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INTERNACIONAL

Cientos de desertores de ISIS se concentran en la frontera siria con Turquía con la esperanza de escapar

Los grupos terroristas han ido perdiendo terreno en las últimas semanas, y varias decenas de excombatientes ya han cruzado hacia el sur de Turquía.

Desde finales de 2015 ha habido un flujo constante de exmiembros del grupo que regresaban a Idlib en busca de refugio

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El Ejército bombardea posiciones del Estado Islámico en el noreste del Líbano

Los grupos terroristas cada vez pierde más terreno EFE

Cientos de desertores pertenecientes al Estado Islámico se concentran en la provincia siria de Idlib, donde muchos de los excombatientes planean cruzar hacia la cercana frontera turca para encontrar su camino de regreso a Oriente Medio, el Norte de África y Europa.

Según pudo confirmar el the Guardian, en las últimas semanas varias decenas de excombatientes ya han cruzado la fuertemente custodiada frontera hacia pueblos y ciudades del sur de Turquía. A principios de septiembre, cuatro extremistas de Arabia Saudí llegaron a una comunidad turca de esta zona después de pagar a los contrabandistas casi 1.700 euros cada uno por un peligroso viaje en el que deben esquivar a guardias fronterizos que este año han asesinado a muchos que intentaban cruzar.

El éxodo de combatientes desde áreas controladas por ISIS hacia otras partes de Siria y de Irak lleva ocurriendo desde el año pasado, a medida que el grupo terrorista  perdía gran parte de su antiguo feudo por el ataque conjunto sobre los dos países lanzado por las tropas iraquíes, las fuerzas aliadas al régimen sirio y la coalición aérea encabezada por EEUU.

La novedad es que ahora una gran cantidad de militantes y familiares está intentando abandonar por completo los países devastados por la guerra. Esto plantea un desafío importante para los servicios de inteligencia que, en su mayoría, consideran a estos individuos como hostiles, una amenaza inmanejable y con muy pocas posibilidades de reintegración.

Un saudí que huyó de Siria a finales de agosto explica a the Guardian que hasta unos 300 exmiembros de ISIS, muchos de ellos saudíes, han establecido una comunidad al norte de la ciudad de Idlib, dominada actualmente por la filial de Al-Qaeda, Jabhat al-Nusra.

“La mayoría se quiere ir, como yo”, dice el hombre, de 26 años, que se hace llamar Abu Saad. “Muchos de ellos se dieron cuenta de que el grupo al que pertenecían los había engañado. Otros no confían en al-Nusra. No hay demasiadas personas que crean que la gente con la que estaban va por el buen camino”.

Según Saad, los saudíes, al igual que algunos europeos, marroquíes y egipcios, se han agrupado para formar una barrera contra al-Nusra, un grupo que ha ejercido su influencia en Idlib y las zonas lindantes a fuerza de aplastar a sus rivales. ISIS no ha tenido una presencia organizada en la zona desde principios de 2014, cuando un ataque rebelde obligó a sus miembros a huir hacia el Este en dirección a la ciudad de al-Bab (en la región de Alepo), y cada vez más lejos hacia Minbij, Tabqa, Raqqa y Deir ez-Zor.

Pero desde finales de 2015 ha habido un flujo constante de exmiembros del grupo que regresaban a Idlib en busca de refugio. “En ese momento fue cuando me fui de allí”, cuenta Abu Saad, días después de haber llegado al sur de Turquía. “Después, se me sumó otra gente y ahora cada vez son más los que vienen”.

La magnitud real del éxodo extremista desde las zonas de Irak y Siria controladas por ISIS sigue estando poco clara. Casi todo el territorio que el grupo conquistó ha sido recuperado, dejando divididos y desmoralizados a los combatientes que quedaron, y casi ningún lugar donde esconderse. Uno de los dos centros de poder de ISIS, la ciudad iraquí de Mosul, cayó en febrero. El otro, la ciudad siria de Raqqa, está cada vez más en poder de las fuerzas kurdas. Apoyadas por EEUU, ya han perseguido al grupo hasta expulsarlo de casi toda la región del nordeste de Siria.

Se cree que decenas de miles de combatientes de ISIS perdieron la vida en la batalla por conservar el territorio que los terroristas tienen capturado desde mitad del 2014. Se estima que miles de extremistas locales han regresado a sus comunidades de origen.

Pero el número de combatientes extranjeros que sobrevivieron y buscan regresar a sus hogares es más difícil de calcular. Tampoco es fácil evaluar las verdaderas intenciones de los que se alinearon con el grupo terrorista más temido del mundo cuando estaba en auge y ahora, a medida que disminuyen su alcance y su influencia, dicen que ya no forman parte de ese grupo.

Autoridades francesas reconocen en privado que preferirían que los ciudadanos que dejaron el país para unirse a ISIS murieran en batalla, y no hay planes para ayudar a los que ahora quieren regresar. Otros estados europeos han expresado ideas similares.

En otro momento, los desertores de ISIS eran de gran interés para los servicios de inteligencia que habían hecho muy poco por infiltrarse en el grupo mientras consolidaba su posición en Irak y Siria y tramaba ataques sobre Europa y otros lugares.

A medida que el grupo se debilitaba, el MI6, la CIA y la Dirección General de la Seguridad Exterior (DGSE) de Francia han mejorado su acceso a informantes en las zonas controladas por los kurdos del nordeste de Siria y el norte de Irak. Ese mayor acceso a informantes con datos en tiempo real ha dejado a los miembros de ISIS que huyen con menos poder de negociación sobre gobiernos que, en otras circunstancias, habrían accedido a conversar con ellos.

“Es mucho mejor que era antes. Ahora tenemos un panorama más completo”, un oficial de inteligencia.

Abu Saad asegura que no regresaría a Arabia Saudí si eso significa ir a la cárcel. “¿Un programa de rehabilitación? Tal vez”, concede. “Fui a Siria en algún momento del 2012. Fui para apoyar al pueblo sirio y, en los primeros meses, estuve con los Muhajirin (un grupo auxiliar de combatientes extranjeros). No fue hasta principios del año siguiente que mi unidad le juró lealtad a ISIS, pero era una flor envenenada. No fue lo que esperaba”, relata.

Según Abu Saad, a medida que la suerte del grupo empeoraba, crecía la tensión dentro de sus filas. Cuenta que cada vez había más ejecuciones sumarias bajo pretextos poco sólidos, como insubordinaciones o contactos con grupos opositores sirios. Con el tiempo, las discusiones sobre ideología y teología también se intensificaron.

“Ellos no entienden el Tawhid (la unicidad de Dios). Siempre están discutiendo sobre eso. No encontré justicia con ellos, sino crueldad. Pero ¿cómo podía oponerme? Tenían una alta jerarquía. Todos tienen un jefe al que temen. Y sobre todos ellos estaba el líder de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi. Él era la máxima autoridad y nadie podía discutir con él la ley religiosa. Si intentabas desafiarlos por cualquier cosa, corrías peligro”, dice  Abu Saad.

“Mi trabajo era inspeccionar prisiones. Si había abusos, los reportaba. Una vez, en Minbij, tuvieron a una señora en una celda durante 13 días sin inodoro ni agua para limpiarse. Estaba presa por haber amenazado con matar al hombre que había matado a su esposo. Y había cosas peores que esa. Gente en prisión que no había hecho nada malo en absoluto”.

“En Idlib hay aproximadamente 300 personas tratando de escapar. Muchos son saudíes. Algunos quieren ver a sus familiares una última vez y dicen que aceptarán lo que les toque. No conozco a ninguno que crea en el Estado Islámico. Todos huyeron por algún motivo”.

Traducido por Francisco de Zarate

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