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Gómez, como Aguirre

Los políticos, en tanto que políticos, no tienen presunción de inocencia. Ese es un concepto del ámbito penal que quiere evitar que inocentes paguen por simples indicios

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Más vale tarde que nunca es una verdad que no por refranera es menos incontestable y que le es de aplicación al lío este de "la PSOE". Como dije con el de IU, los líos de poder de los partidos me agotan. Creo que agotan al ciudadano en general. Puedo no saber si los de Tomás Gómez son los del Frente de Liberación de Judea y los de Sánchez los del Frente Judaico Popular o la inversa. Preclara vida de Brian. Ni siquiera me importa. Sólo sé que, de pronto, de tener delante la perspectiva de un candidato a la presidencia de la CAM, desaparecido como opositor, sin ningún arraigo popular, sin tirón electoral y cercado por decisiones en sus anteriores cargos más que cuestionables, pasamos a un posible candidato sensato, reflexivo, honesto, dialogante y con la cabeza llena de ideas y la mochila vacía de escándalos y sospechas. A más de uno un suspiro de alivio le ha recorrido el pinzamiento con el que pensaba que se iba a ver obligado a acudir a las urnas.

Es verdad que hay voces socialistas que afirman que es una defenestración preventiva y que Tomás Gómez ni está imputado ni se sabe si lo estará. Argumento cierto pero errado e inspirado en los principios de la vieja política. Esa que ya harta. He defendido una y otra vez que la línea roja de la honestidad y de la ética de los políticos no puede ser la de si han delinquido o no. Hay que repetir que existe la responsabilidad política y que ésta debe ser aplicada si queremos de verdad atisbar algo de limpieza en el barrizal. Como ciudadanos y como votantes queremos algo más que políticos que no sean delincuentes. Esperanza Aguirre es responsable políticamente de la situación de corrupción que se vivió en la Comunidad de Madrid, lo es de que su mano derecha, Francisco Granados, esté en prisión preventiva y Tomás Gómez es responsable político de la bancarrota de Parla y de la situación procesal en la que se encuentran y se encontrarán las personas que le rodeaban.

Los políticos, en tanto que políticos, no tienen presunción de inocencia. Ese es un concepto del ámbito penal que quiere evitar que inocentes paguen por simples indicios. En política existe más bien una especie de presunción de culpabilidad en el sentido de que si algo no se hizo bien, si sus consecuencias fueron desastrosas, y eso sucedió mientras algunas personas tomaban decisiones, se produce una quiebra en la confianza hacia ese político y, por tanto, debe irse. Esa es la situación real de Esperanza Aguirre y era también la de Tomás Gómez.

El problema lleva tiempo sobre la mesa. Ha sido la característica que Gómez tiene en común con Aguirre, el control del aparato de su partido en Madrid, la que le ha traído hasta aquí, no otra cosa. Aparato. Eso que produce políticos profesionales del cargo y mamandurrias. Eso de lo que los votantes están hasta el gorro. Quizá esta decisión se toma tarde y se hace por las bravas pero, desde luego, no se hace para mal. Peor estimulante para el voto que Tomás Gómez no es posible encontrar y, por contra, Gabilondo es una opción bastante revulsiva.

Los madrileños nos merecemos tener opciones reales, limpias e ilusionantes que suscribir. Ahora ya sólo nos falta conocer la de todos los demás.

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