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Crónica electoral adelantada

Para tranquilidad del statu quo, la querencia del votante español por los ladrones se mantendrá anormalmente alta

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Esta crónica se adscribe al innovador género periodístico desarrollado por Hermann Tertsch en 2012, cuando desgranó el estrepitoso fracaso de una huelga general un día antes de que se produjera.

La fiesta de la democracia del próximo domingo 24 se saldará con mucha gente satisfecha y con UPyD. En un plató de TVE, varios contertulios en edad de sufrir problemas prostáticos y gesto facial coherente a su dolencia manosearán los datos hasta demostrar, con magia estadística, que Rajoy es un prohombre de los que abren capítulos en los libros de Historia.

Alguno de ellos se indignará por la manera en que tantos españoles tontos han caído en la trampa de los nuevos partidos, y habrá también quien recuerde que ETA y Chávez han ganado un poco las elecciones.

En el cómputo global hay que destacar el definitivo fin del bipartidismo gracias a la formación de extremo centro neoliberal Ciudadanos y también a Podemos. Los resultados de este último partido, sin embargo, se resentirán por el hecho de concurrir con medio centenar de marcas. Millones de españoles se acercarán a los colegios electorales dispuestos a votar a cualquier partido con el logo violeta, plan que se verá frustrado al descubrir que las papeletas se imprimen en blanco y negro.

Para tranquilidad del statu quo, la querencia del votante español por los ladrones se mantendrá anormalmente alta. Si bien la banda presuntamente criminal a la que, por simplificar, llamaremos PP no obtiene mayoría absoluta en prácticamente ninguna comunidad, seguirá siendo el partido más votado en el conjunto del Estado.

Pedro Sánchez celebrará sus resultados en el fondo de una botella, como hizo Rubalcaba antes que él y Zapatero un poco antes. ¡Dejadme en paz!, gritará cuando sus asesores le animen a comparecer ante la prensa, y estallará su vaso de whiskey contra una pared, cual Norma Desmond socialdemócrata.

La madrileños votarán a tontas y a locas, complicando en extremo la formación de gobierno. El hermano chico de Gabilondo demostrará que la educación abre todas las puertas salvo la del Gobierno. Esperanza Aguirre, ganadora por los pelos, festejará su victoria atropellando policías con su característico gracejo de condesa y grande de España. En total, dieciocho agentes resultarán heridos de diversa consideración.

En la Ciudad Condal vencerá algo llamado Barcelona en Comú, el partido de Ada Colau que reúne a perroflautas de todo pelaje. Esta noticia será recibida con estertores por parte de los líderes de CiU, que se apresurarán a comprar por internet una destructora de documentos de tamaño industrial.

En Euskadi, la práctica totalidad de las papeletas se repartirá entre el PNV y Bildu, dejando claro no solo que esa gente no es española sino que tampoco hace falta. En Castilla-La Mancha vencerá, con mayoría simple, Maria Dolores de Cospedal. La popular no tardará en abrir negociaciones con varios miembros de Ciudadanos, a quienes ingresará la cantidad acordada desde una cuenta de su marido.

Como resultado de este fragmentado mapa político, los partidos se verán abocados a buscar alianzas y puntos de encuentro. No será fácil, dado que se han pasado los últimos treinta años insultándose. Afortunadamente para la democracia, la mayor parte de los políticos carecen de memoria.

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