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Vuelve el Frente de Liberación de Judea

Intentar adivinar qué discuten en el PSOE se antoja una tarea tan absurda como tratar de averiguar qué debatían las facciones del Frente de Liberación de Judea

En Podemos, Vistalegre II iba a ser como una excursión de fin de curso, pero puede rematar en una secuela aún más truculenta y absurda de Destino Final

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Susana Díaz y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo EFE

Todos recordamos a los Monty Python enrolados en el Frente de Liberación de Judea y luego en sus múltiples escisiones, contraescisiones, facciones y corrientes históricas mientras se enfrascaban en eternos debates dialécticos y el pobre Brian vivía su vida, hasta acabar teniendo que mirar su lado brillante colgado de una cruz. Nadie ha parodiado de manera más inteligente y despiadada la dinámica que tantas veces se registra en las organizaciones políticas, especialmente entre aquellas a la izquierda.

El PSOE ya hace tiempo que parece instalado en una parodia de sí mismo, atrapado en un bucle de gags humorísticos y sketches hilarantes que van camino de superar a los mismísimos Python, empezando por aquel Comité Federal de la dimisión de Pedro Sánchez que parecía organizado por la Inquisición española y acabando con el lío de la lotería. Podemos empieza a deslizarse peligrosamente por una pendiente muy similar entre besos y abrazos de líderes y portavoces que se proclaman amigos para siempre pero se comportan como cuñados en la cena de Nochebuena. Treinta y siete años después de la Vida de Brian, el Frente de Liberación de Judea sigue más vivo que nunca entre nosotros.

Intentar adivinar qué discuten exactamente en el PSOE se antoja, a estas alturas, una tarea tan absurda como tratar de averiguar qué debatían las facciones del Frente de Liberación de Judea. Los fieles a Pedro Sánchez se reúnen en secreto para decidir si siguen siendo fieles o solo críticos, mientras los followers de Susana Díaz ya no saben cómo pedirle que dé el paso. Unos y otros se urgen a ser leales y a asumir sus responsabilidades, unos y otros reclaman claridad y tomar decisiones, pero nadie dice claramente qué quiere hacer; todos parecen esperar a ver si va primero otro para que se lo coman los demás. A este paso, cuando hayan terminado de debatir y pongan de acuerdo todas las familias ya dará igual porque no le importará a casi nadie.

En Podemos todo se inició como empiezan siempre las peleas en las pandillas, con una broma, y ahora ya nadie sabe cómo, dónde o cuándo puede acabar. Vistalegre II iba a ser como una excursión de fin de curso, pero puede rematar en una secuela aún más truculenta y absurda de Destino Final. Unos y otros se reclaman también lealtad y generosidad mientras abren fuego a discreción con ese cinismo que suele acabar haciendo insoportable cualquier debate y destruyendo la credibilidad de todos.

Se equivocaron los llamados pablistas tratando de disciplinar a Iñigo Errejón en la plaza pública de la redes sociales. Se equivocarían los llamados errejonistas convirtiendo la cuestión de las formas y del 'si me lo dijo o no me dijo' en el asunto central. Podemos afronta en las próximas semanas un dilema ideológico, estratégico y organizativo trascendental para su futuro que deberían gestionar y aprovechar como una oportunidad, no castigar o purgar como un problema. Eso sí sería auténtica nueva política.

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