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De espaldas al bien común

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Una vieja fábula de Tomás de Iriarte (1750-1791) nos refiere la historia de dos conejos que sucumbieron distraídos del peligro por no ponerse de acuerdo en si los perros que les perseguían eran “galgos o podencos”. Llama la atención la similitud –probablemente acrecentada– con lo que sucede en nuestros días. Mientras el mundo se derrumba, nosotros –en lugar de enamorarnos como en Casablanca– parecemos seguir en una discusión que se reduce al terreno patrio y a dos únicos vectores: el PP y el PSOE.

Debates, medios, políticos, ciudadanos con poca pasión por el raciocinio, reducen sus problemas a dos culpables o dos salvadores, según sus preferencias. Tienen ya una etiqueta, un enemigo a abatir o alguien en quién confiar. Si la solución no llega, se cambia, olvidando los estadios de los que se partía.

Cuando alguien critica al PP, en algunos –muchos- cerebros no cabe otra explicación que el autor pertenezca al PSOE. Si buscando alguna otra adscripción no se encuentra fácilmente, se zanja con otra división cómoda: derecha o izquierda. Sacos inmensos donde cabe lo más heterogéneo. La simplificación quita de en medio toda la gama cromática de los colores. Es más fácil, no hace falta usar la cabeza y queda libre para toda suerte de cómodas distracciones. Galgos o podencos –que igual da– siguen acercándose sin embargo.

Cuatro años después de la caída de Lehman Brothers la crisis es más grave que cuando empezó, según nos alerta entre otros el BBVA. ¿Por qué? ¿Tan complicado es deducir quiénes causaron la debacle económica y cómo se está afrontando? ¿Tan arduo reflexionar a qué han llevado los recortes neoliberales a pueblos como el griego o el portugués sin hacer otra cosa que acrecentar sus problemas? ¿Qué ha pasado de repente –desde agosto– con la deuda? ¿Por qué el PP que reclamaba su lugar en la Moncloa para “inspirar confianza” gobierna una España en momentos críticos? ¿La herencia? ¿Por qué la situación es peor ahora que cuando hace justo 2 años Bruselas impuso a Zapatero recortes neoliberales? ¿En toda Europa hay “herencia”?

Cada uno puede –y debe– sacar sus conclusiones. Hay algunas explicaciones sin embargo. El dinero público evadido hacia las entidades financieras con dificultades (por sus errores nada inocentes) desde el comienzo de la crisis ha pasado factura y el neoliberalismo impone –como en una plantilla sin fisuras– recortes para cubrir el agujero: no piensan en el bien común sino en el de unos pocos. Esta afirmación se fundamenta en la pruebas de las mermas practicadas –como en España– a servicios esenciales para la sociedad: sanidad, educación, cultura, ciencia y hasta justicia, que quedan bastante restringidos a quien no pueda pagarlos. Cuando hay mucho de dónde cortar, y mucho de dónde ingresar. Lo que asombra es la pasividad con la que se acepta. Es más entretenido decidir si son galgos o podencos los causantes.

Es la búsqueda del bien común lo que diferencia a las sociedades civilizadas de las que no lo están en grado suficiente. Y la española, tomada globalmente, no destaca en esa clasificación. La socialdemocracia nórdica –que inventó el Estado del Bienestar– se dio en países educados en valores durante decenios. La cultura actual disuade en cambio el pensamiento crítico y la colaboración, mientras fomenta el egoísmo. La crisis ética puede estar en la raíz de la crisis económica y la política, como causa ahora, tanto como solución inaplazable. Es lo que intenta de forma llamativa el #15M, frente a otros "movimientos" como el de los #resignados y el de los #ilusos. Una nueva sociedad generosa que piense en todos.

Porque se están infiriendo daños muy serios a la democracia. Como reprimir duramente la disidencia pacífica cuando se están dando además tan graves atropellos al cuerpo de la sociedad. O degradar la imprescindible política quitando de un plumazo a sus representantes cuando no salen las cuentas. Y lo preocupante es que mucha gente ni se inmuta.

Con las mismas auto-restricciones al gozo de buscar ideas e información, digerirlas y obrar como adultos en consecuencia, gran parte de la España oficial vive totalmente al margen de la ciudadanía a la que representa y a la que sirve, o de la que se sirve. Esos políticos alojados en el Olimpo, esos medios manipuladores que solo distinguen entre el blanco y el negro, arrogándose las venturas de la bondad nívea, acarrean una seria responsabilidad en los hechos. La sociedad camina por otro lado. Viendo llegar a los galgos o podencos sin que masivamente la fuerza de la razón les ponga coto. Lo grave es que aún haya quienes siguen discutiendo sobre la etiología del enemigo poniéndonos a todos en peligro. O simplemente mirando para otro lado. Tal como demuestra la experiencia la amenaza sigue su carrera. De hecho parece que le ha tomado gusto al galope.

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