periodismo en la Universidad de Barcelona.

El modelo de mujer esbelta que tiene el paso del tiempo en sus manos es el estereotipo con el que, según Juana Gallego, profesora de Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en Género y Comunicación, la publicidad nos bombardea día y noche. También lo hacen los medios de comunicación que, "aunque han avanzado", siguen manteniendo una perspectiva de género que coloca al hombre como centro.

Gallego lleva 30 años investigando sobre el tratamiento de las mujeres en los medios. Se abrió camino en 1990 con un libro que hoy se ha convertido en una referencia: Mujeres de papel. De Hola a Vogue: la prensa femenina actual . Le siguió, entre otras publicaciones, un estudio minucioso sobre la representación de la prostitución en el cine ( Putas de película:100 de años de prostitución en el cine) y otro sobre la violencia machista ( Si te vas, te mato).

Su último ensayo, De reinas a ciudadanas: los medios de comunicación, ¿motor o rémora? (editorial Aresta), habla de los estereotipos repetidos como un mantra por las revistas femeninas, de la ausencia de perspectiva de género en los medios y de la violencia que, refrendada por el modelo patriarcal, ejerce la publicidad sobre el cuerpo de las mujeres.

Como plantea en el título de su libro, ¿los medios son el motor del cambio hacia la igualdad o una rémora?

Hoy van por detrás, a remolque de los avances sociales, al contrario de lo que sucedía en los años 70 y 80, cuando los medios empezaban a dar protagonismo a las mujeres y al discurso feminista. Ahora la imagen que traslada a las páginas de los diarios no se corresponde con la realidad. Siguen reproduciendo un modelo estereotipado y anacrónico.

¿Tienen perspectiva de género?

Sí la tienen, pero es masculina. O, mejor dicho, androcéntrica. Es decir, coloca al hombre en el centro de la redacción y todo lo que se sale de su pensamiento es marciano y ajeno. El género femenino sigue siendo el otro.

Algunos medios están haciendo esfuerzos para avanzar hacia un tratamiento más respetuoso con la mujer; una voluntad que, sin embargo, echan por tierra en sus propios suplementos de fin de semana. ¿Se da una incongruencia?

Efectivamente. Las páginas más "ligeras" de esos medios siguen siendo transmisoras de imágenes encorsetadas de las mujeres. En realidad, lo que yo pienso es que existe una confusión dentro de las propias redacciones sobre cómo tratar las cuestiones de género porque no hay una política propia que oriente sobre la manera de hacerlo. Estamos de "reinas", "viudas negras" y "damas de hierro" hasta la coronilla.

¿De qué manera se evidencia este tratamiento aún desigual de hombres y mujeres?

Para entenderlo de forma sencilla, él siempre hace y ella sólo es. Esto se traduce en que en las informaciones cuyo protagonista es un hombre siempre se le presenta con nombres y apellidos y como un sujeto que hace cosas. A las mujeres, sin embargo, se las concibe como objetos a los que se mira y, en la mayoría de las ocasiones, sólo se utiliza su nombre de pila para referirse a ellas. El trato es familiar y casero, incluso jocoso y frívolo algunas veces. En el caso de que se hable de una mujer poderosa, siempre se cuestiona cómo ha llegado al éxito profesional. 

"Estamos de reinas y viudas negras hasta la coronilla"

En los 30 años que lleva estudiando el papel de las mujeres en los medios, la situación ha cambiado. ¿Cómo lo ha hecho, por ejemplo, en la información sobre violencia de género?

En el tratamiento de la violencia machista todavía hay mucho por hacer. Aunque ya no se habla de crímenes pasionales, aún sigue presentándose como un problema privado e individual, lo que impide que se reflexione sobre lo que realmente es: una cuestión estructural. Es urgente que las informaciones, en lugar de incluir el testimonio de un vecino o vecina diciendo que el asesino "era un chico muy normal", cuenten con declaraciones de expertos y expertas y un contexto más amplio.

Otro problema relacionado con esto es que, al no tratarse como una lacra social, muchos hombres no asumen su responsabilidad en la erradicación del terror contra las mujeres. No es que no se involucren, sino que incluso se sienten ofendidos y apelan al "es que no todos somos así".

En la publicidad, ¿cuál es la imagen que se proyecta de la mujer?

La eterna juventud, pensar que el paso del tiempo está en nuestras manos o el deseo de estar más delgada son aspiraciones que la publicidad inyecta automáticamente en la escala de valores de las mujeres. Como consecuencia, nosotras cada vez nos exigimos más a nosotras mismas y a nuestros cuerpos. Por eso, sostengo que los anuncios ejercen violencia simbólica contra las mujeres. Es tan sutil e invisible que la sociedad no es consciente de ella, pero sus efectos son reales y directos.

¿Las revistas para mujeres también reproducen estos estereotipos?

Sin duda. Las revistas femeninas se han transformado en un auténtico catálogo publicitario. Durante las décadas de los 70 y 80, sus páginas daban pautas de comportamiento para ser una 'buena esposa'. Afortunadamente, estos consejos hoy han desaparecido, pero la presión sobre la mujer se ha trasladado al peligroso terreno de lo simbólico.

Las campañas publicitarias que apuestan por el modelo de "mujer real" se presentan como alternativa a la imagen de perfección, ¿son beneficiosas o perversas?

A pesar de los intentos por romper con el estereotipo, estas apuestas son absolutamente irreales. Es insultante vender la talla 44 como una talla grande, como lo que no es normal, cuando un gran porcentaje de mujeres la usan. Todas las campañas al final responden a lo mismo: hacer consumir y procurar que las potenciales clientes se identifiquen con el modelo de mujer que se vende.

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